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Bajo la lupa

Rusia y China, juntos a la conquista del Ártico

Alfredo Jalife-Rahme
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Los números hablarán, dijo el presidente Trump tras aprobarse la reforma fiscal en Estados Unidos la semana pasadaFoto Crédito
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a exitosa aprobación de la reforma fiscal trumpiana comportó como colateral la muy poca publicitada exploración de hidrocarburos en el Refugio Nacional de Vida Salvaje en la parte del Ártico estadunidense (https://goo.gl/bLDqqS).

La reciente Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) trumpiana incluye a Rusia y China como rivales estratégicos (https://goo.gl/JxkhsE) y aboga, además, por la seguridad energética de EU.

No lo explica el ESN, pero en forma implícita se desprende la competencia que ya empezó por el futuro del Ártico entre las tres superpotencias: EU/Rusia/China.

Cabe destacar que Trump elevó, como pilares de la ESN, el delicado asunto migratorio y a la economía, concomitante al impulso de una política energética independiente de EU, mientras degradaba el cambio climático tan procurado por Obama.

La producción en el Ártico por EU requiere un mínimo de 70 dólares el barril, lo cual beneficiará a los productores y dañará a los importadores.

Desde hace 10 años detecté el inicio de la nueva guerra gélida por los hidrocarburos del Ártico (https://goo.gl/9CFJ4).

Ahora en 2017 puedo afirmar que Rusia y China, con su colaboración energética, han dejado atrás a EU por el control y explotación integrales del Ártico.

Hace 10 años comenté en forma premonitoria que “es probable que los historiadores citen el inicio oficial de la nueva guerra gélida, dadas las coordenadas donde se desarrolla, el primer día de agosto pasado (nota de 2007), cuando la tripulación rusa de dos submarinos expedicionarios colocó su bandera de un metro de altura y de material anticorrosivo de titanio a una profundidad de 4 mil 200 metros”. En ese momento califiqúe de genial la “jugada geoestratégica de Vlady Putin”.

En 2007 consideré: más allá de la posesión de las 200 millas naúticas (320 kilómetros), la Convención de la Ley Marítima de la ONU (UNCLOS, por sus siglas en inglés) extiende la propiedad a las placas geológicas continentales cuando la posesión del Ártico se volvió un asunto meramente geológico: si Rusia demuestra que 45 por ciento del Ártico, donde se asientan las pletóricas reservas de hidrocarburos, constituye la prolongación de las placas Lomonosov y Mendeleyev, muy poco podrán discutir los otros siete países ribereños sobre el contenido de la convención que EU se arrepentirá toda su vida de no haber ratificado.

Luego, hace nueve años, abordé la nacionalizacion de las aguas profundas del Ártico por Rusia (https://goo.gl/AoonP2). En ese momento los muy desacreditados “analistas ( sic) anglosajones” se burlaban de la capacidad de las empresas principales energéticas rusas de poseer las necesarias inversiones y tecnologías. Ese supuesto escollo ha sido superado con creces nueve años después gracias a las inversiones complementarias de China en el sector energético ruso.

Hoy, nueve años más tarde, durante su clásica conferencia anual de cuatro horas de duración, Vlady de Arabia (https://goo.gl/4pKPPM) expresó su disposición a establecer una cooperación financiera con China para “conseguir un transporte de bienes mucho más favorable desde el punto de vista económico entre Asia y Europa sobre la Ruta del Mar norteño (Northern Sea Route) comparado con las rutas alternativas (https://goo.gl/hgwLh5)”.

Para Vlady de Arabia el desarrollo industrial en el Ártico, en cooperación notable con China, constituye una de las máximas prioridades para Rusia.

Una semana antes, Vlady de Arabia había inaugurado la nueva planta de gas licuado Yamal LNG desde el puerto Sabetta en Siberia, según el portal noruego The Independent Barents Observer (https://goo.gl/1QmwZm).

La segunda gasera rusa, Novatec, encabeza el proyecto de gas licuado Yamal LNG que tiene un costo de más de 27 mil millones de dólares, con notoria contribución de la Federacion Rusa. El Fondo Ruta de la Seda (Silk Road Fund) detenta 9.9 por ciento de Yamal LNG, al unísono de otros accionistas como la rusa Novatec (50.1 por ciento), China National Petroleum Corporation (20 por ciento) y la francesa Total (20 por ciento).

Se trata de un colosal proyecto de infraestructura que tendrá una capacidad anual de transporte de más de 20 millones de toneladas y que será concluido el año entrante.

Más allá de la presencia de Vlady de Arabia, contó con la asistencia de representantes de los gobiernos de China (¡súper sic!), Francia y Arabia Saudita. El transporte será realizado con tankers, sin necesidad de la ayuda de rompehielos, y uno de los cuales lleva de nombre en forma simbólica Christophe de Margerie, anterior mandamás de la empresa francesa Total y quien saliendo de un acuerdo con el entonces primer ruso Medvedev sufrió un accidente en su avion privado en los cielos rusos y que no pocos consideran como un atentado teledirigido por la CIA, como sucedió con el empresario petrolero italiano Enrico Mattei, mandamás de ENI asesinado en 1962, quien incitó a las petromonarquias árabes a liberarse del yugo estadunidense.

Llama la atención que Vlady de Arabia se haya acordado del icónico Christophe de Margerie tres años despues de su deceso.

Se ha gestado una asociacion estratégica (joint venture) entre China, LNG, y la importante transportista noruega Teekay LNG (con sede en las Bahamas): firmaron un convenio por mil 600 millones de dólares para trasladar el gas licuado en seis carriers (construidos por Daewoo de Corea del Sur), que convergerá con el proyecto ruso Yamal LNG.

China busca reducir su dependencia en el carbón contaminante y el célebre banco AIIB (https://goo.gl/WqyRRK) aprobó un préstamo simbólico de 20 millones de dólares para conectar a más de 200 mil casas rurales chinas con su red de distribución de gas natural.

Según el Oxford Institute for Energy Studies (OIES) el potencial de extracción de hidrocarburos de Rusia en el Ártico es enorme: donde se concentraría por lo menos la cuarta parte de las reservas de petróleo y gas del mundo sin explorar (https://goo.gl/FG2Qnd).

Existe una zona política muerta en la cercanía del centro del Ártico que se disputan con Rusia otros cuatro países: EU, Canadá, Noruega y Dinamarca (https://goo.gl/kG8odJ).

OIES define la apertura de rutas de transporte estratégico que conectan la región polar a los principales mercados de energía como consecuencia del cambio climático y el deshielo polar.

La apertura de la Ruta Norteña Marítima y del Pasaje Noroccidental tiene el potencial de transformar los patrones de transporte global.

La Ruta Marítima Norteña y el Pasaje Noreste va del nor-atlántico a lo largo de la costa siberiana hasta el lejano oriente ruso y el Océano Pacífico.

En comparación con las “conocidas rutas marítimas sureñas a través de los canales de Suez o Panamá, la Ruta Norteña ofrece una reducción considerable (casi 40 por ciento) en la distancia de viaje entre Europa y la costa occidental de Norteamérica, Noreste de Asia y Lejano Oriente (https://goo.gl/GCXba8)”.

Dejo de lado la hipótesis lúgubre de que una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia se escenificaría en la cortedad de la distancia que ambas superpotencias comparten con el Ártico.

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