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Demócratas, listos para arrancar hoy su Convención y recobrar la ilusión de hace 4 años

Impulsar a la clase media, el mensaje de Obama en Charlotte

Prometen que su plataforma marcará la diferencia con republicanos en aborto, migración y demás

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Un manifestante de Ocupa Wall Street, antes de la inauguración de la Convención Nacional DemócrataFoto Reuters
David Brooks
Enviado
Periódico La Jornada
Martes 4 de septiembre de 2012, p. 33

Charlotte Carolina del Norte, 3 de septiembre. Ahora es nuestro turno, anunciaron los encargados de la Convención Nacional Demócrata, que arranca este martes, y prometieron que las diferencias con el festejo político republicano de la semana pasada en Tampa serán muy marcadas, sobre todo en el rostro de los participantes y en el mensaje.

Lo primero que se nota al llegar aquí del mar blanco y casi homogéneo de la Convención Nacional Republicana en Tampa son las olas de rostros multicolor y multiétnicos, así como de gente muy elegante junto a barbudos en camiseta, jóvenes y viejos de todo tipo –la delegada más vieja aquí nació en 1914, el más joven en 1994– e integrantes de sectores no presentes en Tampa: sindicalistas, ambientalistas, pacifistas, luchadores de derechos civiles (el representante John Lewis, asistente y compañero de Martín Luther King, es uno de los dirigentes honorarios de esta convención), de organizaciones latinas y de defensa de inmigrantes y mujeres (50 por ciento de los 5 mil 556 delegados son mujeres).

Se siente la diferencia en las calles, en las filas para obtener credenciales, en lo que comenta la gente. Una ecuatoriana que trabaja en la cafetería del centro de convenciones comenta que para los inmigrantes urge que ganen los demócratas. Cuenta que estuvo de mesera en un acto de recaudación de fondos para el republicano Mitt Romney, quien nunca saludó. Un hombre arrogante, todos queríamos mentarle la madre; de esa cena salió con por lo menos 4 millones de dólares.

Esa imagen es justo lo que la campaña de Barack Obama busca promover: Romney como un financiero que desea imponer un cambio de arriba abajo con las mismas políticas que han beneficiado a los más ricos y han dejado una crisis para todos los demás.

Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles y presidente de esta Convención Nacional Demócrata, declaró hoy (en inglés y español), en la primera conferencia de prensa aquí, que ahora nos toca, después de Tampa, y esto va ser un poco diferente... esta será la convención más diversa en todos los aspectos, con casi seis mil delegados de todos los rubros sociales. Dijo que el enfoque del mensaje de Obama es que se proseguirá a beneficiando a la clase media para llevar adelante (la consigna de la campaña presidencial) al país para “restaurar el sueño americano”, en contraste con el mensaje de Tampa de hacer las cosas de arriba abajo y regresando a las mismas políticas fallidas que llevaron a la crisis más grande desde la gran depresión.

Él y otros encargados de la convención insistieron en que este festejo será el más abierto y participativo, tanto para los asistentes como en ocho medios cibernéticos y un sitio de Internet en español (demconvention.com/bienvenidos/) donde pueden participar ciudadanos de todo el país.

A la vez, prometieron que la plataforma del partido también dejará muy claras las diferencias entre republicanos y demócratas que se reúnen aquí, incluidas posturas en favor del derecho a las mujeres a decidir por el aborto, los derechos de los gays y una reforma migratoria integral, entre otras medidas.

Energía, exuberancia, entusiasmo, emoción, entre otras palabras, fueron repetidas una y otra vez para describir el apoyo a Obama, pero también son esas palabras las que les urge generar para ganar esta elección.

Todos recuerdan las enormes expectativas y esperanza que provocó Obama en 2008, en la convención y en su triunfo electoral, y ahora, cuatro años después, el gran desafío para los demócratas es cómo recapturar esa ilusión. No es tanto el problema de que muchos de quienes votaron antes por Obama vayan a votar por su opositor, sino que no salgan a votar por nadie.

El gran lema de hace cuatro años fue cambio y sí se puede. Pero ahora muchos dicen que no ven ni el cambio prometido ni la sensación que algo se podrá hacer. La desilusión es nutrida tanto por promesas no cumplidas (clausura de Guantánamo, reforma migratoria, mayor regulación y control del sector financiero, reformas más profundas sobre cambio climático, las guerras, derechos laborales y sindicales, etcétera) como por el alto nivel de desempleo y las secuelas de la crisis económica.

Ayer marcharon en las calles de Charlotte Ocupa Wall Street, agrupaciones ambientales, antiguerra, de defensa de inmigrantes y comunitarios, muchos de ellos expresando que ya no creen en ninguno de los partidos porque ambos sirven a los intereses del 1 por ciento, y otros que eran simpatizantes de Obama pero esta vez no votarán. Pero aunque organizadores habían pronosticado la participación de miles y sólo unos 800 se manifestaron, hay expresiones de desilusión dentro y fuera del partido.

Obama y su partido enfatizan que su misión es rescatar a la clase media, y con ello, el sueño americano, pero no ofrecen mucho para persuadir a los desilusionados –muchos de ellos votaron de manera sin precedente por presidente en 2008– más de que las cosas hubieran estado peor sin este presidente, que se detuvo la hemorragia de empleos heredada de la crisis que estalló bajo el gobierno de George W. Bush, y que se logró rescatar la industria automotriz, se promovió la reforma de salud, se suspendió la deportación de jóvenes indocumentados y se anunció el fin de la guerra de Irak, entre otras cosas. Pero, sobre todo, que Obama está preocupado por la clase media y no por los ricos como su contrincante.

Pero el hecho de que el sector financiero fue rescatado por Obama, que de nuevo goza de enormes ganancias, mientras el nivel de desigualdad entre el 1 por ciento y los demás sigue creciendo, y que la tasa de desempleo permanece superior a 8 por ciento, sigue provocando dudas, cuando no cinismo, entre algunos sectores.

No ayuda que esta convención tendrá su acto culminante con la aceptación de Obama de la candidatura de su partido en un estadio que se llama Estadio Bank of America, uno de los bancos nacionales más beneficiados por el rescate financiero y que lucró con el negocio de las hipotecas que provocaron en parte la crisis.

Tampoco ayuda que la convención se celebra en una ciudad en la cual ni un solo hotel tiene sindicato y en un estado que tiene una ley antisindical, enorme obstáculo en todo esfuerzo para crear gremios. La central obrera AFL-CIO y sindicatos nacionales se quejaron abiertamente de eso, contribuyeron con pocos fondos para todo este festejo, pero delegados de sindicatos y sus líderes mantendrán su histórica adhesión a este partido; no tienen de otra.

Para ellos, como para muchos de los reunidos aquí, no hay más opción que promover esta relección, no sólo porque son fieles y hasta simpatizantes, sino porque la alternativa, un gobierno de Romney y el regreso a las políticas republicanas, es inaceptable. Esta será la otra parte del mensaje, junto con la de elevar a Obama a gran líder con gran visión, de aquí en adelante.