Sociedad y Justicia
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Recauda millones de dólares al año, pero no hay un solo dispensario ni escuelas

La prelatura de Cancún, gran empresa de la Legión de Cristo

Marcial Maciel percibió el potencial de Quintana Roo y pidió a Pablo VI esa zona de misiones, pero era falso que se interesara por los pobres, dice el obispo Pablo Pérez Guajardo en entrevista

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Algunos legionarios ya ancianos, que en su juventud fueron víctimas de abusos sexuales del fundador de la orden Marcial Maciel (derecha), viven recluidos para su protección o aislamientoFoto La Jornada
 
Periódico La Jornada
Lunes 21 de abril de 2014, p. 40

La prelatura de Cancún es, para la gran empresa que constituye la congregación de los legionarios de Cristo, una especie de Siberia verde, según la definición del presbítero sin parroquia Pablo Pérez Guajardo, una oveja negra en el Regnum Cristi.

En ese territorio eclesial bajo el dominio del obispo Pedro Pablo Elizondo se recluyen, para su protección o aislamiento, según sea el caso, los casos incómodos o los innombrables dentro de la orden religiosa. También los indeseables, los legionarios que se rebelan contra la línea de privilegiar el trabajo con los estratos adinerados, omitiendo la atención a las clases populares.

Algunos son curas acusados de pederastia. Pérez Guajardo los enumera: “Padre Eduardo Lucatero Álvarez, ex director del Instituto Cumbres en la segunda mitad de los años 80. Fue arrestado por breve tiempo, después fue trasladado a Brasil y finalmente a Cancún, donde vive bajo la protección del obispo. Padre Fernando Martínez, otro de los encausados por el asunto del Instituto Cumbres. Como directivo del mismo colegio en su anexo de Cancún volvió a delinquir. Fue trasladado al noviciado de los legionarios en Salamanca, España.

El más reciente es el del sacerdote canadiense Raul Leblanc, capellán de Mano Amiga en la Ciudad de la Alegría de Cancún, quien abusó sexualmente de una alumna. La familia de la chica recibió una fuerte suma de dinero a cambio de su silencio. El cura fue retirado de la vida eclesial, pero vive protegido en su país.

Otro es el australiano Brendan Hurley, capellán del Instituto Oxford de la ciudad de México. Solía vacacionar en el rancho equinoturístico Loma Bonita, adonde llevaba niños de barrios pobres. Fue denunciado por los trabajadores del centro ante el párroco Fernando Rodríguez (hoy ocupa el lugar del sacerdote Pérez Guajardo, en Playa del Carmen), pero en lugar de llevarlo ante la justicia reprendió a los denunciantes por hablar mal de los sacerdotes.

Pérez Guajardo describió estos cuatro casos en una carta que dirigió a su superior, el prelado Elizondo, con copia al entonces superior de la Legión, Álvaro Corcuera; al director del área territorial para México y Centroamérica, Mayagoitia, y al obispo Ghirlanda, encargado del proceso de reforma emprendido por la congregación.

Eso le valió la sanción que hoy, a los 58 años, lo margina de la práctica pastoral en la parroquia en la que estaba adscrito.

Algunos legionarios ya ancianos, que en su juventud fueron víctimas de abusos sexuales del fundador de la orden, Marcial Maciel, como Jesús Martínez Penilla y Ramiro Fernández, también están ahí.

Una anomalía de interés financiero

La prelatura de Cancún-Chetumal –dice en entrevista el sacerdote Pablo Pérez Guajardo, quien aún porta alzacuello– es un estado de excepción dentro de la Iglesia.

Para él, el simple hecho de que la región de Quintana Roo sea una prelatura, y no una diócesis, es ya una anomalía marcada por el interés financiero, agrega.

Cuando Quintana Roo aún era territorio, el papa Pablo VI encargó a los legionarios de Cristo Quintana Roo, entonces una región escasamente poblada y pobre. “¿Por qué? Porque Maciel ya había percibido el potencial de la región. Se había hecho gran amigo de Luis Echeverría Álvarez desde 1988.

