Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 14 de mayo de 2006 Num: 584


Portada
Presentación
La rebelión estudiantil de 1918 en Córdoba, Argentina
RAQUEL TIBOL
Autorretrato con gorra de terciopelo
AVIGDOR ARIKHA
Rembrandt y la sombra de las Pirámides
RICARDO BADA
Rembrandt y el cuerpo
JOHN BERGER
Rembrandt en su propia existencia
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ
El humor en la pintura
RICARDO GUZMÁN WOLFFER
Entrevista con ARTURO RIVERA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO
Bazar de asombro

Columnas:
Ana García Bergua

Javier Sicilia

Naief Yehya

Luis Tovar

Germaine Gómez Haro
Jorge Moch

(h)ojeadas:
Reseña de Jorge Moch sobre Cuerpo náufrago

Reseña de Alberto Chimal sobre Reportaje al pie de la horca


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

 

 LA JORNADA VIRTUAL 

NAIEF YEHYA
naief.yehya@gmail.com

LOS MUY OCCIDENTALES ORÍGENES DEL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO (IV)

LOS USOS DE LOS EXTREMISTAS

Partiendo del extraordinario libro Devil’s Game, de Robert Dreyfuss, continuamos aquí haciendo un breve recuento de la historia del extremismo islámico. Resulta inquietante que a finales de la segunda guerra mundial, eu decidiera establecer contactos regulares con un grupo internacional abiertamente terrorista como la Hermandad Musulmana, el cual era abiertamente profascista y contaba con el apoyo de nazis refugiados en el mundo árabe. Sin embargo, así como los ingleses habían usado a los fundamentalistas en su expansionismo colonialista, los estadunidenses, quienes no contaban con un cuerpo de expertos y veteranos en la región como los ingleses, decidieron reciclarlos como mecanismo anticomunista. En ese momento los británicos veían disolverse su inmenso poder en la región, por lo que trataron de crear alianzas (como el Pacto de Bagdad) entre las naciones que esperaban seguir manipulando. Pero en gran medida no tuvieron la influencia esperada y no pudieron detener el avance estadunidense en el Oriente Próximo.

LA TRAGÍCA EPOPEYA DE NASSER

Nasser logró sobrevivir a la Guerra del Canal de Suez en 1956, cuando Francia, Inglaterra e Israel atacaron a Egipto. La guerra parecía perdida pero la intervención soviética y una orden de Eisenhower obligó a las potencias europeas a retirarse del Canal de Suez antes de lograr su principal objetivo que era derrocar al presidente egipcio. Esto provocó la renuncia de uno de los principales enemigos de Nasser, el primer ministro británico, Anthony Eden (quien declaró: "Quiero que lo asesinen... Y me importa un demonio si se desata la anarquía y el caos en Egipto", como cita Stephen Dorril). Nasser, en 1954 (cuando trataron de asesinarlo con ocho disparos durante un discurso público se negó a suspender y siguió hablando: "Déjenlos que maten a Nasser. ¿Quién es Nasser sino uno entre muchos? Mis queridos compatriotas. No se muevan de ahí. No estoy muerto, estoy vivo e incluso si muero todos ustedes son Gamal Abdel Nasser") confrontó y logró controlar a la Hermandad Musulmana (a quienes llamaba "terroristas medievales"). Al mismo tiempo se convirtió en la pesadilla de los servicios de inteligencia estadunidenses quienes lo veían como su principal enemigo en Oriente Próximo. Allen Dulles, el director de la cia, y John Foster Dulles, el secretario de Estado, ni siquiera imaginaban la clase de amenaza que representaba la Hermandad, pero estaban obsesionados con la fantasía de que Nasser era comunista. Nada podía estar más lejos de la verdad. Nasser persiguió a comunistas y socialistas en quienes no confiaba y veía como enemigos, además de que el apoyo que recibía de los soviéticos era siempre cauteloso y limitado. La Hermandad se reorganizó y volvió a lanzar ataques a mediados de los años sesenta. Nuevamente Nasser los confrontó, logró desmantelar a la organización, envió a prisión a muchos líderes e incluso ejecutó a su principal teórico Sayyid Qutb (conocido como la principal inspiración ideológica de Bin Laden). Al llegar John F. Kennedy al poder trató de cambiar el rumbo de su administración y establecer relaciones con el gobierno egipcio, aunque la buena voluntad del joven presidente fue saboteada por cabilderos prosauditas y proisraelíes, y porque Egipto se involucró en la guerra revolucionaria de Yemen, la cual era percibida como una amenaza directa contra Arabia Saudita. Nasser, quien era célebre por fumar cinco paquetes de cigarrillos al día, se salvó de varios intentos de asesinato (por lo menos uno en el que trataron de envenenar su tabaco) y más conspiraciones, pero en cierta forma fue culpable de su catástrofe y de la debacle del nacionalismo árabe, la cual tuvo lugar tras la terrible derrota de los ejércitos egipcio, sirio y jordano en la Guerra de los seis días contra Israel, en la cual todos perdieron parte de su territorio, pusieron en evidencia su inferioridad militar y dejaron un amargo sabor de boca en todo el mundo árabe que eventualmente llevó a muchos a buscar esperanza en el fundamentalismo religioso. Tres años más tarde, un afligido y agotado Nasser (tras décadas de jornadas de dieciocho horas de trabajo) murió a los cincuenta y dos años de un infarto, el 28 de septiembre de 1970, al tiempo que en Jordania tenía lugar la masacre de palestinos conocida como Septiembre negro. Su sucesor, Anwar Sadat, quien había sido miembro de la Hermandad Musulmana, restableció el viejo orden e hizo todo lo posible para borrar el legado de Nasser.

(Continuará)

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