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Astillero

¿Despistarse?

Peña corrige a Videgaray

Engaños y destapes

PRI emite convocatoria

Julio Hernández López
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PRI EMITE CONVOCATORIA RUMBO A 2018. El presidente de la comisión nacional de procesos internos del PRI, Rubén Escajeda Jiménez (centro) y miembros de esa instancia dieron a conocer a los medios que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI emitió la convocatoria a militantes y simpatizantes para la elección de su candidato a la Presidencia de la República. El proceso culminará el 18 de febrero, cuando la Convención Nacional de Delegados elija a quien participará por el tricolor en los comicios de 2018Foto Yazmín Ortega Cortés
Q

ue alguien se despiste no significa solamente que se muestre confundido, desorientado o extraviado. También puede significar que alguien se salga de una pista (de aterrizaje, por ejemplo) por un error de cálculo del conductor.

Luis Videgaray Caso, siempre exitoso en la tripulación de muchas decisiones trascendentes asumidas por Enrique Peña Nieto, pareciera haber caído ayer en esa doble acepción del vocablo despiste. Si es que no se está en presencia de uno de esos juegos de engaño que tanto han gustado en las alturas de Los Pinos a diversos ocupantes a la hora de proponer al siguiente inquilino, el piloto de vuelo, Videgaray, midió mal los tiempos, exageró la lectura de la carta de navegación de su cuatacho José Antonio Meade Kuribreña y obligó a Peña Nieto, a hacer ajustes y a tratar de tirar lastre.

Fue en Baja California Sur, entidad bajo el azote atroz de la delincuencia organizada, donde Peña Nieto salió al paso del aparente destape que el virtual vicepresidente ejecutivo, Videgaray, había hecho un día atrás: no se despisten, el PRI no elige a su candidato a partir de elogios o de aplausos entre los varios miembros que hay en sus filas.

Dijo más cosas el ocupante de Los Pinos, pero lo sustancial fue la frase aquí citada. Sonriente, con aire pícaro, Peña Nieto trazó una línea de referencia que habrá de mostrar si Videgaray y Meade fueron los despistados (y el dedo peñista se posa en otro aspirante, en un proceso aún de largo aliento, conforme a la convocatoria priísta anunciada ayer, ya sea el hasta ahora aparentemente rezagado Aurelio Nuño o el hasta ahora aparentemente menospreciado y maltratado Miguel Ángel Osorio Chong) o el realmente despistado fue el propio Peña (si es que, a fin de cuentas, tiene que cumplir con la designación a dedo del madrugador Meade).

Peña aprovechó, en todo caso, para presumir cierto oficio en el tema de la grilla electoral a la que, según sus cercanos, sí le sabe (de la misma manera que no le sabe casi a nada de lo demás). Se exhibió abiertamente como el depositario absoluto de los secretos y los tiempos de la liturgia del dedazo, aprovechando la salida de pista (inducida o natural) del ansioso Videgaray.

El propio canciller trató de enmendar ayer mismo el revuelo que generó con sus palabras de aparente destape de Mid, las cuales fueron retomadas y analizadas en todos los medios de comunicación. Arguyó que había hablado en términos elogiosos de los tres secretarios de estado que habían comparecido el miércoles ante los diplomáticos extranjeros. Aunque, claro, no es lo mismo hablar con calidez, gratitud y reconocimiento a su talento y trayectoria de Ildefonso Guajardo, el secretario de Economía, cuyo horizonte político está acotado por el trabajo decepcionante realizado ante los negociadores gringos del tratado libre comercio, o de Enrique de la Madrid, el secretario de Turismo que nunca ha estado en la posibilidad real de ser candidato a la sucesión, que hacerlo respecto a Meade, hasta ayer el precandidato más fuerte, considerado por muchos observadores, y a partir de muchas circunstancias y pistas, como el virtual ganador de la contienda.

Cierto es que el proceso del tapadismo siempre ha sido propicio para historietas de engaños, falsedades y retorcimientos. El historiador Óscar G. Chávez, por ejemplo, escribió en 2015 en La Jornada San Luis un texto sobre el alto refinamiento de Adolfo Ruiz Cortines en el proceso de designación del candidato priísta a la sucesión: Con una genialidad magistral supo provocar enfrentamientos entre los miembros de su gabinete; amante de las metáforas y los retruécanos del lenguaje, logró que las atenciones masivas se centraran en aquellos a los que hizo creer que eran, pero que nunca llegarían a serlo (https://goo.gl/C6qpq2). A fin de cuentas, en aquel episodio el designado fue Adolfo López Mateos, por razones que sólo supo el dedo elector.

Recordados son también los pasajes de los dedos electores que de inmediato se sintieron traicionados por los elegidos que se mostraron distintos a como eran o parecían ser mientras eran subordinados y esperaban la designación superior. Gustavo Díaz Ordaz estuvo tentado a retirar la candidatura al locuaz y extrovertido Luis Echeverría que antes había sido introvertido y silencioso. José López Portillo, ya como presidente, envió grotescamente a Luis Echeverría a una embajada a las islas Fidji para mostrar a éste que ya no era quien mandaba. Luis Donaldo Colosio murió en circunstancias aún no esclarecidas, mientras trataba de zafarse de las redes de control que le imponía un Carlos Salinas de Gortari exploratorio de relecciones no inmediatas. Ernesto Zedillo botó a Salinas a un virtual exilio, con el hermano comisionista, Raúl, en la cárcel.

Así que, ¿con quién se sentirá en menos riesgo Peña Nieto? ¿El poderío de la dupla Videgaray-Meade le acomoda para garantizar continuidad del equipo que le incluye o, por el contrario, le sería más funcional optar por una carta relegada, que pudiera sentirse agradecida al deberle todo al ex gobernador del estado de México? ¿El resbalón de Videgaray le facilitará optar por Nuño, distanciado de Videgaray pero no confrontado con él, apostador a una carrera totalmente de la mano de Peña? ¿Todo esto ha sido un juego más de apariencias, y el bueno será Meade, como siempre se había programado, despistes aparte?

La respuesta se llevará todavía su tiempo. Ayer se emitió la convocatoria para la postulación del candidato presidencial priísta. Los interesados tendrán diez días para conseguir apoyos de la militancia, si ellos son militantes (Osorio, Nuño y Narro, por ejemplo) o simplemente presentar su solicitud si no son militantes (como Meade). El tres de diciembre se dirá si hubo aspirantes que llenaron los requisitos y, de ser más de uno, iniciarán una precampaña interna, para que el 18 de febrero una convención de delegados (desde ahora plenamente controlada por Peña) elija al candidato. Así que, ¡hagan sus apuestas (con cartas marcadas), señores priístas! ¡Y nos leemos, aquí, el próximo lunes!

Twitter: @julioastillero

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