Cultura
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Un pueblo sin cultura es un pueblo oscuro dice doña Irma Arana, de Ciudad Obregón
Elena Poniatowska
M

uy elegante, alta y esbelta, sin un solo cabello fuera de lugar, doña Irma Arana es uno de los grandes personajes de Ciudad Obregón. Cuando ella hace su entrada es tanta su autoridad que todo el mundo guarda silencio. Vestida a la perfección, si ella toma la palabra, lo hace con autoridad porque desde muy joven, adquirió dotes de líder o conductora de masas. Escucharla es un gusto enorme y lo hacen con atención tanto niños como adultos. Su vehemencia es capaz de derretir una piedra. No cabe duda, las norteñas, además de belleza, tienen personalidad y, al igual que María Félix, se imponen en todas las circunstancias. Hablar claro es una de sus virtudes. Otra es su esmero en su atuendo personal y en sus tacones siempre altos, a pesar de ser ella misma muy alta.

–Desde chamaquita, mi mamá me decía: ¿A dónde va Margarita Arana?, porque salía yo muy arregladita y toda la vida conservé el hábito de vestirme con mucho cuidado, llevar a la escuela un portafolio precioso y erguir la cabeza. Así fui siempre y no se me ha quitado –asienta doña Irma Arana.

Si Ciudad Obregón tiene vida cultural es gracias a la pasión de doña Irma Arana. Claro, Ciudad Obregón tiene tradiciones que provienen de los yaquis, el palo fierro con el que se tallan figuras espléndidas, pero la que congrega en torno suyo a pintores, escritores y jóvenes estudiantes es Irma Arana, quien impulsa la cultura de su estado. Muy joven viajó a Europa después de leer La muerte en Venecia, de Thomas Mann, Herman Hesse y, sobre todo, a Goethe. En su viaje a Italia, le impactó no sólo Venecia, sino Verona, toda Europa. “La piedad, de Miguel Ángel, me conmovió y me arrodillé ante la tumba de Galileo Galilei. También en Barcelona me maravilló Gaudí”. Irma Arana sabe comunicar a sus oyentes su gran amor por el arte y la literatura, y se emociona cuando dice su propia poesía que hizo que Elías Nandino la felicitara con entusiasmo.

–Cuando Claudia Pavlovich –asienta doña Irma Arana con vehemencia– ganó la gubernatura se me iluminó el corazón, los ojos, me iluminé toda, pero ella no ha respondido a mi petición. A veces pienso que no está bien informada; me recibió una vez, pero la ayuda prometida se esfumó y puedo decir que el apoyo para la cultura en Ciudad Obregón es nulo y que yo me veo como huérfana en esta administración en la que no se destina un centavo al área de la cultura. El 10 de diciembre se cumplió un año de estar rogando que me dé una cita para explicarle que nada de lo que ella aprobó en nuestra primera entrevista se cumplió. No sé las causas. A veces pienso que nos equivocamos al creer en los perfiles políticos de nuestros dirigentes y así ha sucedido con la gobernadora que me ha decepcionado totalmente. Si yo fuera presidente municipal o gobernadora, me ocuparía de la cultura de mi estado, pero por lo visto Claudia Pavlovich no tiene la sensibilidad necesaria para un puesto tan importante. No van a ser las balas, los soldados, los judiciales quienes encaucen al país contra la violencia que proviene del narcotráfico… La absoluta falta de atención a la ciudadanía se paga muy caro, y tarde o temprano la gobernadora tendrá que pagar.

Irma Arana es una de las máximas figuras de Ciudad Obregón. Cuando la acompañé a visitar a los yaquis pude comprobar cómo la quieren y confían en ella. Le consultan su gran problema: el del agua, y ella se indigna con su situación. “¿Cómo es posible que ellos, los dueños de la tierra, vivan privados de lo más básico que es el agua, que les pertenece, y los políticos y los poderosos puedan llenar sus albercas, porque a eso se destina el agua de Ciudad Obregón, al beneficio de gobernadores corruptos y políticos poderosos? El ex gobernador Padrés se burló de los yaquis. Él mismo se construyó una presa en uno de sus ranchos, lesionándolos a ellos. Hay una riqueza étnica y cultural muy grande en Sonora y a todos a los que nos hemos interesado en ella y hemos tratado de mejorarla nos ha ido mal. Pienso en la danza contemporánea, la danza prehispánica, la danza folclórica. ¿De dónde cree usted, Elena, que es la Danza del Venado? Hay muy buenas escuelas de ópera en la Universidad de Sonora; tenemos todo lo que se necesita para un buen desarrollo; nos falta que un gobernador o una gobernadora fije la vista en nuestros tesoros y apoye a quienes promovemos su cultura. Las asociaciones civiles somos una opción para el país, porque no nos importa entregar el alma a lo que hacemos. El Instituto Sonorense se fundó en 1985 en Sonora, todos los gobernadores nos apoyaron y jamás nos habían insultado como hasta ahora en que se hace patente el absoluto desdén de Claudia Pavlovich. ¡Qué diferencia con el gobernador Manlio Fabio Beltrones, que tanto hizo por nuestro estado! Tengo fotografías con él de cuando era gobernador, en nuestros actos en Cajeme, en la tierra de los yaquis, en su defensa del agua. El yaqui es una persona mayor, es un sabio como era antes, y Beltrones supo tratarlos y se preocupó por las etnias. No sólo me apoyó, sino que se apersonaba en la exposición, en la obra de teatro, en la conferencia, y eso nunca lo voy a olvidar. Beltrones apostó por la educación, dio buenos sueldos a los maestros en su tiempo, hizo todo por que floreciera una cultura independiente y eso se lo debemos todos los sonorenses”.

