Opinión
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México SA

Reforma hunde a Pemex

La empresa, de mal en peor

Caen producción y finanzas

Carlos Fernández-Vega
D

esde la promoción y prácticamente inmediata aprobación de la reforma energética, el discurso oficial que la enaltece ha sido inversamente proporcional a los cada día más enclenques resultados de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuyos indicadores financieros y productivos han ido de mal en peor, y que hoy ubican a la ahora empresa productiva del Estado en una situación delicada.

Casi un mes atrás, en la supuesta conmemoración de la expropiación cardenista de 1938, el inquilino de Los Pinos se animó a decir que en este año electoral las alternativas pasan por cancelar o preservar la libertad de los consumidores de elegir entre distintas opciones; de regresar a un modelo cerrado o privilegiar la apertura y la competencia; por obligar a Pemex a asumir riesgos excesivos o permitirle asociarse con otras empresas para seguir siendo la gran empresa petrolera de México.

En un acto cerrado –dentro de las instalaciones centrales de Pemex y con escasos invitados–, Enrique Peña Nieto aseguró que en democracia los mexicanos tendremos la oportunidad de comparar la consistencia y congruencia de distintas propuestas políticas para el desarrollo del sector energético; habremos de contrastar en cada uno de los actores las acciones de ayer con las posiciones de hoy, los dogmas del pasado con los postulados del presente.

Y recordó que en los años 80 (del siglo pasado) recurrimos a un gran endeudamiento para poder desarrollar toda la infraestructura que posibilitara la extracción de petróleo, cuando el crudo tenía un alto precio; con lo que no se contaba es que el precio del petróleo cayó muchísimo. Lo que no dijo es que ya en el transcurso de la primera década del presente siglo los precios del crudo mexicano de exportación registraron cotas históricas y a pesar de ello la deuda de Pemex creció como la espuma, y de esos dineros una porción mínima –si es que en realidad se procedió en tal sentido– se invirtió en infraestructura petrolera.

Si, según Peña Nieto, en los años 80 del siglo pasado se dilapidó el recurso petrolero y se endeudó a Pemex para construir infraestructura productiva, en pleno siglo XXI el derroche ha sido monumental (preguntar a Vicente Fox y Felipe Calderón, que obtuvieron excedentes petroleros nunca registrados), con el agravante de que la infraestructura petrolera brilló por su ausencia y que la deuda de la otrora paraestatal creció a paso veloz.

También olvidó mencionar que la otrora paraestatal ha sido permanente y salvajemente exprimida por la Secretaría de Hacienda, que toma todo el remanente y exige un pilón. El resultado es que a estas alturas la deuda y los fierros viejos se quedaron en Pemex, y las posibilidades productivas, junto con la riqueza, en las empresas privadas nacionales y foráneas, sin olvidar que la promesa oficial fue que Petróleos Mexicanos saldrá fortalecida con la reforma energética.

Lamentablemente, hoy Pemex ya no siente lo duro, sino lo tupido, porque, además del brutal recorte presupuestal de que ha sido víctima desde la aprobación de la reforma energética, cada reporte financiero y productivo revela el constante deterioro de la hoy empresa productiva del Estado.

Por ejemplo, las más recientes cifras divulgadas por Pemex (febrero de 2018) reconocen una pronunciada caída respecto de igual lapso de 2017, y éstas al año previo, y así por el estilo. Suelen decir que es preferible ser cabeza de ratón que cola de león, pero gracias a la reforma energética Petróleos Mexicanos se ha quedado a la cola de todo y de todos.

Tales cifras, por ejemplo, refieren que en febrero de 2018 la producción de petróleo crudo cayó 6 por ciento (121 mil barriles diarios menos) respecto de la registrada en el segundo mes de 2017, y si el calendario se amplía tal desplome resulta de 25 por ciento (627 mil barriles diarios menos) en comparación con el cierre de 2013, año del lanzamiento y el triunfo de la reforma energética.

Lo mismo sucede con las cifras que dan cuenta de la producción de gas natural: en febrero de 2018 cayó 8.5 por ciento (446 millones de pies cúbicos diarios menos) respecto del reporte de igual mes pero de 2017. Si se considera el periodo diciembre 2013-febrero 2018, la caída acumulada es de 25 por ciento (un millón 517 mil pies cúbicos menos por día).

La información relativa a la producción de petrolíferos es desastrosa: de diciembre de 2013 a febrero de 2018 el desplome ha sido de 56 por ciento (813 mil barriles diarios menos), con ganas de empeorar en los meses sucesivos. En febrero de 2018, contra el registro de igual mes de 2017, la caída fue de 41 por ciento (451 mil barriles diarios menos).

Y en el detalle de dichos petrolíferos las cifras de Pemex revelan que la caída (febrero 2018-febrero 2017) fue de 20 por ciento en gas licuado de petróleo (de consumo masivo en el país), lo que se traduce en una producción de 32 mil barriles menos por día. Para satisfacer la demanda la importación de este combustible ha sido creciente, al igual que el precio al consumidor final.

Y la gasolina, ahora de libre importación y libre precio (que roza 20 pesos por litro, en el caso de la Premium), gracias a la reforma energética. En febrero de 2018 el sistema nacional de refinación produjo 142 mil barriles menos que un año antes (una caída de 46 por ciento), aunque si la referencia es a diciembre de 2013 entonces el desplome ha sido de 63 por ciento (diferencia de 273 mil barriles por día).

De igual forma, la caída en la producción de diésel ha sido sustancial: 51 por ciento (99 mil barriles diarios menos) en febrero de 2018, en comparación con igual mes de 2017, y 70 por ciento si el punto de referencia es con diciembre de 2013.

Dado lo anterior, la importación de combustibles se ha disparado de forma peligrosa: de febrero de 2017 (en pleno mega gasolinazo, cuya paternidad se niega a reconocer el candidato de los triangulitos) a febrero de 2018 la adquisición de gasolina se incrementó 18 por ciento (casi cien mil barriles diarios), pero de diciembre de 2013 a febrero de 2018 el aumento fue de 75 por ciento (270 mil barriles por día) y la de diésel de 116 por ciento. Y como estas cifras, muchas más.

Las rebanadas del pastel

El terrible caso de los estudiantes de Jalisco es muestra de un México cada día más salvaje y una presunta autoridad cada día más ineficiente. No sirve de nada, pero va un solidario abrazo a los familiares y amigos de los muchachos.

Twitter: @cafevega