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Conflicto internacional

Obama se está viendo realmente mal: Kristinn Hrafsson

Millones aprendieron a descifrar lo que oculta EU

Mejoró la percepción sobre nuestro trabajo: el vocero de Wikileaks

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La opinión pública mundial ha madurado, afirma Kristinn HrafssonFoto Carlos Ramos Mamahua
Blanche Petrich
 
Periódico La Jornada
Viernes 25 de octubre de 2013, p. 3

El gobierno de Estados Unidos no encuentra salida del lío en que se encuentra debido a los secretos que ha revelado al mundo el ex analista informático de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés)Edward Snowden, actualmente asilado en Moscú. Se trata, según Le Monde, de un sismo planetario. Y en medio del remolino, el presidente Barack Obama se está viendo realmente mal, asegura el vocero de Wikileaks, el periodista islandés Kristinn Hrafsson, en entrevista con La Jornada.

“No ha logrado ofrecer una sola explicación mínimamente creíble, ni para sus propios ciudadanos ni para los gobiernos aliados que han sido sujetos a operaciones de vigilancia. Y cuando ofrece alguna justificación mediante su jefe de inteligencia, James Clapper –a quien denominó el jefe del espionaje–, a los pocos días se producen nuevas revelaciones que lo desmienten”.

Hrafsson reconoce que hoy, en el esplendor de la saga de Snowden, el clima social y mediático ha sido más benigno para las labores de denuncia que el que tuvieron que capotear él y sus compañeros en 2010. Ese año, después del primer impacto del cablegate, el equipo enfrentó el desdén de algunos periódicos que después se beneficiaron con los cables secretos y la autocensura y descalificación de muchos otros medios. Una causa penal en curso en Estados Unidos orilló a su director, Julian Assange, a pedir asilo en la embajada de Ecuador en Londres.

En el capítulo dos de esta historia, admite Hrafsson, el mundo y los medios han cambiado su percepción sobre el trabajo de quienes revelan información confidencial. Hace menos de cinco meses Snowden lanzó a la luz pública –principalmente por conducto de los periodistas Glen Greenwald y Laura Poitras– los archivos de la NSA con información masiva recolectada ilegalmente a gobiernos amigos y enemigos, así como a ciudadanos estadunidenses y extranjeros. Aún no se alcanza a ver la magnitud de estas revelaciones. Pero el descontento por el espionaje sin límites ha sido generalizado.

Hoy se comprende mejor nuestro trabajo; hay mayor aprobación de las audiencias, lo que no deja de sorprenderme. Millones, en todo el mundo, han aprendido a descifrar lo que quiere ocultar el gran aparato de propaganda de Washington y pueden ver más allá de las mentiras y la desinformación de la gran prensa corporativa. De 2010 a 2013 la opinión pública mundial ha madurado.

Kristinn Hrafsson fue hasta hace algunos años figura relevante de la televisión de Reikiavik. Hace cuatro años dio el salto del periodismo convencional a la plataforma Wikileaks cuando vio el video titulado Asesinato colateral, sobre el ataque del ejército estadunidense contra civiles iraquíes en una calle de Bagdad en 2007. La grabación, que muestra cómo dos helicópteros militares ametrallan a hombres desarmados, fue divulgada por Wikileaks en abril de 2010.

Me cimbró tener en las manos la evidencia de un asesinato a sangre fría. Viajó a la capital de Irak y buscó a los dos niños sobrevivientes del ataque aéreo. Entonces resolvió sumarse al equipo de Assange, a quien había conocido poco antes.

El gran reacomodo de la prensa mundial

–¿Qué diferencias hay en la forma como ha reaccionado el mundo en 2013, a como fueron recibidas las primeras grandes revelaciones de Wikileaks hace tres años?

–El periodismo vivió un reacomodo muy profundo. Washington nos trató desde el primer momento como traidores. A Snowden también lo tachan de traidor y es perseguido, pero las sociedades que se sienten agraviadas por ser objeto de espionaje sin justificación alguna están dando muestra de gran madurez.

