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¿La Fiesta en Paz?

Novillero, matador y rejoneador, Enrique Fraga debuta como ganadero el domingo 26 en la Feria de Tulancingo, Hidalgo

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Algunos de los Parladés mexicanos que lidiarán el domingo 26 en Tulancingo, Horacio Casas, El Zapata y El Chihuahua, en el debut de la ganadería de Enrique FragaFoto tomada del portal de Enrique Fraga
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a pasión tiene sus penas y la contrariedad sus placeres, dejó dicho alguien, y otro sentenció que es preferible que el hombre se pierda en su pasión a que carezca de pasión. Y si hay quienes a partir de su aguda observación resumen vivencias y actitudes, otros, y son los menos, a partir de sus vocaciones, obsesiones y pasiones construyen una vida sustentada en el carácter y en la congruencia entre lo que sueñan y lo que convierten en realidad. El matador mexicano de a pie y a caballo Enrique Fraga es uno de estos.

Originario de Morelia, Michoacán, desde niño escuchaba a su madre y a su abuela hablar de toros, por lo que a los 13 años de edad, radicado temporalmente en Ciudad Juárez, Chihuahua, debutó como becerrista asesorado por su primo el novillero Benjamín Morales El Tarasco. De regreso a su ciudad natal inició el lento peregrinar de los novilleros que carecen de padrinos y no poseen otra recomendación que su desbordada afición. Tuvo oportunidad de ir a Portugal –ese gran país taurino casi desconocido en el resto del mundo–, donde permaneció año y medio, asistiendo a la escuela de los hermanos Badajoz, en Coruche, distrito de Santarém, región de Alentejo, en el centro del país. Ahí hizo además mucho campo y lidió muchas vacas toreadas.

Regresó a su país y entre su presentación en la Plaza México y su alternativa logró sumar casi un centenar de novilladas entre México, Centro y Sudamérica. Recibió la borla de matador de a pie, el 15 de mayo de 1977 en Mérida, Yucatán, de manos de Jesús Solórzano y como testigo Rafael Gil Rafaelillo, con reses de Javier Labastida. Transcurridos 14 años como matador, tiempo más que suficiente para conocerse a sí mismo y no engañarse ni engañar, y luego de haber toreado unas 50 corridas en Portugal, su otra patria taurina, Enrique Fraga decidió hacerse rejoneador, recibiendo la alternativa de manos de su maestro don Pedro Louceiro, caballista lusitano avecindado en México hacía varios años.

El segundo doctorado, ahora como matador a caballo, se llevó a cabo también en la ciudad de Mérida el 24 de noviembre de 1991, atestiguando los rejoneadores Gerardo Trueba y Eduardo Funtanet, hijo, con un encierro de Matancillas. El 3 de febrero de 1996, dentro de los festejos del cincuentenario del coso, confirmó en la Plaza México como matador a la jineta de manos de Gerardo Trueba y como testigos Rodrigo Santos y José Antonio Hernández, con astados de Los Ébanos, propiedad del matador en retiro Manolo Martínez, quien al día siguiente telefoneó a Fraga para darle la enhorabuena por su actuación. En la temporada 1997-98 de la Plaza México el primer trofeo otorgado a un rejoneador fue para Fraga.

Poseedor de un trato afable, abundante cabellera intemporal y amplia sonrisa, este doble matador, en la cuerda de Ponciano y de Arruza, entre otros pocos, ha combinado su actividad como rejoneador con sus clínicas de alta escuela, un criadero de caballos portugueses y una compañía de teatro ecuestre llamada Centuria, con más de cincuenta actores y jinetes para el montaje de representaciones históricas, mitológicas o fantásticas.

En 2013, en la ciudad de Beja, Portugal, en la Gala de Tauromaquia organizada en el Teatro Principal por el Club Taurino del Agrupamiento de Escuelas de Alter de Chao, y compartiendo premiaciones con personalidades como el ganadero español Francisco Núñez del Cuvillo, los rejoneadores portugueses Joao Moura, Paulo Caetano y Joaquim Bastinhas, o los mozos de forcado Rui Barreiro y Joao Pastinhas, Enrique Fraga recibió un reconocimiento no sólo por su trayectoria de más de cuatro décadas como profesional del toreo, sino además por su callada y sostenida labor de hermanamiento taurino entre México y Portugal, que no tuvo inconveniente en idolatrar, entre otros, al diestro potosino Gregorio García y que por inexcusables motivos ha dejado de proyectar internacionalmente su rica y original tradición hípico-taurina.

No satisfecho con tantas experiencias y logros, disciplina, cornadas, fracturas y sinsabores, en puntual cuota con el toro y el caballo, Fraga adquirió en 2005 la ganadería de don Eduardo Funtanet, desechando el encaste Santa Coloma y conservando exclusivamente el de Parladé, que junto con las estirpes Murube y Saltillo forman hoy el póker de ases de la baraja ganadera mundial.

El doble matador-ganadero confiesa que le gustaría afinar el toro Parladé mexicano, cuya bravura trasmita emoción y a la vez posea clase y toreabilidad, pero no al grado de que el del tendido quiera bajarse a torear. El próximo domingo 26, en la plaza de Tulancingo, Hidalgo, a las 4:30 de la tarde, el rejoneador Horacio Casas, los Forcados Hidalguenses y los matadores banderilleros El Zapata y El Chihuahua conforman el cartel del debut formal de la ganadería Enrique Fraga (www.ganaderiaenriquefraga.com). ¡Mucha suerte!