Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 3 de diciembre de 2006 Num: 613


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Más allá de la belleza
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con YANNIS KOUNELLIS
Una muestra llamada a ser referente
EDUARDO ESPINA
Gonzalo Portocarrero, en prosa y en verso
PEDRO GRANADOS
Síncopes
(fragmentos, inédito)

ALLAN MILLS
Réquiem por un fracasado
GUSTAVO OGARRIO
Santa María de Onetti
CARLOS PASCUAL
De la corrección política
RICARDO BADA
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Señales en el Camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

(h)ojeadas:
Reseña de Jorge Alberto Gudiño Hernández sobre Las motivaciones inútiles

Cuento
Reseña de Alejandro Michelena sobre Un rico universo narrativo


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 


ANGELICA ABELLEYRA

MÓNICA ESPINOSA: ATENDER MUNDOS PEQUEÑOS

Le gusta trabajar con los detalles y la intimidad de los universos pequeños. No le interesa tanto ver cómo es el mundo sino cómo se está construyendo a cada instante, casi en un proceso mágico, en suspensión. Por eso, Mónica Espinosa (DF, 1977) atiende la idea del abandono, lo mismo en el cuerpo endeble de un diente de león que en las partículas de polvo pobladoras de cada rincón en una casa. Y entre el dibujo, la fotografía, la escultura y el video, relata siempre la fugacidad de lo ignorado para hacer un viaje de regreso. De regreso a las ruinas.

Desde niña fue natural su interés en los objetos que recolectaba. Entre ellos, las piedras eran y siguen siendo sus preferidas, su compañía, de la misma manera que las lecturas, en soledad. Antes eran cuentos y ahora son hojas y hojas de filosofía, física cuántica, cine, estética, budismo… que le proveen "tintes intelectuales" y una propensión a manejar conceptos en su trabajo artístico desde que realizó sus estudios en La Esmeralda y luego se especializó en Artes Plásticas en la Statliche der Bilbenden Kunste Karlsruhe de Alemania.

Pero antes de transcurrir por las enseñanzas del arte y hacerse del alimento con variados nombres como Gilles Deleuze, Maurice Blanchot, Martin Heidegger y otros pensadores que la confrontan, Mónica anduvo por los senderos del periodismo. Estudió Ciencias de la Comunicación en la unam, terminó con promedio ñoño –es decir, muy bueno– pero advirtió que ese ámbito no le interesaba. Deseó en cambio ahondar en sus antiguas clases de historia del arte y estética, así que ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. Allí, sus maestros Abraham Cruzvillegas y José Luis Sánchez Rull le ayudaron a poner atención en lo cotidiano del mundo, a aprehender que en la caída de una hoja existe un proceso escultórico y que en una pintura de Fra Angélico tuvo para él tanta importancia el personaje central como el pájaro posado en un alambre al extremo de la tela.

Todavía en formación, la artista fue parte del grupo de intercambio académico entre La Esmeralda y la Escuela de Arte de Braunschweig (Alemania), y en aquel ámbito europeo experimentó en su concepción de las instalaciones, amplió su visión del arte contemporáneo internacional y generó mucho trabajo dibujístico y de fotografía.

A tres años de haber concluido su periplo universitario, en la actualidad forma parte de la Colección Jumex de arte contemporáneo internacional y también integra el grupo de artistas que maneja la Galería Garash. Para ella, ambas presencias son un privilegio ya que no hubiera tenido el valor de autopromocionar su trabajo ante espacios galerísticos y coleccionistas. Además de México, ha mostrado su trabajo en centros de Nueva York, Madrid, Buenos Aires, San Francisco y varias ciudades de Alemania.

Practicante de meditación zen, dice que esta búsqueda le ayuda a observar su trabajo a partir de la calma y la atención. Tan es así que en la puerta de su refrigerador lee a diario una hoja con siete enunciados que la ayudan a desarrollar su obra: 1) sonreír, 2) tener calma, 3) poner atención y observar, 4) invocar y tener secretos, 5) donar al mundo y luego abandonar, 6) compartir, 7) comenzar a divertirme.

Cada una le recuerda su enfoque en el trabajo, ya sea en videos donde aparentemente no pasa nada (Seis minutos pensando en mis amigos), en dibujos hiperdetallados donde la oscuridad nocturna revela un diminuto punto rojo que es una catarina (Noche blanca), o en esculturas que son réplicas de objetos olvidados en un camión (Doblez). En todos ellos, con diversos tonos y ritmos, su idea es subrayar los elementos sutiles y llamar la atención sobre las realidades que se van descubriendo poco a poco de la mano de tiempos lentos, confusos.

Eso, generar confusión ante la supuesta evidencia y ahondar en la idea del abandono y la ligereza son quizás sus premisas actuales. Por ello, en febrero próximo presentará en Casa del Lago la exposición individual Balanceo de una tarde feliz (título opcional todavía) donde devela su tendencia de aligerar sus mundos, perderse en ellos, dejarse atraer por la oscuridad y los abismos, tal como lo hizo el artista Bas Jan Ader cuando tomó una barca, se echó al mar y nunca más regresó. ¿Postura frente al arte?, ¿accidente?, ¿azuzar el mito? Mónica Espinosa no lo sabe, pero le apasiona ese juego de atracción y repulsión por los abismos, el abandono, las sutilezas, el olvido.