Echeverría le anticipa el proyecto que tenía en mente para Cancún. Maciel se adelanta y pide a Pablo VI esa zona de misiones. Pero era falso que le interesaran las misiones para los pobres, mucho menos la zona maya y Chetumal.

Lo prueba, dice, el hecho de que el primer obispo legionario, Jorge Bernal, empezó casi inmediatamente el trámite para trasladar la prelatura a Cancún. Cuando cumplió los 75 años prescritos por la ley de la Iglesia para renunciar, en 2004, Maciel volvió a mover ficha. Consiguió esta vez como regalo del 60 aniversario de su ordenación que le concedieran un nuevo obispo legionario: Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, uno de sus preferidos. Por cierto, su nombre de bautizo es Rosalío. Maciel le cambió el nombre. (Y Rosalío es, dicho sea de paso, el nombre del protagonista de la película sobre los legionarios Obediencia perfecta, próxima a estrenarse.)

Pablo Pérez Guajardo se pregunta por qué en Quintana Roo no se procedió como en la sierra Tarahumara, donde por el aislamiento de la región hubo una prelatura jesuita. Cuando se consideró que la región chihuahuense había llegado a su madurez, se reconvirtió en diócesis, en 1993.

La pregunta es: ¿qué tiene la Tarahumara que no tenga Cancún para ser diócesis? ¿Acaso Cancún, que tiene un aeropuerto internacional que recibe una cantidad de vuelos mayor que la propia capital, es un lugar pobre, despoblado, precario? Creo que la respuesta es muy clara: es un gran negocio para la Legión de Cristo.

–En 2004, cuando se decidió dejar la prelatura en manos de su orden religiosa, ya estaban plenamente documentados los casos de pederastia de Maciel.

–Así es. Pero es que las acusaciones en su contra, o en contra de cualquier otro religioso, no han tenido ninguna consecuencia.

El silencio. ¿Para qué me meto en problemas?

En diciembre del año pasado, la Legión de Cristo tuvo que admitir que hay 35 sacerdotes de la orden acusados de abusar sexualmente de menores de 18 años de 1940 a la fecha. Nueve fueron encontrados culpables, 14 exonerados y su comportamiento sólo fue calificado como imprudente, y dos más fueron declarados no aptos para investigación.

Explica el párroco sancionado: Uno de ellos es el padre Guillermo Izquierdo, profesor e instructor de novicios de los legionarios y abusador pederasta. No se le va a hacer nada por su avanzada edad y porque padece demencia senil.

Pero con todo este cúmulo de denuncias, la Legión de Cristo no ha sufrido ni un rasguño en lo que más le importa: su estructura financiera.

No tienen una sola sanción. No se les quitó ninguna obra pontificia, mucho menos la prelatura de Cancún.

–¿Los niños que fueron víctimas de los curas protegidos en Cancún, o los padres de familia del Instituto Cumbres no levantan la voz ante este despliegue de impunidad?

–El obispo Pedro Pablo Elizondo dice que no hay ninguna denuncia y es verdad. Entre esas familias ricas pesa mucho el prejuicio, el estigma.

–Si no denunciaron las víctimas, ¿cómo se ha corroborado la información?

–Las familias de acercaron a mí. Por eso yo hice la denuncia. Hay una idea muy equivocada de proteger a la víctima de lo que los padres entienden como desprestigio.

–¿Hay disposición de otros hombres de Iglesia, como usted, de dar un paso al frente y denunciar?

–Es una conducta todavía minoritaria en la Iglesia, pero más aún en el contexto de los legionarios. La actitud es ¿para qué me meto en problemas? ¿Para qué me gano enemistades?

–¿Ve posibilidades de una sacudida en la prelatura de Quintana Roo?

–Es donde menos. Es un gran negocio. Los legionarios recaudan ahí cada año millones de dólares para las misiones. Y son un fraude. Vaya a la región maya. No va a encontrar ni un proyecto parroquial ni dispensarios ni escuelas. Por eso Quintana Roo es el estado menos católico de México. Las mayorías han migrado hacia las religiones evangélicas. ¿Pero qué tal lo que se recauda en la industria de las bodas en la zona turística? ¿Qué tal la Catedral del Mar que está promoviendo el obispo y que va a costar 150 millones de pesos?