Opinión
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Ruta Sonora

The Rolling Stones: 50 rodadas (II). GIFF

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50 años de surgir cual hoguera creativa (aunque en entrega pasada se dijo que su integración en forma no se dio hasta 1963), entre los caminos cruzados del sur de Estados Unidos y las húmedas calles de Londres, The Rolling Stones siguen generando expectativa, sin importar que su canción siga siendo la misma: una muy suya, inimitable, seminal. Sus Geriátricas Majestades ya no espantan, pero siguen haciendo lo que aman, lo que deviene inspirador: actitud rocanrolera que rompe con la idea de que los de la tercera edad debieran sentar cabeza. Sin dejar de ser magníficos músicos, su cinismo y desafío al ridículo, sin llegar a hacerlo, sigue excitando al orbe.

De la mano del diablo

Después de (I can’t get no) Satisfaction, 1965, la vida de The Rolling Stones dejó de ser doméstica para volverse figuras de talla internacional. El vuelo autoral de Mick Jagger y Keith Richards ascendió con maestría. El cenit de entonces fue Aftermath (1966), con el triunfo explorador de Paint it black. Se desviarían hacia el pop tipo The Kinks con Between the Buttons (1967) y la joya sicodélica Their Satanic Majesties Request (1967), en respuesta a Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles; aunque gran disco, tuvo pocas ventas, así que abandonaron la aventura pop. Instinto y blues volvieron con el primer gran disco de su segunda etapa, quizá la mejor: Beggars Banquet (1968), con Sympathy for the Devil y Street Fighting Man, tema que definiría el sonido Stone que explotarían por décadas. Con todo, la luz fue interrumpida con la muerte de Brian Jones en julio de 1969, quien acababa de salir de la banda un mes antes, y con el fatídico festival de Altamont (diciembre), donde a manos de la pandilla Hell Angels, contratada para poner orden, murió un seguidor. Cojones amarrados, siguieron creciendo con Let it bleed (1969), con el que, a diferencia de muchos de su generación, cruzaron el pantano del sueño muerto de los 60 para llegar a dos obras maestras: Sticky Fingers (1971) y Exile on Main Street (1972), donde la inclusión del gran guitarrista Mick Taylor (ex Bluesbraker de John Mayall) fue clave. El estilo endemoniado, los estupefacientes y la sexualidad desbocada dominando las percepciones contribuyeron a lo que sería comprendido como hard rock.

Pero el chamuco siguió cobrando facturas. La decadencia que se inició como estrategia de imagen comenzó a volverse realidad. Jagger ya sólo quería ser del jetset, Richards se enganchó a la heroína. Goat Head Soup (1973) e It’s Only Rock n’ Roll (1974) palidecieron ante los discos previos; el segundo trascendió un poco más, pues el tema central se volvió una sentencia para el género y acompañó el auto-mote de La banda más grande del mundo. Los excesos cansaron a Mick Taylor y se fue. Antes de que lo remplazara Ronnie Wood, editaron el funky pero indefinido Black and Blue (1976). Trataron de entrar al quite al disco y al punk con Some Girls (1978) y Emotional Rescue (1980), pero no levantaron. Tattoo You (1981), con ayuda de MTV, los colocó de nuevo con Start me up, seguido por Uncercover (1983), con algo de new wave, dub, reggae. Lo más flojo: Dirty Work (1986) y Steel Wheels (1989); repercutió en ello la distancia entre Jagger y Richards: uno quería seguir nuevas corrientes, el otro ser fiel al blues.

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Keith RichardsFoto Ap

Cuentas pagadas

Tras varios fracasos solistas de Jagger, una vez pagadas las deudas con Satán, éste les devolvió vida y tuvieron un nuevo aire con Voodoo Lounge (1994), con gira descomunal. Luego llamaron a Beck y los Beastie Boys (en producción) para sonar más contemporáneos en Bridges to Babylon (1997), pero resultó aburrido. Tras siete años pisaron el nuevo siglo con un muy digno A Bigger Band (2005), y amenazan con volver en 2013. A esperar lo que quizá sea un cierre de ciclo, el último trabajo (o quién sabe) de estas bestias inmortales. Amén.

GIFF: Julio 20 a 25

Con 214 películas en competencia (siete categorías), provenientes de 48 países, el festival antes llamado Expresión en Corto cumple 15 años, para llamarse ahora Festival Internacional de Cine de Guanajuato o GIFF por sus siglas en inglés (20 al 25 de julio). Este año, además de homenajes al director Park Chan Wook, a la directora Julie Taymor, al actor Daniel Giménez Cacho, así como las actrices Delia Casanova y María Victoria, con Holanda como país invitado, se estrenará la cinta Despues de Lucía del mexicano Michel Franco, ganadora como mejor película en la sección Una Cierta Mirada en Cannes 2012. Entre decenas de actividades que fomentan la creación cinematográfica, con probados frutos, a esta edición se suma un inédito apartado musical con recitales de clásico y pop: Elliot Goldenthal, Marika Bournaki, Sixto Rodríguez, Babak Kamgar, Santa Sabina (homenaje) y Sonidero Meztizo. Detalles: www.guanajuatofilmfestival.com. Más recomendaciones: www.patipenaloza.blogspot.com