Opinión
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TLCAN y la precariedad laboral
Ana María Aragonés
N

o pasa un día sin que Donald Trump lance alguna de sus bombas contra México, temas le sobran, el muro fronterizo que el país pagaría, los indocumentados a los que debe expulsar, el terrible acuerdo comercial TLCAN del que saldrá porque México roba empleos, etcétera. Exabruptos que pretenden afectar en su favor la negociación, pero que México parecería no toma en cuenta pues según Luis Videgaray, hay que mantener la cabeza fría, ser firmes y no sobre reaccionar y para José Antonio Meade, México debe negociar con sobriedad, con temple y sin estridencias. La verdad es que el acuerdo comercial ha sido benéfico para Estados Unidos, pero no para México pues los objetivos no se alcanzaron y el primer mundo sigue muy alejado.

Es preocupante que no se tenga una idea más clara acerca de las propuestas de los negociadores mexicanos, supuestamente el secreto es por estrategia, aunque la verdad hay mucha opacidad. Y lo poco que se ha podido conocer, no parece responder a un diagnóstico claro y objetivo que tome en cuenta las consecuencias que este tratado ha tenido para la economía, la sociedad y los trabajadores mexicanos después de 23 años de funcionamiento. A continuación analizamos algunos rubros que evidencian el fracaso del TLCAN para los trabajadores mexicanos.

El primer sector afectado fue el campo mexicano. Por un lado se redujeron los subsidios al mismo tiempo que Estados Unidos los incrementó y México perdió autosuficiencia alimentaria y competitividad. Se convirtió en claro importador de productos esenciales de la dieta del mexicano, al tiempo que exportaba fuerza de trabajo que se incorporaría a los campos estadunidenses. México pasó de ser el sexto receptor de productos agrícolas de Estados Unidos en 1990 y el tercero para 2016 (Departamento de Agricultura de Estados Unidos).

De acuerdo con FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola) 17 millones de personas se encuentran en situación de pobreza rural lo que convierte a México en uno de los países más rezagados ya que sólo pudo reducir la pobreza rural en 20 por ciento en tanto que Chile y Brasil consiguieron una disminución de 56 y 42 por ciento respectivamente. Por es lamentable que el secretario de Agricultura mexicano, José Calzada Rovirosa, señale que es necesario mantener las condiciones que ya tienen los productores del campo en los tres países

Después de 23 años la población que se encontraba en pobreza extrema prácticamente se mantuvo pues en el año 1992 se situaba en 21.4 por ciento y para el año 2012 fue 19.7 por ciento, es decir no hubo ningún beneficio con el TLCAN (Coneval). El salario mínimo en Estados Unidos es más o menos en 7.25 dólares por hora y en México el equivalente es de 0.50 dólares. Se dice que muy pocas personas ganan el salario mínimo, pero de acuerdo con el Inegi son 7 millones 894 mil personas las que se encuentran en ese nivel (15 por ciento de la población) lo cual hace imposible que estas personas obtengan la canasta alimentaria pues se requieren 2 mil 700 pesos por persona al mes. Sin embargo la posición de una parte de los industriales mexicanos es contraria al aumento de los salarios mínimos porque supuestamente incrementaría la inflación, pero esto es incorrecto porque la productividad ha crecido más que los salarios. Por lo tanto, lo que se busca es mantener la competitividad sacrificando los salarios de los trabajadores.

Otro rubro indispensable para conocer los niveles de desarrollo es el acceso a la salud, y los datos para 2015 señalan que sólo 36.6 por ciento de la población ocupada cuenta con ese beneficio (Inegi, 2015). Y en cuanto al mercado laboral, el número de trabajadores que se desempeñan en la economía informal se ha mantenido en 57.2 por ciento de las personas durante la última década, cuyos salarios son precarios y carecen de protección social ( La Jornada, mayo 2017).

Finalmente los flujos migratorio se incrementaron en forma impresionante, sobre todo los indocumentados al pasar de dos millones en 1990 a 5.8 millones para el año 2004; en tanto que la migración total de mexicanos para 2002 había alcanzado 9.8 millones en Estados Unidos (Jeffrey Passel).

Si México quiere transitar hacia el desarrollo es imprescindible revertir estas ominosas condiciones vividas por los trabajadores en el marco del TLCAN, por lo tanto, los negociadores mexicanos están obligados a incorporar los temas laborales, de derechos humanos y migración.