Opinión
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Esos son, esos son
Hermann Bellinghausen
C

uando estos días recorremos México la horrible (en paráfrasis al ensayo pionero Lima la horrible, Era, 1964, de Sebastián Salazar Bondy, recordado más por su título que por su contenido, y que daría marco teórico a las primeras novelas de Mario Vargas Llosa), en la inundación de megaanuncios y espectaculares que nos ensucian la vista, hay uno que resalta por la significativa fealdad de los personajes que retrata, irreconocibles de lejos entre el tráfico. Hay viejos bonitos, pero no este par. Bajo el rubro Las fortunas más prósperas, el pasajero, transeúnte o automovilista contempla dos jetas de señor y se pregunta ¿esos, quienes son? No se parecen a Slim (un rostro muy reconocido), así que. Sí, los otros dos multimillonarios de grandes ligas: Germán Larrea y Alberto Bailleres. La revista financiera Forbes México (abril de 2017), muy en lo suyo, pondera la bonanza en aumento de estos barones. Sus rostros dibujados para la portada de Forbes en la distancia urbana son irreconocibles por inespecíficos. El dato básico es que ambos incrementaron su caudal el último año en más de 50 por ciento. Quien haya marchado alguna vez contra el sistema recordará: esos son/esos son/los que chingan la nación.

Sobre todo si oponemos los motivos de su fantástica prosperidad a, digamos, el reporte Grandes consumidores de agua: el caso de las mineras en México, reseñado en estas páginas por Carlos Fernández Vega (3/5/17). La lectura paralela de los impecables reportes de Forbes y el Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública (Cesop) de la Cámara de Diputados documenta lo que yace en el fondo de nuestra devastada realidad: la prosperidad de estos señores y la decisión de Estado de favorecerlos hasta la ignominia.

Las familias Larrea con sus 13 mil 800 millones de dólares y Bailleres con 10 mil 800 basan su auge en la extracción de metales de nuestro subsuelo. La primera es reina del cobre; la segunda del oro, la plata y la piñata. ¿Cómo le hizo Larrea? se pregunta Forbes (extensible a Bailleres). La respuesta se halla en el subsuelo y en los mercados en los que el Grupo México vende sus productos. Sus minas de cobre alcanzaron en 2016 una producción récord de más de un millón de toneladas. Además, ojo, al cierre del año los precios del metal tuvieron un repunte por la expectativa de un mayor gasto en infraestructura en Estados Unidos tras el triunfo de Donald Trump. De estos ingresos, 72 por ciento proviene de las minas, y es en dólares (¡ajúa en Jauja!). Añádase que “el cash cost de 1.08 dólares por libra de cobre” es el más bajo de la industria. Pregunten si no a los pobladores y trabajadores. Así, entre Southern Copper y Grupo México, Larrea hizo 52 mil 300 melones de billetote verde.

El grupo Peñoles, principal negocio de Bailleres, tuvo una variación favorable de ¡137.9 por ciento! respecto a 2015, aunque a diferencia de Larrea las tasas de interés y la depreciación del peso no le favorezcan en lo inmediato. El muro de Trump no será de oro ni de plata.

Según el reporte del Cesop, que documenta los excesos de los consorcios mineros, sobresalen Grupo México (Larrea), Peñoles (Bailleres), Frisco (Slim) y los presuntos canadienses. Durante 2014 se extrajeron casi 3 millones de litros de agua por segundo en todo el país. Grupo México ocupa las mayores extensiones en la concesión de territorios de explotación minera. Sólo este grupo, que en Buenavista del Cobre contaminó los ríos Sonora y Bacanuchi en 2014, consume anualmente más de 90 millones de metros cúbicos y tiene 142 concesiones federales para extraer agua. Estamos hablando de la industria extractiva que más ha dañado, objetivamente, la vida de cientos de comunidades hoy divididas, contaminadas, destrozadas o en manos del crimen organizado.

Sirva mencionar los otros grandes negocios de Larrea y Bailleres. Del primero, Ferromex, la ferroviaria más grande y rentable, y la de mayor cobertura en México, incluidos cinco puntos fronterizos con EU (Forbes); en otras palabras, Larrea es dueño de La Bestia que, reconozcamos, no cobra pasaje a los migrantes. Del segundo, Femsa es la mina líquida de las aguas negras del imperialismo; su participación en Coca Cola vale 27 mil millones de dólares, a mitas por otro tanto con Eva Gonda de Rivera y familia. Como escribiera Salazar Bondy, con las grandes familias hemos topado. Ellas incrementan su opulencia y prosperan de acuerdo con la objetividad del presente.

En el privilegio de este par de avaros que ríete de Balzac (ambos carecen de perfil social, cultural o filantrópico) está el origen de su éxito. El multicitado ¿en qué momento se había jodido Perú? de Conversación en La Catedral se acomoda al presente mexicano. Veamos a los grandes beneficiados.

Que ni qué, esos son.