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Reportaje /Del caballete a la morgue

Los forenses artísticos tendrán más relevancia en los juicios orales, señala perito

Crean obras de arte en favor de la justicia, no para las galerías

Ellos complementan de manera muy efectiva el rompecabezas de un hecho delictivo

Nos volvemos traductores del lenguaje legal complejo, para hacerlo sencillo

En 2016, cuando en todo el país la justicia penal se imparta mediante juicios orales, el trabajo de fotógrafos, dibujantes e ilustradores será determinante en el quehacer del Ministerio Público y los jueces

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Bruno Ramírez Ornelas, licenciado en artes visuales y perito en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, muestra cómo se hace una reconstrucción facial, a partir de un cráneo humanoFoto Yazmín Ortega Cortés
Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Martes 1º de julio de 2014, p. a11

Hasta antes del auge televisivo de series de investigación forense, a los peritos que se dedicaban a ello ni siquiera se les reconocía como profesionales, eran llamados coloquialmente en el medio los levantamuertos.

En la actualidad, en México, debido al incremento en el número de delitos y a la evolución en su complejidad organizacional y tecnológica, los servicios periciales también se han especializado y crecido: hay 40 ramas, de las cuales, las mejores son las que tienen relación con el arte, considera Bruno Ramírez Ornelas, licenciado en artes visuales, quien lleva ya 18 años trabajando como perito en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).

Algunos artistas, en lugar de producir piezas para vender en galerías o presentar en exposiciones, están creando obras de arte para hacer justicia.

En entrevista con La Jornada, Bruno Ramírez Ornelas, quien es también pionero en la impartición de diplomados en arte forense en la Academia de San Carlos –una de las sedes de la Facultad de Artes y Diseño (FAD), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)–, dice que este año la PGJDF ofreció 300 plazas para diversos tipos de especialistas forenses.

Se trata de un mercado laboral que, como se documentó ayer en estas páginas, ha abierto sus puertas a científicos sociales (antropólogos) y artistas (dibujantes, pintores y fotógrafos), quienes ven en esa labor una buena fuente de ingresos, a veces paralela a la producción de obra propia.

“Los artistas egresan de sus escuelas con la idea bohemia de que pintarán tres obras al mes, las venderán y así se la pasarán el resto del año con su copa de vino en la mano. Pero eso no sucede porque no existe un mercado de arte tan amplio, además de que el mismo artista a veces no sabe cómo insertarse en él.

Por eso, los primeros años de los jóvenes egresados de las carreras de arte son muy difíciles, y la gran ventaja del diplomado en arte, fotografía y video forense es que es una opción para quienes están saliendo de la universidad, no sólo para que concluyan su titulación, sino para que tengan un empleo como peritos, considera el experto.

Unos 20 mil peritos en el país

La ciudad de México es una de las que más personal pericial tiene en la República, junto con el estado de México y Morelos.

Al respecto, señala Bruno Ramírez: “En todo el país, quizá seamos unas 20 mil personas las que ejercemos la actividad de perito. En la procuraduría capitalina hay alrededor de 40 egresados del diplomado en arte forense –que se abrió en 2006–, que trabajan ya en peritajes. En el caso de la fotografía y el dibujo, hace años, al ser disciplinas técnicas, no se requería siquiera que quien hiciera estos trabajos en las procuradu-rías tuvieran licenciatura.

“Por ello, no era un empleo tan deseado. A veces pasaba que un chofer o alguien del área administrativa, con el simple hecho de ‘saber tomar fotos’ era llamado para hacerlo”.

No obstante, continúa, el efecto CSI (el auge del tema forense en la televisión) cambió en el público en general la visión acerca de los temas forenses: “Las series estadunidenses tuvieron un gran impacto en las ganas de los jóvenes por estudiar esas disciplinas, pero no había escuelas que ofrecieran las especialidades. Fue hasta el año 2000 cuando aparecieron las primeras carreras en criminalística, antes sólo había algunos cursos, a manera de capacitación laboral, en temas como medicina u odontología forense, los más comunes.

Si bien los años recientes bajó mucho la influencia de los programas de televisión, siguen llegando a los cursos muchachos con la ilusión de encontrar la tecnología que se ve en las series, pero hay aparatos que ni existen.

Primero llegó la profesionalización para los artistas forenses, después para los fotógrafos, ahora llegan videastas especializados.

Bruno Ramírez Ornelas considera que el trabajo pericial es una buena opción laboral para esos creadores, pues se pueden dar también opciones de trabajo particulares o, por ejemplo, los especialistas en arte forense pueden trabajar en proyectos históricos y colaborar con instancias como el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en asuntos como la reconstrucción facial; o con las ilustraciones forenses se pueden hacer infogra-fías, por lo que hay empleo en los medios de comunicación.

Afirma que con el volumen de trabajo al que se enfrentan los peritos, los recién ingresados “adquieren experiencia muy rápido. En general, se atienden en el Distrito Federal unos 300 llamados diarios. Un fotógrafo, por turno, tendrá 40 asuntos. Hay tres fotógrafos por turno. Dos veces a la semana hacen guardia de 24 horas.

En el caso de arte forense serán unos cinco o seis servicios al día, que van desde la ejecución gráfica de un retrato –lo que más se les pide– hasta una progresión de edad (sobre todo en el caso de robo de niños), una ilustración o una reconstrucción facial, que se realiza en colaboración con antropólogos y médicos.

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Alumnos de la materia de anatomía artística de la licenciatura en ciencia forense, que imparte en la UNAM el perito Bruno Ramírez Ornelas, durante una escenificación –a cargo de una actriz y un actor– de la reconstrucción de la escena de un crimenFoto Yazmín Ortega Cortés

En esos últimos casos los artistas deben ir a ver los restos humanos con los que se cuenta, la mayoría con ausencia total o casi de tejido blando. Son pocas las ocasiones en las que se requiere que el artista vaya al sitio donde ocurrió el hecho delictivo para realizar el croquis del lugar, técnica llamada planimetría.

La muerte y sus procesos

Los peritos fotógrafos y videastas son los que con mayor frecuencia enfrentan a la muerte: deben captar, muy de cerca, las heridas, los charcos de sangre (lagos hemáticos, en lenguaje pericial), así como todos los detalles alrededor de una persona violentada.

Realizan mapas mentales, ilustraciones o infografías que aportan más información a los criminalistas, pues lo visual complementa de manera muy efectiva el rompecabezas que conforma un hecho delictivo, añade Ramírez Ornelas, quien también imparte clases en la nueva licenciatura en ciencia forense que se abrió en la UNAM.

En 2016, cuando en todo el país se imparta justicia penal mediante juicios orales, el trabajo de los peritos profesionales de la imagen será más relevante, considera el experto, “pues cuando se presenten las explicaciones de mecánica de hechos y de lesiones, ahí estará el material de esos especialistas.

“Como artistas tenemos la posibilidad de ilustrar y facilitar la comprensión del Ministerio Público y del juez de lo que el criminalista quiere argumentar. Esa es la parte bonita del arte forense. Nos volvemos una suerte de traductores del lenguaje legal complejo, para volverlo sencillo y visual. En la sala de juicios orales estará nuestro material para que las exposiciones no sean acartonadas, sino se implemente una estrategia de comunicación mucho más compleja y rica.

“A veces, por la violencia o el grado de descomposición de un cadáver no es viable presentarlo a los medios, y se hace un dibujo que se denomina ilustración post mortem, se toma como modelo el cuerpo de la persona fallecida y se hace un dibujo de cómo pudo verse con vida: esa es la que se difunde”.

¿Se trata de un trabajo terrible? El perito no lo considera así, ni cree que para la mayoría de sus colegas sea pesada la carga emocional: “Para quienes estamos ahí y entendemos el fenómeno de la muerte y sus procesos, se vuelve algo apasionante poder leer mucha información en un cadáver. Nos pasa un poco como los médicos, que abren un cuerpo y se maravillan.

“Sí tiene algo de terrible estar frente a una persona muerta, pero lo positivo de esta labor es que a un cadáver o a algún resto óseo le devolvemos la apariencia vital con la finalidad de poder ser reconocido y hallado por sus deudos. Eso es algo loable.

En lo personal, los casos que más me impactan son en los que están involucrados niños. Pero no nos podemos quedar pasmados por el horror. Hay que despersonalizar un poco, dejar de lado la carga emocional y, por supuesto, no llevarse el trabajo a casa, ni material ni sicológicamente.

Fotógrafos forenses, ojos del juez

Los peritos en arte forense no se enfrentan en su quehacer diario al dibujo de personas muertas. Cuando ocurre, son trabajos especializados que se planean con anticipación y se ejecutan ya sea en el Servicio Médico Forense o en el laboratorio de antropología de la PGJDF, no surge la orden de trabajo de repente en una guardia, ni acuden al lugar donde ocurrió el hecho delictivo.

Los fotógrafos sí, ellos deben estar en prácticamente todas las investigaciones: Es más fuerte ser fotógrafo forense en el sentido de enfrentarse a la llamada fijación de indicios, de cadáver, de sospechosos, etcétera. Al final, ellos son los ojos del juez.

–¿Habrá muchas obras de arte en los archivos judiciales, realizadas por estos artistas?

–Claro, pero hay una restricción. Los peritos no pueden difundir o dar fácilmente a conocer esos trabajos, hay reservas, de lo contrario incurrirían en un delito.

“Los fotógrafos logran captar lesiones que casi saltan del papel, que son lo más parecido a la realidad, que tienen claridad, nitidez y exactitud. Más que buscar una estética se trabaja en lograr una técnica que permita representar esa realidad que no se puede llevar a la sala del juez. Ese es el reto.

En los expedientes hay muy buenos trabajos de los peritos artistas, fotos de mucha calidad, dibujos en varias técnicas, ilustraciones digitales, muchas de las cuales nunca las verá el gran público porque son pruebas de una investigación judicial. Son obras de arte que sirven para hacer justicia, ese es su único fin.