Sociedad y Justicia
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Mar de Historias

No quiero marido, no

E

l departamento es muy pequeño. Lo vuelven asfixiante la abundancia de muebles, adornos y retratos. La música que sube de la calle dificulta la conversación entre las dos mujeres que se encuentran allí. Fátima, la madre, va de la cocina al comedor visiblemente nerviosa. Verónica, su hija, la sigue.

Verónica: ¿Todavía estás enojada?

Fátima: No me gusta que Rubén se quede a dormir contigo. Si quiere que seas su mujer, que se case y te ponga aunque sea un cuarto redondo.

Verónica: ¿Crees que no nos gustaría? Pero es imposible. Con lo que Rubén y yo ganamos no podríamos sostener una casa.

Fátima: Entonces, quédense a vivir conmigo, nada más que ya casados.

Verónica: Te lo agradezco mucho, pero lo de vivir aquí, ni pensarlo. Además, Rubén y yo no creemos que el matrimonio sea tan importante.

Fátima: Hay cosas que no entiendo. (Se acerca a revisar el especiero.)

Verónica: Porque no quieres. (Ve a su madre elegir el frasquito del orégano.) ¿No puedes dejar eso para después? Es importante que hablemos.

Fátima: ¿Para qué? Tú ya tomaste una decisión y no creo que vayas a cambiarla por lo que te diga.

Verónica: No quiero que pienses que Rubén y yo somos anormales sólo porque no queremos casarnos.

Fátima: En ningún momento he dicho eso.

Verónica: Pero lo piensas.

Fátima: Sólo digo que son muy modernos. Yo vengo de la pelea pasada. Ya me imagino lo que habría sucedido si cuando Artemio y yo éramos novios él se hubiera quedado a dormir en mi cuarto.

Verónica: ¡Qué bueno que no tuvieron necesidad de hacerlo! Nuestra situación es distinta. Trata de comprender...

Fátima: No tienes que repetírmelo: el mundo cambió, las relaciones ya no son como las de antes. De acuerdo, pero sigo creyendo que las cosas tienen un derecho y un revés.

Verónica: ¿Qué significa eso en cuanto a mí y a Rubén? (Ve a su madre sacar un altero de platos de un gabinete.) ¿Qué haces?

Fátima: ¿Ya se te olvidó que es domingo? Tus hermanos vienen a comer. (Desviando la mirada.) ¿Invitaste a Rubén?

Verónica: No. Y después de la cara que le pusiste en la mañana no creo que se le ocurra venir. (Le arrebata a su madre los platos y los asienta en el fregadero.) ¿Has puesto atención en lo que te he dicho?

Fátima: Si quieres, te lo repito. (Amanerando la voz.) Que tú y Rubén no quieren vivir aquí y no creen en el matrimonio. Para ustedes no significaría nada un papel o la bendición de un cura y van a estar juntos mientras les dure el amor.

Verónica: Lo dices de una manera...

Fátima: Sólo repetí tus palabras.

Verónica: Sí, pero ¿trataste de entenderlas? A ver, dame diez minutos. Vamos a sentarnos y a hablar sin que estés pensando en el orégano y en los platos. (Toma a Fátima de la mano y la conduce a la sala.)

II

Verónica: Sé que hago mal permitiendo que Rubén se quede a dormir conmigo, pero es que no tenemos otra posibilidad...

Fátima: A mí sus cosas íntimas no me interesan. Lo que digo es que si quieren estar juntos, se casen. (Toma asiento en un banco.) ¿Qué tendría de malo? Tu padre y yo duramos más de treinta años casados. Tus hermanos son hombres y llevan muy bien sus matrimonios.

Verónica: ¿Cómo lo sabes?

Fátima: Porque veo cómo tratan a sus esposas y a sus hijos.

Verónica: O sea que son maridos y padres perfectos.

Fátima: En el mundo nada es perfecto. (Suplicante.) Si te casaras al menos por lo civil, tendrías una seguridad, algo... Pero así nada más, el día que a Rubén se le antoje largarse, lo hace y si te vi, ¡no me acuerdo!

Verónica: Rubén es todo, menos irresponsable. Además, nos queremos muchísimo. Si no fuera así, no estaríamos juntos.

Fátima: Todas las mujeres de la familia se han casado. Eres mi única hija. Soñé con verte vestida de novia.

Verónica: ...y tomándome fotos en el banquete y en el baile. Tú no puedes hacer ese gasto y Rubén mucho menos.

Fátima: Cuando Artemio y yo nos casamos él ganaba muy poco en el hotel y sin embargo me regaló mi vestido y tuvimos fiesta. Son cosas inolvidables que nada más se viven una vez. (Suspira.) Bueno, eso era antes. En estos tiempos la gente se casa, se descasa...

Verónica: O no se casa, pero logra ser feliz. Sí, mamá, aunque no lo creas: fe-liz.