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El narrador presentó en la FIL cuatro de sus obras alusivas al periodismo cultural

La ironía es la mejor arma que poseen el periodista y el escritor, señala Vicente Leñero
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Vicente Leñero y Jesús Ochoa en GuadalajaraFoto Héctor Jesús Hernández
La Jornada Jalisco
Periódico La Jornada
Viernes 6 de diciembre de 2013, p. 6

Guadalajara, Jal., 5 de diciembre.

Entre fantasía y realidad, Vicente Leñero presentó en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, sus cuatro obras más recientes que versan sobre el periodismo cultural que ha desempeñado toda su vida y una serie de cuentos en los cuales se entremezcla personajes reales de la literatura, la farándula y la política.

Acompañado del escritor Pablo Boullosa, el actor Jesús Ochoa y unas 300 personas que abarrotaron el auditorio, Leñero leyó el cuento de Valentín y Aniceta, dos personajes comunes que toman protagonismo por la pluma tan fina con la que el escritor teje la historia, con el argot de millones de mexicanos.

A la lectura se sumó Jesús Ochoa, quien se metió en los personajes, mientras Leñero la hacía de narrador. El público conoció la historia en la que Valentín Patiño, un albañil, golpea a su mujer porque supone que lo engañó con sus amigos, mientras un narrador cuenta la vida del escritor estadunidense O. Henry, quien era William Sydney Porter, maestro del cuento corto, definió Leñero.

Boullosa recordó el motivo del encuentro titulado Vicente Leñero en sus palabras para rendirle homenaje y presentar sus obras Periodismo de emergencia, en la que se recopilan sus artículos publicados sobre periodismo cultural, la redición de La vida que se va, una novela publicada en 1999, y Gente así y Más gente así, dos textos en los que se recogen sus cuentos.

Uno se ve envuelto en un problema de la imaginación. Reconozco que lo mejor de mí no es la imaginación. No se me ocurren historias originales. La realidad le hace a uno escribir historias más interesantes de lo que uno se puede imaginar, dijo leñero.

La ironía, señaló es la mejor arma del periodista y el escritor nos reímos un poco de la realidad, de las personas. Un escritor sin ironía se vuelve solemne, pedante; uno se ríe de sí mismo también.

Con un auditorio ávido de seguir escuchándolo, Leñero compartió: Todos los escritores lo que hacemos al escribir novelas es reinventar y contar nuestra propia vida, y para eso inventamos personajes. La realidad le sirve a uno para decir lo que uno siente.