Sociedad y Justicia
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En Monterrey, La Casita se ha convertido en un espacio de libertad para la comunidad

La prevención y no la abstinencia, clave contra el sida, recomienda empresario gay
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El 41 por ciento de los casos nuevos de VIH en México fueron por contacto sexual entre hombres, según una encuesta reciente del InegiFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
 
Periódico La Jornada
Domingo 9 de diciembre de 2012, p. 33

Es la una de la madrugada del sábado. El lugar está medio en penumbras. Una luz tenue recorre los laberintos de La Casita por donde las sombras construyen formas de placer y erotismo. Nadie habla ni grita, el silencio sólo es roto por los sonidos del gozo corporal. Una pareja al fondo en plena acción, otra más explorando en un diván. Los olores inundan una atmósfera de evasión y clandestinidad que exacerban aún más los sentidos.

Es el único espacio en libertad que existe en Monterrey para que hombres que tienen sexo con otros hombres puedan disfrutar del momento bajo la admonición de la prevención. En una de las salas hay una cama ginecológica, en la siguiente un columpio, hay una zona sadomasoquista, una cama de cadenas denominada El purgatorio; en una más, una jaula. En las estancias, el público disfruta de películas, el resto es un territorio en penumbras donde nadie se pierde.

Solo el roce de una mano significa el solaz inicio de un encuentro casual y momentáneo sin prejuicios. Hay sauna, regaderas y calabozos. En la zona verde está El limbo. En un pasillo a media luz existe una pared con un agujero; es el famoso Glory hole que proporciona anonimato absoluto. Los cuartos totalmente en penumbra anulan la visión para exaltar el tacto, el olfato, el deseo.

Algunos salen satisfechos con los pantalones en la mano vistiéndose mientras caminan. Aquí todo está permitido de manera consensuada. No se admiten menores de edad, drogas ni alcohol. En la recepción, la bienvenida consiste en: cuatro condones y dos lubricantes a base de agua. El precio del cover, sin límite de tiempo: 100 pesos. Luego, los clientes son invitados a pasar a la puerta del cielo.

Alto a los mitos

Las paredes y estanterías tienen propaganda para prevenir el VIH-sida: Tengo derecho a la confidencialidad y al anonimato. Detén los mitos, dice una tarjeta con sellos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la Secretaría de Salud y Acodemis AC.

La lucha para prevenir el VIH se centra también en estos lugares. El 41 por ciento de los casos nuevos de VIH en México fueron por contacto sexual entre hombres, según una encuesta reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Hay más de 220 mil enfermos de sida y 50 por ciento de ellos no lo sabe, de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en el contexto de la celebración del Día Mundial de la Lucha contra el Sida, cuya meta este año es lograr que 70 por ciento de los hombres que tienen sexo con hombres usen condón.

Más allá de los Baños Mina, las cabinas de la Zona Rosa o el último vagón del metro en el Distrito Federal; los Lupis (Lugares Públicos y Privados de Intercambio Sexual) son una alternativa considerada por el sector salud, como estratégica en la prevención: “La existencia de este tipo de lugares nos parece excelente, muy adecuada para las personas que desean diversión, atracción y una sexualidad responsable. En esta casita tenemos una alianza para que la prevención entre aquí para educar e informar a una población vulnerable”, dice Genaro Leal Martínez, secretario técnico del Coesida (Consejo Estatal para la Prevención del Sida).

Encuentros responsables

Ángel es el guía de La Casita, fundada hace 15 años. Cuenta que vivió hasta los 28 años en el error heterosexual. Estaba casado y tiene dos hijos, pero hace 10 años descubrió su verdadera preferencia: Cuando llegué a trabajar me di cuenta que de aquí soy. Minucioso en su labor, lo primero que cuida es que los clientes no enciendan teléfonos celulares en los cuartos oscuros: Aquí vienen muchos políticos y gente importante. No les gusta. Exigen confidencialidad, comenta y da la clave para los boayers que no quieren participar del festín: Péguese a las paredes.

La celebración de la sexualidad fue el objetivo principal que impulsó a Abel Quiroga, director de La Casita y de Acodemis, para crear este lugar luego de haber visitado similares sitios en Alemania, Holanda y Estados Unidos: Los hombres llegan a disfrutar su sexualidad, su vida, cosa que a veces no pueden hacerlo en la calle. Aquí se dan las cogidas reales y es en estos sitios donde podemos hacer la prevención real del VIH. Una cosa es dar 20 condones fríos; a entregar cuatro y dos lubricantes, a gente que sabes que los va a usar en caliente.

