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Sería parte de la tumba de Miguel de Palomares, canónigo español, afirman

Arqueólogos difunden el hallazgo de una lápida funeraria del siglo XVI

Por primera vez se descubre en el país la cripta de un personaje religioso asociado a la primera catedral erigida en la Nueva España, señala el investigador Raúl Barrera Rodríguez

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Un arqueólogo realiza labores de limpieza de la lápida de roca volcánica de tono verde, llamada chiluca, que será trasladada al Museo del Templo Mayor para su conservaciónFoto Mauricio Marat/ INAH
 
Periódico La Jornada
Jueves 14 de abril de 2016, p. 5

Arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dieron a conocer ayer el descubrimiento de una lápida funeraria de la primera mitad del siglo XVI, ubicada en los restos de la que fue la primera Catedral de México, en el Centro Histórico de la capital del país.

La losa de roca volcánica de tono verde conocida coloquialmente como chiluca, podría formar parte de la tumba de Miguel de Palomares, canónigo español que fue integrante del primer cabildo eclesiástico de la Catedral de México, durante el obispado de fray Juan de Zumárraga.

En la pieza de 1.87 metros de largo, 90 centímetros de ancho y 30 centímetros de espesor, se observan caracteres en castellano antiguo tallados que describen el último lugar de descanso de ese personaje, así como un escudo heráldico en el que aparecen tres flores de lis.

Sigue una leyenda en letras griegas, la cual está por ser interpretada aunque pudiera referirse al nacimiento y la muerte del religioso, al parecer natural de Calahorra, clérigo de Cuenca, y fallecido en la Ciudad de México en 1542, dos décadas después de la caída de la gran Tenochtitlán.

Restos de estuco prehispánico

La lápida fue encontrada el pasado 26 de febrero de manera fortuita, a un metro 25 centímetros de profundidad respecto del nivel actual, mientras personal del Fideicomiso del Centro Histórico instalaba luminarias en la fachada principal de la Catedral Metropolitana, en el costado izquierdo de la acera de la puerta principal.

De acuerdo con el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, responsable del PAU, es muy probable que debajo de esa losa estén los restos óseos de Miguel de Palomares, algo que comprobarán los arqueólogos del INAH una vez que la lápida sea trasladada al Museo del Templo Mayor para su restauración y conservación.

La trascendencia de ese hallazgo, dijo el especialista en rueda de prensa, es que es la primera ocasión que se encuentra en México una tumba de un personaje religioso asociado a la primera catedral erigida en la Nueva España, cuyo nombre y apellidos son identificados.

Un dato relevante es que también se hallaron restos de estuco prehispánico, lo cual quiere decir que la primera catedral, construida por órdenes de Hernán Cortés en 1524 y que ya no existe, se erigió sobre una plataforma azteca, posiblemente en el límite sur del recinto sagrado de México-Tenochtitlán, precisó Barrera Rodríguez.

Miguel de Palomares fue un personaje muy importante que llegó a la Nueva España en la primera mitad del siglo XVI; estuvo en Veracruz y se avecindó en la Ciudad de México en 1532. No sabemos a qué orden religiosa perteneció; es algo en proceso de análisis, señaló.

Fue muy importante en el proceso de evangelización del Nuevo mundo, junto a fray Juan de Zumárraga y otros religiosos que formaron parte del primer cabildo, y seguramente tuvo contacto con Cortés y su gente.

Acompañado por el también antropólogo Eduardo Matos Moctezuma, el responsable del PAU consideró muy probable la existencia de otras tumbas en ese sitio.

Aclaró que si bien desde la década de los 90 del siglo pasado se realizan trabajos de investigación en torno de los restos de la primera catedral de México, aún no ha sido posible determinar las características de ese templo, el cual tenía una alineación oriente-poniente.