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Analistas franceses prevén elevado abstencionismo y gran volatilidad en las preferencias

Sarkozy y Hollande, muy adelante en la intención de voto a 10 días de la elección
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Jueves 12 de abril de 2012, p. 29

Bordeaux, 11 de abril. Dentro de diez días, las urnas francesas darán su veredicto. Mientras tanto, los candidatos siguen sus giras y mítines tanto en Francia metropolitana como en las regiones y departamentos de ultramar. El aspirante a la relección Nicolas Sarkozy recorre el país, aprieta manos, asiste a mítines pero no hace un balance serio de su primer mandato. Frente a la crisis social y financiera, sólo propone medidas irrisorias y demagógicas para recuperar la confianza de los jóvenes y las clases populares, así como los votos del candidato centrista Francois Bayrou y los de la extrema derecha.

Desde el pasado lunes, inicio oficial de la campaña electoral, radios y televisoras difunden los espots de los candidatos. En las calles, frente a las casillas de voto, han aparecido los grandes paneles metálicos autorizados para pegar los carteles de cada uno de ellos (aparte de los que, tradicional e ilegalmente, pegarán los militantes en ciudades y pueblos). El Consejo Superior Audiovisual (CSA) controla que la igualdad de tiempo al aire, incluidas declaraciones y entrevistas, sea absoluta entre candidatos pequeños y grandes.

Los sondeos siguen más o menos idénticos a los de la semana pasada, con una probable abstención elevada (más de 25 por ciento), y con Sarkozy y Francois Hollande (Partido Socialista) muy adelante, seguidos por Marine Le Pen (extrema derecha) y Jean-Luc Mélenchon (Frente de Izquierda) cuyo enfrentamiento se va ampliando a través de sus espots televisivos. La primera escupe su odio al migrante: quince millones han entrado a Francia en 40 años y tendremos dos millones más cada año. Anuncia las medidas que tomaría para preservar la identidad francesa y asegurar la seguridad: detener la migración y reservar los derechos sociales sólo a los franceses. El segundo contesta: Aquí, en la República, nos quieren dividir por el color de la piel, por la religión. Algunos le echan leña al fuego. No dejemos que lo hagan. La República es una e indivisible. Formamos una sola y misma comunidad política.

En ese enfrentamiento entre los dos candidatos que más peso tendrán en la segunda vuelta, se juega la sociedad en la que vivirán los franceses: una de odio, otra de fraternidad; una de guerra, otra de paz. Pero los analistas políticos reconocen que no hay que tomar los sondeos como definitivos. Hoy día hay una gran volatilidad y una real incertidumbre en cuanto al voto. Intenciones de voto, simpatía con un candidato no significan, a diez días de la elección, una decisión definitiva del elector, ni siquiera la decisión de ir, o no, a votar.

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En imagen de archivo Raymond Aubrac, uno de los mayores héroes de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, fallecido el martes pasadoFoto Reuters

Lo más relevante de la campaña sigue siendo la ola popular provocada por el Frente de Izquierda, liderado por Jean-Luc Mélenchon. Los diarios Libération, Le Monde, L’Humanité obviamente, las radios como France Inter, y muchos otros, tanto en Francia como en el extranjero, dedican páginas a sus propuestas, su peso en el voto de izquierda, su capacidad para recuperar votos de declarados abstencionistas… A la par, ha comenzado a manifestarse una campaña en contra de un candidato que apoya a Hugo Chávez y Fidel Castro.

En el semanario de Aquitania, Sud-Ouest Dimanche, el escritor y periodista, Jean-Claude Guillebaud afirma que, para él, no es tan sorprendente el ascenso de Jean-Luc Mélenchon. Y explica: “desde el derrumbe del muro de Berlín y del comunismo, vivimos bajo el reino del dinero, del liberalismo inevitable… Las ideas portadoras de proyectos colectivos parecen haber desaparecido. Provocan la burla de la gente seria. La representación del futuro es borrosa, prevalece lo inmediato (digamos el corto plazo) y triunfa el gran mercado. El proyecto de un mundo mejor ha dejado de existir… Sin querer reconocerlo, estamos listos para aceptar la idea según la cual dirigen el mundo fatalidades sobre las cuales no tenemos prácticamente ningún poder (mercados financieros, comercio internacional, redes inmateriales…). La hora ya no es la del cambio programado, sino la de las adaptaciones consentidas. Incluso se podría emplear la palabra capitulación. El nuevo catequismo occidental no tiene ninguna ambigüedad. Nos ordena enfrentar la mala fortuna con valentía y obedecer las órdenes del mundo. Antier, era el mundo mismo al que queríamos doblegar. Hoy, todavía, seguimos más orgullosos de nuestros arreglos que de nuestras revueltas pasadas…

Aquí, la sencilla y modesta democracia –esa ambición de colaborar a su propio destino– se desvanece poco a poco, cuando el ciudadano pierde la esperanza.

En tales condiciones, sólo los atolondrados o los tontos pueden sorprenderse del éxito de un “Mélenchon qui dit non” (que dice no).

La muerte, el pasado martes, de Raymond Aubrac, gran figura de la resistencia francesa, miembro del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR), compañero de Jean Moulin (torturado y asesinado por Klaus Barbie), acaba de recordar a los franceses la vigencia del programa del CNR que se concretó en las leyes de 1946 (seguro social, nacionalizaciones, retiro…). Programa hoy retomado y defendido por el Frente de Izquierda, a pesar de que Raymond Aubrac había manifestado su apoyo a Francois Hollande.