Opinión
Ver día anteriorLunes 17 de octubre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Ruta Sonora

Corona Capital 2011: del éxtasis al apachurre

Foto
Apretujones, desmayos, incomunicación (tan necesaria para los jóvenes hoy día) y mucha buena música se vivieron el sábado pasado en el Autódromo Hermanos Rodríguez, donde se realizó el festival Corona Capital, en el que el éxtasis musical lo aportaron Portishead, The Strokes y Moby. Se trató de uno de los mejores carteles que se hayan armado en un sólo encuentro en la ciudad de México. Sobresalieron, además OMD, The Rapture, Mogwai, The Antlers, Santigold, Moby, Disco Ruido, Quiero Club, Austin TV, El Columpio Asesino y TorreblancaFoto Roberto García Ortiz
E

ntre desmayos y asfixias de decenas de personas al frente de The Strokes, incomunicación debido a la falta de señal en la telefonía celular, conexión nula de Internet, tanto para asistentes como para prensa, así como un evidente sobrecupo (la organizadora Ocesa aseguró haber vendido 85 mil entradas, pero a la vista de todos habría unas 120 mil personas o más), la segunda edición del festival Corona Capital 2011, el sábado 15 en el Autódromo Hermanos Rodríguez, vivió 12 horas de contrastes, que fueron del éxtasis musical de Portishead, la calidad del elenco, buen audio e infraestructura y buen comportamiento del público, a la pesadilla del apretujón excesivo, la imposibilidad de movilizarse de un escenario a otro a partir de las 19 horas, el abuso en el precio de las bebidas, así como una absoluta falta de iinterés por la seguridad de los asistentes a la hora de la salida.

Con todo, de las 11 horas a la medianoche, multitudes de entre 18 y 35 años se dejaron arrobar por uno de los mejores carteles que se hayan armado en un solo festival en la ciudad de México. Sobresalieron: la citada banda de Bristol, el citado combo de Nueva York, así como OMD, The Rapture, Mogwai, The Antlers, Santigold, Moby, Disco Ruido, Quiero Club, Austin TV, El Columpio Asesino y Torreblanca. La lluvia no apareció, con lo que la amenaza de que aquello se convirtiera en el Corona Lodazal se esfumó, y un sol seco de otoño tundió con todo.

Sin embargo, los espléndidos escenarios, la ampliación del espacio, las bocinas repetidoras que ofrecían buen audio aun a gran distancia, y la eficiencia en la venta de cervezas, fueron opacados por la impotencia de no poder desplazarse entre escenarios, al caer la noche; algunos presenciaron venta de boletos en taquilla por la tarde, aunque el dato oficial es que estaban agotados. Por la madurez del público, no hubo incidentes graves, pero pudo haberlos: Julian Casablancas, vocalista de The Strokes, detuvo su show poco después de iniciado para avisar que había chicos aplastados; no reinició hasta que fueron rescatados. En redes sociales, ayer muchos comentaron que pudo haber sido un “New’s Divine”. Igualmente, la distancia excesiva entre los cuatro escenarios hacía que uno se perdiera muchos actos y el boleto no valiera lo pagado. Irónicamente, en plena era tecnologizada, todos videograbando con sus celulares, nadie podía hablar por ellos ni tuitear.

Lo peor fue la salida: al no haber suficientes estacionamientos, la mayoría iba sin carro, de modo que al salir la gente era abandonada a su suerte; no había transporte público y los taxis cobraban fortunas. Entre 1 y 2 de la mañana, aún la gente caminaba a orillas de las vías rápidas. Por otro lado, el agua de medio litro a 30 pesos (la cerveza sencilla a 40), impedía que la gente estuviera hidratada a pesar del calor; ¡el agua es vital, debería regalarse!, espetó un asistente. Por todo esto, el anhelo de estar a la altura de los grandes festivales de primer mundo sigue siendo un mero espejismo.

La corona musical, para Portishead

Lo rescatable estuvo del lado de los asistentes (en ánimo menos vándalo que, por ejemplo, en Vive Latino): su entusiasmo y alegría, sus ganas de gozar la música y la convivencia pacífica, lo equilibraron todo. El buen nivel artístico también ayudó a aminorar inconvenientes.

Foto
Beth Gibbons, voz de PortisheadFoto Roberto García Ortiz

La corona musical fue otorgada por esta capital al trío integrado por Beth Gibbons, Adrian Utley y Geoff Barrow (más tres músicos invitados): las palabras se quedan cortas para describir el sonido único, intenso, de Portishead en su primera visita a México, tras 20 de existir. Entre visuales desconcertantes, llevó lejos a los miles que los presenciaron, como para dejarlos en silencio, cual si en un íntimo recinto, gracias a la sincera angustia vocal de Gibbons. Lágrimas corrieron, y la entrega del público fue tal, que aquélla se despidió con voz entrecortada, luego de bajar a saludar al público, cosa que casi nunca hace. La electrónica de ritmos pausados y entrecortados, las ambientaciones cual filme de terror, el scratcheo en vivo, los teclados análogos, el ruidismo en la guitarra, los matices que iban del estruendo a la delicadeza en un solo tema, enchinaron pieles (setlist: http://on.fb.me/nYACPE). Su visita fue histórica y la razón de ser del festival.

Los menores de 25 demostraron más devoción por el punk deslavado pero simpático de The Strokes, con todo y el guitarrista Nick Valensi sentado con la pierna rota. A 10 años de su debut, el desaliñado quinteto neoyorquino sigue sonando vital, con sus sencillas pero atinadas composiciones, y derramando pasiones e identificación entre la chamaquiza. Sin embargo, verlos como acto de cierre tras Portishead supo como cenar en el Oxxo tras comer en un restaurante gourmet.

Otros grandes momentos: los ingleses de Orchestal Maneouvres in the Dark (OMD), veteranos que con su synth-pop de los años 80 (Enola Gay, If you leave, Secret, So in love, Dreaming) provocaron gran comunión, aun entre los más morros. Tremendo bailongo con los neoyorquinos de The Rapture, a pesar de las fallas de audio. Belleza denso-ambiental con los escoceses de Mogway y The Antlers, de Brooklyn. Maravillosa, Santigold y sus ritmos afro-electrosos. Moby y su mismo show electro-soul-roquer de hace 10 años, puso de buenas a muchos.

El seudopostpunk demodé de The Editors, la alegría de Cansei de Ser Sexy, el ruido de No Age y Wavves, la melodía sincera de Wild Beasts, y el emo-core de Coheed & Cambria sólo cumplieron. El electro bonito de M83 tuvo fallas de audio y sólo tocó cuatro temas. These New Puritans resultaron insoportables. De Pamplona, El Columpio Asesino acribilló con enorme actuación. De México brillaron: el gran beat de Disco Ruido y Quiero Club, la locura instrumental de Austin TV y el pop fino de Torreblanca. Ruido Rosa, Bengala, Le Baron, Black Fo, Madame Recamier, Toy Selectah y 3ballMTY, cumplieron. El electropop de la popular chilena Javiera Mena resultó aburrido. La melosa de Ximena Sariñana, a pesar de no encajar con lo alternativo del festival, fue bien recibida, con Natalia Lafourcade de invitada.

Twitter: patipenaloza