Opinión
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Tiempo de blues

De los miserables orígenes de una banda de blues... hace 50 años

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Los Rolling Stones en el Marquee Club, en 1971Foto Ap

Primera llamada

E

n los años 60 era casi un culto privado lo que algunos músicos ingleses tenían con el blues. Una bella historia de amor entre los jóvenes músicos británicos y el blues negro de Norteamérica, fascinación que se origina a finales de los años 50, cuando cientos de bandas tocaban skiffle, mezcla de jazz, folk y blues que a imitación de las jug bands utilizaban instrumentos caseros como tablas de lavar, botellones y kazoos, John Lennon lidereaba a los Quarrymen (los futuros Beatles) y bandas como The Who, Led Zeppelin y los Stones comenzaron tocando skiffle.

Pero la semilla del blues había sido sembrada en los años 50 por bluesmen como Big Bill Broonzy y Josh White en una gira por Gran Bretaña y Europa; tiempo después, el director Chris Barber acompañó a Sonny Terry, Brownie McGee y Muddy Waters, a quien por cierto el público le pedía que apagara su amplificador, ya que consideraban que el blues debía ser acústico, reacción parecida cuando Bob Dylan se presentó en el Newport Folk Festival con su guitarra eléctrica: lo abuchearon y Pete Seeger buscaba como desconectar la guitarra.

El génesis del blues inglés se conforma con elementos (músicos y managers) musicalmente insolentes y un insólito olfato comercial; promueven grupos-producto que resultan ser redituables, económicamente hablando. Gracias a estas bandas inglesas el blues tuvo un revival, un renacer, que provocó la llamada Invasión Británica a Estados Unidos, encabezada por los Beatles, poco después habría de llegar el grupo que cambió la historia del rocarol, sus Satánicas Majestades: los Rolling Stones.

Banda originalmente formada por Brian Jones, músico de gran talento y grandes conflictos emocionales, de grandes logros y corta, cortísima vida (murió ahogado e ingresa al macabro club de los 27). Se dice que Brian quizás fue el primer guitarrista en utilizar el slide en Gran Bretaña. El día 12 de julio de 1962 tocan por primera vez en el Marquee los Rollin’Stones nombre que el propio Jones tomó de un blues de Muddy Waters. Integraban esa primera formación: Brian Jones, Mick Jagger, Keith Richards, Dick Taylor, Ian Stewart y Tony Chapman.

Segunda llamada

Aquí la historia nos habla de otro afortunado encuentro: “En 1963 Andrew Loog Oldham se convirtió en su manager… la personalidad más atrayente del pop inglés, el más anárquico, el más imaginativo, el más creador de todos… era magnífico, escribió Nik Jones*. La primera vez que los escuchó se quedó entusiasmado por su truculencia, por su tremenda agresividad. Los Stones fueron producto de su fantasía, multiplicó lo que traían dentro: los hizo más feos, más salvajes, más obscenos; blasfemaban, gruñían y se burlaban de todo. La relación duró hasta 1967.

Esos dos pilares fundacionales (Jones y Loog ) marcaron una idea y un estilo que habrían de conservar hasta el presente: la de los chicos malos, la antítesis de los Beatles. Pero también han sido fieles a su humilde origen, a su primera pasión: querer ser tan sólo una banda de blues.

Han logrado conservar ese talento que los ha hecho renacer disco tras disco. Son el exceso en todo, y aunque no se dice, ellos mismos son los encargados de mantener esa leyenda y aumentarla; si bien es cierto que sus Satánicas Majestades también han sido los líderes, los campeones absolutos de sobrevivir a éstos excesos, reales o inventados, violaron todos los paradigmas, en ser el grupo más longevo en la historia del rock. ¿Recuerdan la frase de los jóvenes de los años 60?: No confíes en nadie mayor de 30 años.

Tercera llamada

Es absolutamente estúpido, dice su padre a Mick Jagger, cuando deja la universidad para formar parte del grupo, y hacer cosas estúpidas ha sido su logo durante 50 largos e intensos años. Un hoyo negro que se traga todo lo que está a su alrededor: mujeres, alcohol, drogas, etcétera. Nosotros, cuando menos, éramos conscientes de haber prendido fuego a algo que, francamente, hoy sigo siendo incapaz de controlar, escribió Keith Richards en sus memorias.

Veinticuatro son los discos que grabaron en estudio y 10 en vivo. Catorce canciones del grupo están entre las 100 mejores de todos los tiempos, y la pieza que se convirtió en himno para una generación, I Can’t Get No Satisfaction, es considerada como la número dos (¿cuál es la número uno?). Cerca de 250 millones de discos vendidos, sus giras son impresionantes en producción, entradas y ganancias; éstas se iniciaron en 1982, en el Estadio JFK, de Pensilvania; la más reciente fue en 2007: 147 conciertos en 118 ciudades con 4.5 millones de entradas.

En 1995 fue su primera visita a México (The Voodoo Lounge); en 1998, la segunda (Bridges to Babylon), y en 2006 la tercera (A Bigger Bang Tour), y como siempre que vamos a verlos decimos que es la última oportunidad de hacerlo en vivo; por supuesto siempre llenan estadios. Han sido los amos de la mercadotecnia, sus souvenirs se venden por millones y esa es la última lección que dejan a los que vienen detrás. El gran producto en que se convirtieron las Piedras Rodantes, lejos de esa modesta banda de blues en sus inicios.

Lo bueno: su talento, no hay más.

* La Historia de la Música Pop/ Nostromo, 1969