Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 30 de septiembre de 2007 Num: 656

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Marco Antonio Campos: viajero en la poesía
NEFTALÍ CORIA

Voces poéticas de Brasil

El deseo o la traición
de la felicidad

DAVID RABOUIN entrevista con SLAVOJ ZIZEK

Ricardo Salazar, fotógrafo
VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Dos poemas
BERNARD POZIER

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Germaine Gómez Haro

Luz de españa

Archer Milton Huntington (1870-1955) fue un filántropo excepcional que dedicó gran parte de su vida y de su fortuna a la formación de una biblioteca y un museo dedicados a la cultura hispana. En 1904 fundó la Hispanic Society en Nueva York, cuyo acervo –considerado el más importante en pintura y gráfica españolas fuera de la península– cuenta con alrededor de 250 mil piezas. Actualmente se presenta en el munal la exposición Luz de España , una extraordinaria selección de ochenta pinturas provenientes de esta colección.

La pintura española de fines del siglo XIX, conocida como “Pintura del '98” por su paralelismo cronológico con el célebre grupo de escritores agrupados en la llamada “Generación del '98” –Azorín, Baroja, Unamuno, Valle Inclán, los hermanos Machado, entre otros, quienes se reunían con los pintores en las famosas tertulias del Café de Levante– conforma uno de los capítulos más interesantes de la historia del arte universal. La pintura de ese período está signada por la crisis social y existencial del fin de siglo ibero en el que predominaba el atraso, la miseria y el caciquismo, tribulaciones que aquejaban a los artistas y que se ven reflejadas en sus creaciones literarias y plásticas: la búsqueda del “alma castiza”, de la “esencia” y el “ser” de esa España desmembrada, a través de la recreación del paisaje castellano, de la invención de los regionalismos, así como el misticismo y la autenticidad de sus gentes y costumbres en los que la indagación psicológica fue un rasgo predominante.


Pimientos

Los principales centros de producción artística en esos años fueron Madrid, Sevilla, Valencia, Cataluña y el País Vasco, y, aunque todas coincidieron en explorar la tradición y la renovación en la españolidad, cada escuela produjo un arte con características propias. El historiador y crítico de arte Francisco Calvo Serraller establece una división tajante entre las dos vertientes antagónicas de las corrientes pictóricas españolas finiseculares: la pintura “negra” y la “blanca”, polarización claramente representada por las dos grandes luminarias de la época, el vasco Francisco Zuloaga y el valenciano Joaquín Sorolla, a quienes el especialista describe de la siguiente manera: “El negro y el blanco, la enfermedad y la salud, la tragedia y la fiesta, lo hondo y lo superficial, lo feo y lo agradable.” Y es que la corriente “negra”, más afín a los artistas castellanos, se ocupa de captar ese lado oscuro de la sociedad que pone al descubierto la desigualdad social y los bajos fondos, a través del casticismo regionalista que encuentra su inspiración en imágenes de una España pobre y marginada, pero con gente digna que ostenta un aire de hidalguía, como lo plasman el propio Zuloaga, Eugenio Lucas Velásquez, Ramón Casas o Luis Graner Arrufi. La vertiente “blanca”, mayormente realizada en la región mediterránea –en particular en Sevilla, Valencia y Barcelona– recrea el aspecto “amable” del país, embelleciendo la realidad a través de paisajes naturales, escenas costumbristas de fiestas populares, labores y oficios, retratos de la burguesía y la sensualidad y candidez de la región levantina, magistralmente recreada por Sorolla, máximo creador del luminismo español, representado en esta muestra con dieciséis extraordinarias pinturas. Sus niños jugando en la arena y flotando en la superficie del mar son obras maestras del estudio de la luz, de las transparencias, y del desafío de las formas en movimiento bajo el efecto del agua. Estas escenas le proporcionaron desde sus inicios el prestigio internacional, sin embargo, sus obras tempranas de escenas intimistas de la realidad social provocan, a mi parecer, mayor emoción y sobrecogimiento, como es el caso de Los pimientos que se exhibe en esta muestra: una “negra” atmósfera en el interior de una barraca apenas iluminada por un haz de luz y el sutil reflejo de una hoguera prodigiosamente evocados con la precisión de unas fugaces pinceladas ondulantes.

La muestra está integrada por treinta y siete artistas de varias tendencias, “blancas y negras” según la definición de Calvo Serraller, reunidos en una espléndida curaduría en la que también se integra la presencia de los cinco Grandes Maestros del Siglo de Oro español: Velázquez, Zurbarán, El Greco, Murillo y Ribera. Luz de España es una de las mejores exhibiciones de arte ibero que se han presentado en nuestro país y es una ocasión única de respirar ese espíritu de fin de siècle que tiene sus paralelismos con nuestra pintura de la época exhibida en el mismo recinto.