Recuerda que en 2011 la trasnacional de encuestas Ipsos Mori hizo un sondeo sobre Wikileaks en 25 países. La mayoría, en todos excepto en uno, respondió aprobando su trabajo. El promedio global fue de 75 por ciento de opiniones favorables, pero en algunos países fue abrumador el apoyo. En Sudáfrica, 95 por ciento; en India, 76. Sólo en Estados Unidos la opinión favorable fue menor a 20 por ciento.

“Quedé estupefacto. ¿Cómo era posible que hubiera tan buena opinión sobre nosotros si el propio vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, nos había calificado de terroristas? Es esperanzador saber que la gente, a pesar de tantas mentiras, a pesar de Fox News y similares, sigue conservando su capacidad crítica.

Pero va más allá: hoy son pocos los que ignoran que la prensa estadunidense ha sido complaciente con las mentiras de su gobierno. Hay muchas evidencias.

–¿Ejemplos?

–Uno: The Washington Post literalmente se sentó sobre el video de Asesinato colateral en Bagdad nueve meses. No salió a la luz hasta que nosotros lo sacamos. La nota la tenía David Finkel; él mismo lo confiesa en su libro El buen soldado, sobre su trabajo como periodista en Irak en 2003.

Otro: el programa de televisión 60 Minutes tuvo en su poder las fotografías de torturas a prisioneros iraquíes en Abu Ghraib por militares estadunidenses un año antes de que salieran a la luz pública. La única razón por la que decidieron desbloquear la censura fue porque supieron que Symour Hersh, de The New Yorker, tenía una copia y estaba a punto de publicar un reportaje sobre la violación de derechos humanos por el ejército estadunidense en esa prisión.

Mentiras que caen por su propio peso

Recientemente funcionarios de Washington aseguraron que ellos jamás habían monitoreado información privada de la canciller alemana Ángela Merkel. Pero el miércoles pasado los archivos de Snowden demostraron que su celular oficial había sido intervenido por agentes de la NSA. Un día antes, Le Monde publicaba pruebas de que entre el 10 de diciembre de 2012 y el 8 de enero de 2013, había 73 millones de entradas a su sistema, de teléfonos de ciudadanos franceses comunes y corrientes espiados por esa agencia.

A todo esto no hay una sola explicación viable y sí muchas mentiras que caen por su propio peso, dice Hrafsson, quien estuvo en días recientes en México.

Se refiere a las declaraciones que hizo hace algunas semanas el general Keith Alexander, jefe de la NSA, quien aseguró que con las operaciones de espionaje se habían conjurado 52 planes terroristas. Después corrigió, en una audiencia en el Congreso, que habían desarticulado sólo ocho complots. No precisó más, nadie sabe de qué tipo de amenazas se trata. Obama no ha podido comprobar que las actividades de espionaje han tenido algún resultado realmente útil. Con la presión que tienen encima ya hubieran presentado alguna prueba, si la tuvieran, asienta el vocero de Wikileaks.

–¿Wikileaks tiene futuro?

–Estoy seguro de ello. Hace tres años no lo habría podido afirmar. Pero debemos ser sinceros. Nuestra capacidad de acción está seriamente afectada por el bloqueo económico. Sería irresponsable volver a abrir la plataforma que tenemos para recibir información, que normalmente es un enorme flujo, si no tenemos recursos y equipo para procesarlo. Es tanta información que se necesitaría un enorme equipo… que simplemente no tenemos ahora.

–¿Cómo va la investigación criminal contra Assange y Wikileaks en Estados Unidos?

–Sigue. Sabemos que han recopilado centenares de miles de folios. Hemos sabido que la investigación criminal va contra seis personas: Assange y otros cinco.

–¿Su nombre está en esa lista?

–No lo han hecho público. Hasta ahora.

Versión completa de la entrevista

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks