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Ver día anteriorSábado 9 de enero de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Apuntes postsoviéticos

Un año difícil

L

a fuerte dependencia de Rusia de los precios del petróleo, que no ha podido superar mientras el Kremlin insiste en la necesidad de diversificar la economía y espera, cual solución milagrosa, el retorno de la bonanza de los petrodólares que hubo en épocas anteriores cuando se llegó a pagar entre 100 y 147 dólares por barril, sugiere que 2016 será un año difícil.

La caída esta semana del precio del petróleo Brent, referente en los mercados europeos, por debajo de 33 dólares por barril, lo mismo que se pagaba en abril de 2004, por los problemas en China y el aumento de las reservas de crudo en Estados Unidos, lo cual significa que la mezcla rusa Urals cuesta unos 2 dólares menos, hace inviable el presupuesto federal para este año, basado en que el barril de petróleo deberá tener un precio de 50 dólares. En consecuencia, de no recuperarse el precio, la economía rusa seguirá decreciendo.

El gobierno de Rusia vaticinó que, si el barril de crudo logra establecerse este año en 50 dólares, se alcanzaría 0.7 por ciento de crecimiento, pero el banco central ruso es menos optimista y cree que el PIB bajará en torno de uno por ciento, un dato mejor si se compara con su caída en 2015, que se prevé de entre 3.8 y 3.9 por ciento (las cifras oficiales de enero a septiembre pasados ubican en 3.7 por ciento la reducción de la economía rusa).

El impacto de la recesión en 2016 será mayor o menor en función del precio –el peor escenario sitúa el barril Brent en un rango de entre 15 y 25 dólares– que finalmente tenga el petróleo este año, en cuya formación influirán la disminución de la demanda de materias primas en China, la salida al mercado de mayores volúmenes de crudo, la difusión de automóviles eléctricos, el desarrollo de nuevas tecnologías que ahorran el uso de combustibles y el surgimiento de fuentes alternativas de energía, entre otros factores.

Rusia –que desde 2008, después de varios años de crecer a ritmo acelerado, rozando 7 por ciento anual entre 2000 y 2007, por los excedentes del auge petrolero, no puede mejorar los principales indicadores económicos de la última etapa de la Unión Soviética– cerró 2015 con un nuevo récord de extracción de petróleo.

Pero por más crudo que pretenda vender, no podrá evitar los efectos negativos que el subsiguiente desplome de precios tendría en la economía rusa: derroche de las reservas monetarias acumuladas, disminución de la captación de divisas, devaluación del rublo, encarecimiento y reducción de las importaciones, aumento de la inflación, recorte del gasto social, incremento del desempleo y, en suma, drástica caída de las inversiones, de los ingresos de la población y del consumo.

Ciertamente, 2016 será un año difícil para la mayoría de los rusos, sobre todo los jubilados y otros sectores desprotegidos, que no disfrutan de las ventajas que da formar parte del entorno presidencial, donde los amigos de Vladimir Putin incrementan sus fortunas a la sombra del poder político, como sucede en México con los magnates cercanos a Los Pinos.