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Francisco ante el reto latinoamericano
Q

uito. El papa Francisco regresa de nuevo a su continente. Hoy inicia una gira en la que visita tres países, del 5 al 13 de julio, precisamente los más pobres de Sudamérica: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Naciones de grandes contrastes, desigualdades y con fuertes raíces indígenas. Francisco estará 48 horas en cada uno, hará siete traslados aéreos, 22 alocuciones y un sinnúmero de reuniones en las que establecerá contacto con miles de personas con un intenso programa. Será su noveno viaje internacional, el tema global anunciado es: unificando la alegría de proclamar el Evangelio en las diversas realidades humanas.

En Ecuador hay un doble sentimiento. Por un lado una gran alegría y expectativa popular de ver, oír y tomar contacto con el admirado Francisco y, por otro, impera la tensión social y política. Tanto gobierno como oposición quieren aprovechar la visita del Papa para posicionar sus trincheras y querellas. Los sindicatos, en especial el poderoso Frente Unitario de Trabajadores, han multiplicado sus protestas tomando las calles; el presidente Correa denuncia un intento de desestabilizar y derrocar su gobierno; mientras la jerarquía llama a no politizar la visita, demanda una tregua estos días. Monseñor David de la Torre, vocero de la conferencia de obispos ecuatorianos, exclamó que el Papa no viene al país para consagrar ninguna ideología y régimen político, sino a anunciar a Jesucristo. Que no es el momento de manifestar ideas o proyectos políticos, ni de armar polémicas ni división.

Francisco está al tanto de las tensiones. Usará la experiencia diplomática milenaria de Roma para entrar con asertividad en contextos tirantes, como hizo en Brasil. Por otro lado, se dará tiempo de masticar hojas de coca en La Paz, Bolivia, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. También visitará a uno de sus grandes amigos en Guayaquil, en Bolivia visitará una cárcel ciudad de alta peligrosidad y en Paraguay tendrá un particular encuentro con líderes de la comunidad gay.

El pontificado de Francisco ha cambiado la lógica de la presencia del Papa, más que una geopolítica eclesial prioriza la geopastoral. Ha elegido tres países relativamente marginales, son naciones de fuerte tradición católica que en las últimas décadas se han visto sometidas al crecimiento de nuevos movimientos evangélicos y en el caso de Bolivia del resurgimiento de religiones indígenas, como la aymara, movimiento cultural con fuerte respaldo del gobierno de Evo Morales. La tradición de la Iglesia ha tenido gran relevancia en la historia moderna de estos tres países, sin embargo, en los últimos 15 años disminuyó la relevancia de las instituciones eclesiásticas en el debate público. El objetivo de Francisco, será fortalecer a sus Iglesias frente a los cíclicos enfrentamientos de las jerarquías católicas de Ecuador contra Rafael Correa y de Bolivia con el indigenista Evo Morales. En Paraguay aún resuenan ecos del presidente obispo Fernando Lugo, quien se vio obligado a renunciar en medio de escándalos y un polémico juicio político ante reproches de la jerarquía católica.

El papa Francisco ha sido un pontífice que ha roto protocolos y que, a diferencia de sus antecesores, que dieron prioridad a la agenda moral de la Iglesia Católica, ha centrado su interés en la agenda social, que refiere la defensa de los pobres, los derechos humanos y la justicia social. Por ello su interés explícito en gente que se encuentra en la periferia de la vida moderna: los indígenas, pobres, migrantes, los campesinos sin tierra, mujeres, los ancianos excluidos y los jóvenes sin trabajo, vulnerables a crímenes como tráfico sexual. En una entrevista reciente en el centro televisivo vaticano, su secretario de Estado, Pietro Parolin, expuso el sentido de este viaje: América Latina es un continente en pleno cambio, aquí frente a estos nuevos escenarios, la Iglesia ha elegido el camino de conversión pastoral, ha elegido el camino del misionero, el compromiso misionero y, en este sentido, también puede convertirse en un paradigma para muchas otras partes del mundo. Y yo diría que este es el aporte y también vemos que en el magisterio del Papa: este magisterio que tiene sus raíces correctas de Aparecida y que se propone hoy a toda la Iglesia universal. En especial, se guarda gran expectativa a la presencia de Francisco en el segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Santa Cruz, Bolivia, grupos cercanos al altermundismo contestatarios al elitismo de los cenáculos de Davos; al mismo tiempo, se recuerda el elocuente el mensaje final, del primer encuentro realizado en Roma en 2013.

La geopastoralidad del papa Francisco busca actualizar a la Iglesia ante cultura, identidades y tecnología de las sociedades contemporáneas. Las iniciativas reformadoras de Francisco parecen no ser acompañadas por su curia romana. ¿Hasta qué punto los episcopados locales pondrán en práctica las iniciativas de Francisco? ¿El papa Bergoglio animará a las iglesias locales a dar continuidad a las recomendaciones de la reunión de Aparecida en 2007? Francisco se presenta como promotor de cambios, pero desde arriba y enfrenta a la inercia de estructuras religiosas conservadoras. Actores reacios a cambiar, porque están instalados en una zona de confort y privilegio. Todo esto hace muy interesante la gira del Papa por estos tres países con sólida presencia católica, que durante las dictaduras militares de los años 70 las Iglesias locales alcanzaron un papel importante en la defensa de los derechos humanos, sin embargo, ahora viven bajo competencia y presión de los nuevos movimientos religiosos que se han expandido por el continente.