Abel Quiroga, quien bajó a los submundos de la droga y estuvo perdido varios años, se rehabilitó y se convirtió en un aguerrido activista en favor de los derechos de las minorías sexuales. Reconocido por una población en riesgo, observó que la mayoría de quienes deseaban tener sexo, utilizaban de manera peligrosa, lugares insalubres o públicos: No coincido con los empresarios gay que dicen que si hablas de sida los clientes se van. Es uno de los problemas que tenemos en México, ellos no quieren todavía entrarle a la prevención en sus locales, porque tienen miedo a que los coloquen como un foco de infección, cuando es todo lo contrario: es sexo seguro.

Al inicio, comenta que el concepto de un lugar similar a los que visitó en Europa, EU, Canadá fue muy criticado, incluso por la misma comunidad de organizaciones no gubernamentales en favor de los homosexuales: Me decían estás fomentando la promiscuidad, estás fomentando más infecciones. No era una crítica al concepto, sino a mi atrevimiento de fundar esto.

Como impulsor de los cuartos oscuros bajo el concepto de la prevención, se enfrentó luego a una sociedad conservadora por permitir a los portadores del VIH-sida tener sexo en la casita incluso sin pagar la cuota, pero el número de enfermos aumentaba, hasta llegar a más de 500 casos el año pasado: “Dos clientes frecuentes me reclamaron: nos van a enfermar. Abrí mi cajoncitos les devolví su dinero y los invité a irse: Por eso hay condones, les dije. Me da mucha rabia la discriminación. Luego difundieron la idea de que yo estaba sidoso, la clásica, me da igual, no es cierto, aquí no se discrimina a nadie. Creo en la libertad. Los derechos humanos también son derechos sexuales.”

Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) las personas que son portadoras del virus de la inmunodeficiencia humana o que están enfermas de sida son aún discriminadas por el miedo al contagio y por los prejuicios asociados a su actividad sexual. La población que visita La Casita, por ejemplo, es variada, hasta 150 personas los fines de semana: “Aquí llegan casados, recuerdo uno que nos dio sus pertenencias para guardar y se quitó su anillo matrimonial y dijo: ‘Chulita, ahí te ves’; otra vez, vino una esposa enojada: ‘Ese es el carro de mi marido, ¿qué clase de lugar es?’ Yo le dije: ‘Señora, se me va’, tenía que proteger la privacidad. También hay estudiantes, tercera edad... clase media y alta; funcionarios, empresarios, políticos, militares: Yo no veo, no sé nada. Todos aprenden a ligar en los cuartos oscuros, gente que se quita el pantalón y se pone una bermuda; hay gente que no quiere que la vean y se va a los cuartos oscuros, otros que sí y se quedan en donde están las teles. No son sólo parejitas, hay tumultos, tríos, orgías. Se permite todo, excepto menores de edad y abusos. No se vale la violencia no consensuada, aunque hay de repente muchas nalgadas, gritos de ‘soy una sucia’, pero es parte del gozo”.

La Casita funciona como centro cultural y fue presentado el libro Memoria de la lucha contra el VIH en México. Los primeros años, por el historiador Miguel García Murcia, integrante de Salud, Derechos y Justicia, quien dijo que en México han muerto más de 100 mil personas a consecuencia de esta enfermedad.

Acompañado por Abel Quiroga, el escritor Joaquín Hurtado, el periodista César Valdez y Cristina Sada, lamentó que las cifras de enfermos no desciendan y que el número se mantenga en los pasados cuatro años hasta 220 mil enfermos, aunque nadie sabe con exactitud cuántos hay porque el Estado maquilla las cifras: El problema se mantiene porque no sabemos cómo cogen los mexicanos, no sabemos cuántos gays hay, cuántos bisexuales, heterosexuales, cuántas lesbianas. No tenemos información de ese tipo, hay muchos prejuicios incluso en instituciones de salud.

Al término de la presentación del libro, La Casita sigue con su actividad frenética y Abel Quiroga se adentra entusiasmado en los laberintos rellenando las fuentes con condones y lubricantes: El olor humano del cuerpo, el sudor es riquísimo, ¿verdad?... Ellos saben lo que hacen. Es decisión de cada uno, yo no puedo entrar a tocarles eso para ver si traen condón, son adultos. Hay mucha información: el abanico de las prevenciones es amplio, no es sólo monógamo, abstinencia y uso del condón. La fortaleza de la epidemia es el desconocimiento y la desinformación.