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Irma Arana, promotora cultural de Ciudad Obregón, Sonora, en una imagen proporcionada por la articulista

Desde hace años –gracias a su fuerte personalidad y a su generosidad– doña Irma Arana promueve conferencias y festivales y ha invitado a varios escritores y poetas para que diserten en público o digan en voz alta en el teatro de Ciudad Obregón sus cuentos y su poesía. Ella misma, poeta –amiga de Elías Nandino y ahora de Marco Antonio Campos–, ha publicado muy buenos poemarios. Rafael Tovar y de Teresa la quería mucho. Irma lo invitó a Ciudad Obregón en varias ocasiones como funcionario y como autor a presentar su libro ,y él la visitó en varias ocasiones. Carlos Monsiváis, Silvia Pinal, Marco Antonio Campos, Rosa Beltrán, Paco Ignacio Taibo, Silvia Molina, Elsa Cross y muchos otros han viajado gustosos a dar conferencias o a presentar su obra frente a una concurrencia de jóvenes entusiastas que demuestran con su interés que en Ciudad Obregón la semilla sembrada por Irma Arana ha fructificado.

–Como usted sabe, doña Elena, soy hija del ejidatario Bernabé Arana, que tuvo el privilegio de tratar a grandes personalidades y convivir con ellas. Mi papá tuvo la dicha de ser amigo del general Lázaro Cárdenas, de ir a su casa, y pude acompañarlo. Nunca olvidaré que al entrar a su casa podía leerse el poema de Blanco Belmonte: Siembro pinos, encinos y sicomoros, si el mundo no los sabe, Dios lo comprende, y esas palabras eran parte de la vida del mismo general y de la vida de mi papá, quien luchó tanto por los campesinos e hizo casas para los ejidatarios. También visitamos a Diego Rivera en su casa y él vino a la nuestra, al igual que los grabadores del Taller de Gráfica Popular… Debo decirle que mi hermana es muy buena pintora.

–De su papá heredó la capacidad de lucha que todos admiramos, doña Irma.

—Heredé su tenacidad y puedo responder a la pregunta que me hacen hoy familiares y amigos: ¿Para qué estás en cultura, si no te hacen caso los gobernantes? Una sociedad independiente, una asociación civil como la que encabezo, es una opción más para el gobierno, porque las asociaciones civiles siempre tratamos de hacer más, con mucha dificultad y sin ningún interés económico.

–Doña Irma, usted ha llevado a Ciudad Obregón a muchísima gente, grupos de teatro, de danza moderna, de ballet, de canto, de baile folclórico; también ha traído a la Ciudad de México a grupos yaquis y a grandes exposiciones de artesanías norteñas. Alguna vez asistí a una magnífica muestra en el Centro Cultural San Ángel.

–Sí, hice jornadas culturales en la Ciudad de México, en Bellas Artes, en Chapingo, en la capilla Alfonsina, en el Centro Cultural de San Ángel, en la iglesia de San Jacinto. Ha sido un esfuerzo que ni el mismo Instituto Sonorense hizo, así como nadie pensó en imprimir una revista como Yukujeeka, que difunde los valores del norte, pero también los del resto de la República, y está hermosamente ilustrada. Hoy, desgraciadamente, está detenida; solamente han salido dos números por falta de apoyo del Instituto Sonorense.

–¿Cómo nació su interés por la cultura?

–Beltrones apostó por la educación, dio buenos sueldos a los maestros en su tiempo, hizo todo por que floreciera una cultura independiente. En cuanto a mi interés por la cultura, desde que tenía 12 años, cuando conocí a Diego Rivera con mi papá, me impactó, me estremeció. Decía yo: ¡Qué bonito habla ese señor, qué bárbaro!; no entendía yo mucho, pero lo oí hablar de María Félix, de Siqueiros, de Rusia; acababa de llegar de Rusia cuando vino a mi casa invitado por mi papá y se quedó más de dos semanas con nosotros. Me tocó acompañar a Diego Rivera a varios lugares, entre ellos a Álamos, porque quería conocer la casa de María Félix, y a mí se me figuraba que él estaba enamorado de ella, la pintó, pero no como él quería: desnuda. Pienso que de ahí empecé a inclinarme por el arte. Recuerdo que cuando entré a primero de secundaria había talleres de guitarra, de cocina, de canto, de piano y dije: Papá, yo quiero tener eso en el campo, y mi papá hizo un galerón grande con ventanas y ahí iban maestros a dar clases de guitarra, de pintura, de escultura, de dibujo, de cocina. Me tocó hacer el primer carnaval y sacar a su primera reina, Ofelia Valdés.

En cuanto a la poesía, nació de la impresión que me causó una de mis maestras de español, quien me impulsó a escribir poesía, y escribir se convirtió en una pasión. Gané concursos de poesía estatal. Leí a Díaz Mirón, Salvador Novo, Ramón López Velarde, Octavio Paz, Carlos Pellicer; nunca pensé que conocería a ese gremio de tan cerca. También la poesía y la vida me han enseñado que si nunca te mueves, nunca recibes ataques, y como promotora cultural he tenido que librar muchas batallas, pero no me he dejado vencer. Ahora quiero que nuestros políticos comprendan que desde kínder los niños deben tener talleres de dibujo, canto, modelado, baile, gimnasia, teatro para que hablen de sus cosas y aprendan a amar a nuestro país.