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Disquero
Máximas de la música mínima
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Danza ritual de la secta conocida como Shakers, en el siglo XVIII, hasta alcanzar el éxtasis
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Dibujo realizado por John Coltrane como resultado de su práctica musical y su relación con las matemáticas
Pablo Espinosa
 
Periódico La Jornada
Sábado 14 de octubre de 2017, p. a16

En los estantes de novedades discográficas esplende un objeto del deseo: Minimal goes popular. Klassiker der Minimal Music (Lo minimal se hace popular. Clásicos de la Música Minimalista, con el sello Decca), edición alemana en un retrato al cuerpo completo de la composición musical reciente, en particular la que han escrito autores a quienes se les ha impuesto una etiqueta horrorosa, pero llamativa: minimalistas.

John Adams, Philip Glass, Michael Nyman, Steve Reich, Terry Riley y Henrik Górecki son los autores cuya música embellece este disco compacto imprescindible.

A todos ellos ha entrevistado el autor del Disquero y cada uno ha negado ser minimalista.

Además, el minimalismo ya ni existe, así como tampoco sobrevive la música clásica, dado que se trata de periodos creativos en la línea del tiempo de la historia de la música. Sólo perviven en partituras y en grabaciones discográficas, como la que hoy nos ocupa.

El disco que ahora recomendamos resulta, entonces, un registro documental magnífico de lo que fue tal movimiento, y al mismo tiempo, de lo que NO es minimalismo.

La edición, curaduría, ordenamiento de los materiales sonoros que en este álbum disfrutamos resulta una visita guiada de privilegio: un equilibrio pasmoso entre pasajes líricos y tres monumentos del minimalismo.

Mencionaré ahora esos tres prodigios: Shaker Loops, de John Adams (track inicial); Drumming, de Steve Reich (track tres); In C (En Do), de Terry Riley (corte número seis).

Esas son las obras maestras del minimalismo. El resto del material del disco pertenece al territorio de la música libre, pensante, maravillosa: Glassworks, Violinkonzert, Heroes Symphony y Metamorphosis One, de Philip Glass; A zed and two noughts, de Michael Nyman; y el movimiento lento de la Sinfonía 3 de Gorecki, son los pasajes alternantes en este álbum.

Para, digamos, introducir, al público no avezado en el tema del minimalismo y sus variantes, los antologadores reunieron en este disco pasajes representativos, todos ellos dotados de encanto, energía hipnótica.

El arranque del disco es arrebatador: el primer movimiento de Shaker Loops, de John Adams. Escucharlo en estos días, por cierto, resulta una experiencia literalmente estremecedora. Su título: Shaking and trembling además de por supuesto el efecto que produce esa música, nos remite inevitablemente a la sensación que nos aqueja a diario a quienes percibimos los levísimos movimientos telúricos que de manera natural ocurren a manera de réplicas del temblor del 19 de septiembre.

El compositor, John Adams, se inspiró en la experimentación científica de los cuerpos de agua en movimiento, pero también en su experiencia cuando niño, en el campo estadunidense, donde creció y se llenó de asombro al visitar continuamente un espacio baldío de lo que fue uno de los epicentros de una secta denominada precisamente Shakers, cuáqueros protestantes que en el siglo XVIII practicaron la abstinencia del matrimonio, la dualidad bíblica hombre-mujer (y Dios creó a la mujer a semejanza del hombre) y sesiones de baile frenéticas donde alcanzaban el éxtasis, según podemos apreciar en la ilustración que incluimos en esta página.

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Philip Glass en su estudio, con un ser felino
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Terry RileyFoto Pablo Espinosa

Para lograr el efecto shaker, John Adams pide a los ejecutantes hacer, literalmente, temblar las cuerdas de sus instrumentos y al mismo tiempo saltar temblando, agitadamente de una nota a la siguiente, siguiendo un procedimiento que él mismo reconoce inventó su maestro, Steve Reich, y de esa manera mágica enlazamos con el segundo de los monumentos del minimalismo, cuya escucha de las partituras completas recomiendo absolutamente (todas ellas están en Spotify): Drumming, experiencia sencillamente fascinante, construida a partir del sistema que desarrolló Steve Reich: phasing, consistente en hacer sonar dos instrumentos, uno de ellos siguiendo al segundo, con melodías diferentes y produciendo la sensación de unísonos.

Escuchar este disco, y en particular Drumming, otorga al escucha la sensación, certeza y magia de las matemáticas sonando. Cada uno de esos compositores, en las ocasiones en que los he entrevistado, aceptan a pie juntillas su compromiso, esfuerzo y dedicación al arte de las matemáticas a la hora de sentarse a escribir sus partituras. Y eso nos remite en automático a la música profundamente espiritual de John Coltrane, que para algunos se llama jazz pero para mí es ave, caricia, vuelo del alma. Y matemáticas. La prueba está en el dibujo que reproducimos también en esta página, que realizó John Coltrane a partir de su práctica musical y que algunos musicólogos emparentan, acertadamente, con el mismo principio que siguió Albert Einstein para su teoría de los quanta.

La repetición de una célula motívica está en el corazón de lo que fue el movimiento minimalista. Terry Riley, con su obra clásica En Do, es reconocido como el fundador y yo subrayo: fundador-patriarca-inspirador espiritual, pues formado en el budismo y las prácticas espirituales en India, traslada el poder de los mantras, cuya repetición genera energía, paz, salud mental, inspiración, felicidad, elementos que proporciona la escucha de su música y eso lo podemos experimentar con la escucha de su obra en Do, uno de cuyos fragmentos podemos escuchar en el disco de hoy y aprovecho para recomendar ampliamente visitar una versión bellísima de In C, a cargo del grupo Brooklyn Raga Massive, disponible en Spotify.

Esos son los tres monumentos minimalistas cuya escucha sugiero celebrar a manera de ritual.

De entre los otros materiales de esta grabación sensacional, hay mucho por decir. En aras del espacio, me limitaré a poner de relieve el track siete, Abdul Majid, segundo movimiento de la Sinfonía Héroes, que compuso Philip Glass en colaboración con David Bowie y Brian Eno. Es sencillamente sublime.

Corolario: la escucha de este disco maravilloso contradice a la Coneja Popular en su frase: se oye mal, pero se siente bien el animal. Por el contrario, luego de disfrutar este álbum, uno escucha mejor y se siente, como dicen en mi pueblo: atodamaye.

disquerolajornada@gmail.com