Opinión
Ver día anteriorSábado 1º de diciembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Puentes nuevos
E

n días pasados, se realizó en esta ciudad el tercer Festival Puentes, guiado por la compositora Marcela Rodríguez, como una continuación de aquellos históricos Festivales Hispano-Mexicanos de Música Contemporánea que abanderó Alicia Urreta y que tanto enriquecieron entonces el intercambio sonoro entre ambas naciones. A la luz de la magra asistencia a los dos conciertos que enmarcaron el desarrollo del festival, se hace necesario enfatizar una vez más la evidente desconexión entre el público y la música de hoy. De un lado, y de otro, esos puentes no están siendo cruzados.

El concierto inaugural, protagonizado por los percusionistas de Tambuco y realizado en la Ollin Yoliztli, integró una obra mexicana y cuatro españolas, con un balance general positivo. De inicio, Kailash, obra colectiva de Mario Lavista (con él mismo al piano preparado), Tambuco y la oboísta Carmen Thierry, en cuya parte instrumental fue posible detectar claras referencias a la obra Marsias para oboe y copas de cristal de Lavista. Una buena dosis de improvisación controlada, con elementos sonoros que remiten a lo oriental, a lo repetitivo (¿minimalista?), a John Cage (no podía ser de otra manera) y algunos episodios con centros tonales como ancla. Notable, una potente sección a base de gradaciones dinámicas extremas en placas metálicas. Después, Shiver, para cuatro marimbas y vibráfono, de Miki Campins, de corte más claramente minimalista, armónicamente dulce y con ciertos aromas sonoros tropicales. Le Prie-Dieu sur la Terrasse, de Luis de Pablo, es una pieza que no hace justicia a la bien ganada reputación de este gran compositor español. Más performance que música, más teatro que sonido, usa principalmente el bombo y los cencerros para explicitar su preocupación con los modos de producción sonora, preocupación que es empañada por el movimiento escénico propuesto. Después, en estreno mundial, la obra De anima, de Inés Thiebaut, muy sólida en sus juegos tímbricos y en la diferenciación (tanto sónica como estructural) entre lo de metal, lo de madera y las membranas. Inteligente y refinado uso de los cuencos metálicos y del motor del vibráfono por parte de la compositora. Para terminar, Acte Prealable de Francisco Guerrero, compleja, energética y explosiva partitura cuyo discurso se articula con buena lógica sobre todo a través de tambores y blocks. Solidez y coherencia evidentes en este trabajo de Guerrero y, como en las demás obras, ejecuciones de primer nivel a cargo de Tambuco.

Una semana después, el Festival Puentes concluyó, en la misma sala, con un muy interesante concierto sinfónico a cargo de la Filarmónica de la Ciudad de México bajo la conducción de José Areán, que incluyó sendos estrenos en México de Javier Álvarez y José Manuel López López. Jardines con palmera, de Álvarez, es un bien logrado concierto para percusión en cinco partes, en el que el compositor propone y logra una hábil estilización de un cierto ambiente tropical, vía referencias varias (más de lo popular que de lo académico) y con una batería solista de insólito instrumental, que incluye cajón, steel pan y berimbaus, entre otras cosas. Como siempre en la música de Álvarez, desarrollo de ideas a la vez complejo y claro, y una componente rítmica llena de laberintos y sorpresas. Como solista, y de muy eficaz rendimiento, Florent Jodelet.

El concierto y el festival concluyeron con el Concierto para piano de José Manuel López López, una partitura de enorme complejidad y densidad, de apretadas, casi microscópicas texturas y una puntillista filigrana sonora tanto en el instrumento solista (inteligentemente intervenido por el compositor) como en la orquesta. En esta era postpiano preparado, López López logra obtener del teclado (y otras partes del piano) sonoridades insospechadas, además de integrarlas con eficacia al total de su discurso.

El pianista Alberto Rosado, quien realizó proezas técnicas en esta demandante partitura, tocó después otra pieza de López López (dedicada a Luis de Pablo), urdida en una expresividad y un lenguaje diversos, no menos contemporáneos, cuya audición reafirmó el estatus del compositor como un muy importante creador sonoro de la España de hoy. De la obra de Eduardo Mata que completó el programa, daré noticia detallada en otro momento.