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Desastre aéreo en los Alpes franceses
Consternación en Barcelona

Allegados de las víctimas se reunieron en la terminal aérea

 
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de marzo de 2015, p. 4

Barcelona.

Con semblante compungido o lágrimas en los ojos, allegados de las víctimas del accidente del A320 de la aerolínea alemana Germanwings acudían al aeropuerto español en una búsqueda desesperada de noticias.

Estamos esperando alguna información, decía muy afectado Manuel, amigo de dos víctimas que no quiso dar su apellido. Eran un compañero del comité de empresa y un directivo que viajaban a Alemania para una reunión.

El primero estaba a punto de jubilarse, lamentaba otro amigo frente a la sala habilitada para recibir a las familias. Allí, nueve miembros de la Cruz Roja –sicólogos, trabajadores sociales y socorristas– se esforzaban por acompañar a los allegados ante la tragedia.

En estas situaciones la gente vive momentos de incerteza, cuando se le comunican las noticias tienen momentos de duelo, de trauma y nosotros intentamos minimizar en la medida de lo posible, explicaba su portavoz, Irene Peiró. Al mismo tiempo, la policía científica tomaba muestras de ADN para permitir una rápida identificación de las víctimas.

Decenas de personas acudieron al aeropuerto de El Prat tras el anuncio del accidente del vuelo 4U9525 de la aerolínea Germanwings.

Varios de ellos se acercaban buscando información a un mostrador de Swissport en el que tres empleadas atendían en nombre de varias aerolíneas low cost, entre ellas la alemana.

Tres parejas y cuatro hombres solos, visiblemente conmocionados, intentaban conocer lo ocurrido un accidente en que, según las autoridades francesas, no hubo supervivientes.

Un hombre de unos 60 años, elegantemente vestido, trataba de ocultar sus lágrimas tras unas gafas redondas. Otro, en la treintena, miraba fijamente el suelo, negando con la cabeza como si no quisiera creerse la catástrofe.

Un tercero, con el cabello canoso y los ojos enrojecidos, llegó con dos muchachos, rodeando con un brazo al menor de ellos, un adolescente que, visiblemente afectado, apoyaba la cabeza en el hombro del adulto.

Un grupo de 16 adolescentes alemanes, de unos 15 años, que acababa de realizar un intercambio escolar en un pueblo cercano a Barcelona figuraban en la lista de pasajeros del vuelo siniestrado.

Poco después llegó una señora mayor, con su compañero y una mujer más joven, incapaz de retener un desgarrador grito de dolor.

Uno a uno eran acompañados por policías, de civil o en uniforme, hasta la sala para los allegados, de la que se mantenía alejados a los periodistas.

La prioridad ahora es atender a los familiares de las víctimas, afirmó el responsable de Interior del gobierno regional catalán, Ramón Espadaler, asegurando haber puesto a su disposición hoteles para recibir atención sicológica.

Ningún representante de la compañía estaba localizable el martes en el aeropuerto de Barcelona. Sólo estaban presentes las tres empleadas tras el mostrador de Swissport, visiblemente superadas por el alud de llamadas.

No podemos hablar, de esto se encarga comunicación de crisis, decía una de ellas, uniformada con chaqueta negra, camisa blanca y pañuelo rojo.

Tengo mucho miedo. No quiero volar hoy. Voy a volar con Germanwings y se me hace muy raro, decía una joven turista alemana, Ann Kristin, de 21 años, que esa misma tarde debía tomar un avión de la compañía germana con destino a Dusseldorf tras pasar cuatro días en Barcelona con su novio.

Dos vuelos seguían previstos hacia esa ciudad y hacia Stuttgart por la noche y otros dos procedentes de esas localidades, según los paneles de información del aeropuerto. La aerolínea tiene asimismo enlaces a Hamburgo, Hanover, Berlín y Colonia.

Mientras tanto, en Dusseldorf, los pasajeros leían incrédulos el anuncio en las pantallas del aeropuerto: un avión de Germanwings con destino a Dusseldorf se estrelló.

Es terrorífico, decía Ingrid Nunning, conmocionada, tras aterrizar procedente de Turquía. Si lo hubiese sabido antes de despegar, no habría subido en mi avión, aseguraba.

Una veintena de personas, familiares o amigos de las víctimas, eran atendidas también allí por los sicólogos.