Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 28 de octubre de 2007 Num: 660

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El filósofo de la seducción
JUAN E. FERNÁNDEZ ROMAR

Carta al cónsul de Chile

Generación NN: poetas chilenos durante la dictadura militar
FABIÁN MUÑOZ

Dos poemas
E.E. CUMMINGS

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Ana García Bergua

Cartografías de fieles y seguidores

Cada domingo se apersonan en el portal de este su edificio los testigos de Jehová. Uno los distingue, cuando son hombres, porque se presentan con nombres que suenan como verdadera identidad de superhéroe: Alberto Islas o Bruno Duval, por ejemplo. Si son mujeres, se llaman Evangelina, Altagracia o María Eugenia. Y quieren que uno los invite a su casa para discutir por qué Dios permite el mal en el mundo o cómo será posible alcanzar la felicidad. Visten como en el catálogo de Sears de 1967 y, como nadie los recibe, dejan en la puerta su revista Atalaya, de dibujos inefables. A pesar de los rechazos insisten, domingo a domingo, en sus grupos familiares recombinados de señor, niña y anciano, o señora, señora y niño, como los marcianos de la antigua serie Los invasores.

Yo creo que a Alberto Chimal lo visitaron mucho personas así, hasta conducirlo a escribir los cuentos de Grey (ERA, 2006). Será que esta es época de seguidores: seguidores de ideas, de políticos, religiones, modas, cantantes, dietas, costumbres y objetos diversos. A fin de cuentas, todos somos un poco esenios, sedúceos o fariseos, grey de algún rebaño insospechado, cuyas costumbres y milagros faltan por catalogar. De ello se encarga Chimal en los tres catálogos de sectas con que anima su libro, llevándolos al absurdo, como por ejemplo la secta de los antitactistas, quienes “por esforzarse en la virtud, consideran pecado cualquier contacto del cuerpo con otros cuerpos, pero también consigo mismos. En especial les desagradan los labios y la lengua […] Por lo tanto se enseñan a vivir con la boca abierta y a hablar usando sólo las vocales”. La gracia de Grey no está sólo en el desenfado de su tono y en la curiosa selección de objetos místicos que lo pueblan, sino en el tono de antigualla y reliquia con que contrasta las ideas más descabelladas:

“Un cortaúñas, en trance hipnótico, habló de pronto con voz de barítono. Reveló haber sido –reencarnación– San Tino Craso, también llamado el Fuerte.”


Imagen cortesía de www.lashistorias.com.mx

Asimismo, con cierta perversión infantil, Alberto Chimal narra la conversión e iluminación de unos cocos en la playa, que viven en alabanza, hasta la noche en que uno de ellos –“Gabino, el cuarto coco de la undécima palmera contando de sur a nornoreste (siguiendo la forma de la isla)”– cae y descubren la realidad de la muerte. O la historia de la niña que “da en decirle a todo ‘santo': san Gato, san Radio, santa Puerta, santa Ventana, san Carro, san Cereal, san Plátano, santa Barbie, san Revistero, San Anillo Periférico” y logra así iluminar todos los objetos a su alrededor, sin autorización ni cargo, sin ser “varón y de prestigio”, como piensa su sorprendida mamá. O el matrimonio de crucifijos –el señor y la señora Crucifijo– que se da celos con los respectivos pechos de sus portadores. En estas ficciones no es descabellado ver las huellas del desenfado de Tito Monterroso, o del Julio Cortázar de los cronopios y las famas, los misteriosos vómitos de conejitos o el suéter azul devorador. Reconocido practicante de la literatura fantástica y la minificción en nuestro país, Chimal no duda en recurrir a los géneros que conoce bien para darnos perlas de ingenio y desvergüenza: “La imagen de Santa Mócora sangraba cada veintiocho días.” Es también capaz de utilizar el bagaje literario con que indudablemente cuenta para asestarnos una broma y seguir la historia a partir de ella:

“Más que un mechón de cabello, en el relicario guardo una ilusión: la memoria de un rostro, la esperanza de un beso… Bueno, no: en realidad guardo entera a sor Inocencia, a quien reduje por ebullición al modo jíbaro (soy muy posesivo) en 1966…”

En el cuento “La Pasión según la sombra”, unas sombras obligan a los esforzados y aterrados actores de la representación de la Pasión en Ixtapalapa a decir diálogos del teatro universal, desde Sófocles hasta Tenessee Williams, cada que abren la boca, ante la indiferencia de la grey que acude a ver la representación: vecinos, turistas, curiosos, fotógrafos, entre el tráfico, el calor y la basura que supone esta urbana representación.

Grey es, ante todo, el juego de un cuentista consumado, amo de ocurrencias que provocan risa y a la vez expelen el airecito siniestro de los mejores clásicos. En esta época de corrección política y de gente que se ofende por todo, no es fácil practicar con tal gracia la irreverencia, ni encontrar a quien la practique con desenfado y talento. Por ello, leer Grey, de Alberto Chimal, es una recomendable y deliciosa liberación.