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Despedir al director de la FBI quitó gran presión, dijo el presidente a rusos: NYT

En medio de una crisis política se inicia la primera gira internacional de Trump
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 20 de mayo de 2017, p. 26

Nueva York.

Donald Trump se escapó este viernes a un reino antidemocrático, pero llegará como un presidente perseguido, que no podrá huir de la creciente crisis política que deja en su tierra, durante su primera gira internacional, mientras en casa todos están en espera de lo que ya se anticipa como uno de los espectáculos más dramáticos de años recientes: el testimonio del investigador cuyo despido desató los fantasmas del Watergate.

Poco después de despegar el Air Force One, no faltaron nuevas revelaciones para continuar nutriendo la tormenta alrededor del viajero. Trump comentó al canciller y embajador rusos, quienes lo visitaron en la Casa Blanca el 10 de mayo, que el despido del director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), James Comey, el día anterior, le había quitado de encima gran presión, reveló el New York Times.

Comey encabezaba una investigación desde hacía meses sobre la posible colusión de socios de Trump con los rusos durante la contienda electoral de 2016, y su despido fue lo que una semana después llevó al nombramiento de un fiscal especial por el Departamento de Justicia, Robert Mueller (director de la FBI entre 2001 y 2013), esta semana para encargarse no sólo de esa investigación sobre colusión, sino potencialmente los esfuerzos para influir, entorpecer y hasta obstruir esa pesquisa.

“Acabo de despedir al jefe de la FBI. Estaba loco, era un demente (nut job) de verdad”, informó Trump a Sergei Lavrov y Sergey Kislyak, canciller y embajador rusos. Enfrenté gran presión por lo de Rusia. Eso ya se quitó. Agregó: No estoy bajo investigación, según un documento que resumió el encuentro y es el informe oficial de la reunión, que fue leído al Times por un funcionario estadunidense. Un segundo funcionario confirmó el contexto de esas citas.

Sean Spicer, vocero de la Casa Blanca, no disputó el contenido, pero en un comunicado intentó argumentar que Trump se refería a que la manera tan pública y politizada en que Comey estaba manejando la investigación estaba imponiendo presión innecesaria en la capacidad del presidente para conducir la diplomacia con los rusos. Y como siempre, la Casa Blanca intentó revertir todo afirmando que una vez más la nota real es que nuestra seguridad nacional ha sido minada por la filtración de conversaciones privadas y altamente clasificadas.

Mientras la Casa Blanca denunciaba las filtraciones, hubo otra más desde ahí. Fuentes revelaron que la investigación en curso sobre la posible colusión entre la gente de Trump y los rusos ya ha designado como persona de interés significativa a un asesor de alto rango activo y muy cercano a Trump, indicando no sólo que se ha acelerado la pesquisa, sino que ya está llegando a los niveles más altos de la Casa Blanca, reportó ayer el Washington Post.

A la vez, por la noche se confirmó que Comey se presentará ante el Congreso para declarar en una sesión pública por primera vez desde su despido, anunció el Comité de Inteligencia, en lo que promete ser un capítulo que captará la atención mundial en esta telenovela.

Todo esto mientras Trump volaba a Arabia Saudita para ser recibido como parte de la realeza, donde se espera que se anunciará, entre los regalos de la cooperación, un acuerdo para vender a sus anfitriones unos 110 mil millones de dólares en armas y equipo bélico. De ahí partirá hacia Israel, donde hace poco se anticipaba una visita esplendorosa entre los dos gobiernos derechistas que tanto se admiran mutuamente, y que comparten una obsesión con muros, pero ahora llegará como alguien que divulgó inteligencia ultrasecreta proporcionada por Tel Aviv a los rusos en esa reunión en la Casa Blanca, donde calificó de loco al ex director de la FBI.

La gira, que incluye escalas en el Vaticano y Bruselas (para una reunión de la OTAN), se había concebido como viaje de alto perfil, en la cual se exhibiría el gran talento de negociación empresarial aplicada a problemas como la paz en Medio Oriente. La simbología incluía su presencia en epicentros del mundo musulmán, judío y cristiano. Pero ahora sus contrapartes darán una bienvenida más cauta al recibir un presidente bajo sospecha y cuya longevidad está ahora en duda.

Algo perdido debajo de tanto escándalo arriba son las iniciativas dramáticas de la agenda política de Trump, que siguen avanzando. En su asalto contra migrantes, las cifras oficiales de los primeros tres meses de Trump registran un incremento dramático en el arresto de migrantes sin antecedentes criminales.

En otros rubros, se continúa avanzando en desmantelar las normas y programas ambientales, mientras se propone una reducción dramática en el presupuesto de la Agencia de Potección Ambiental. El procurador general, Jeff Sessions, ordenó a los fiscales federales regresar a las políticas más severas de la guerra contra las drogas, que llevaron al país a tener el pueblo más encarcelado del mundo y que se estaban abandonando, desafiando así un creciente consenso bipartidista en favor de una reforma del sistema criminal. A la vez, se avanza en promover la privatización de la educación pública.

Propuestas preliminares para el presupuesto del año entrante incluyen un masivo incremento de unos 52 mil millones de dólares al gasto militar.

Pero todo esto podría ser puesto en duda, dependiendo de la tormenta política y los efectos en la opinión pública. La aprobación pública de Trump se ha desplomado a 38 por ciento, nivel más bajo desde su toma de posesión (56 por ciento desaprueba), según la encuesta de Reuters/Ipsos difundida ayer.