Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 24 de agosto de 2008 Num: 703

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La Francia se Bruni
JOSÉ GAXIOLA LÓPEZ

Nuevas aventuras de Pigmalión
AUGUSTO ISLA

La verdad de la novela
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con ÁLVARO POMBO

Octavio Paz y el budismo de Wang Wei
ALEJANDRO PESCADOR

J.M. Coetzee: ¿a dónde nos lleva el progreso?
RAÚL OLVERA MIJARES

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Columnas:
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LUIS TOVAR

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MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
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Hugo Gutiérrez Vega

“MI PATRIA ES LINDA Y DE ALGUNOS”

En todos los manuales de literatura, cuando se habla de Ciro Alegría y de José María Arguedas, los grandes novelistas peruanos, se les califica de escritores indigenistas y se les coloca dentro de la corriente de la novela social de los años veinte (Dreiser, Lewis, Dos Passos , Upton Sinclair, Steinbeck en Estados Unidos; Icaza en Ecuador, Rojas en Chile –recuerde el lector su novela Hijo de ladrón–, Magdaleno, Muñoz, Mancisidor, Revueltas en México). Aceptemos, por razones didácticas, estas generalizaciones producto de la manía de ubicar a los escritores dentro del marco de su generación o de acuerdo con el clima espiritual de su tiempo histórico.

Ciro Alegría está muy olvidado y sólo algunos especialistas se acuerdan del autor de una novela que en su momento logró un éxito notable, El mundo es ancho y ajeno. Es claro que Ciro (tuve el honor de conocerlo en un congreso de escritores que se celebró en Génova, en 1964, que presidió Carlos Pellicer y organizaron Miguel Ángel Asturias y los clérigos de avanzada encabezados por el Padre Ángelo Arpa y su ayudante, el seglar Amos Segala), tenía una gran preocupación por el estado en que vivían los indígenas de Perú, en particular, y de América en lo general. Recuerdo al Alcalde de Rumi, Rosendo Maqui, el ejemplar luchador por las causas de los indígenas. Este personaje puede considerarse como emblemático de todas las batallas que se han dado en América en torno a los problemas étnicos. Ahora se le cita poco y apenas se le recuerda. Es una lástima, pues representa uno de los momentos fundamentales del indigenismo. Mucho influyó la casa del abuelo en la educación sentimental de Ciro. La cercanía del río Marañón acostumbró sus ojos al fluir de las aguas y de la vida. Estudió en Trujillo (fue alumno de César Vallejo) y fue iniciado en el gusto de narrar todo lo que veía por el narrador oral Manuel Baca.

Ciro fue, por todos conceptos, un hombre comprometido con los desvalidos, los hambrientos, los perseguidos y los luchadores sociales. Su poderosa prosa puede ser consideraba como audaz e innovadora si la ubicamos en su tiempo histórico. Ahora nos parecería conservadora y, en algunos aspectos, demasiado académica. Tal vez este hecho explique el olvido de La serpiente de oro, Los perros hambrientos y sobre todo de El mundo es ancho y ajeno, obra que escribió guiado por sus estudios y su simpatía por el marxismo y por la obra del gran pensador José Carlos Mariátegui. De estas influencias nace su idea de que el mundo es ancho para los desposeídos, y ajeno, pues pertenece a unos cuantos. Ya lo decía Ricardo Molinari, al referirse a su patria, Argentina: “Mi patria es linda y de algunos.” Nuestro México pertenece al pri , al pan , a Salinas, Slim, Fox y parientes, Fernández de Ceballos, la mayoría de los gobernadores, los monopolios nacionales y las cada vez más presentes corporaciones internacionales... en fin... de unas cuantas manos que se han apoderado de todo y nos han obligado a vivir en un país trágicamente ajeno.

El mundo es ancho y ajeno se desarrolla en una comunidad indígena de las montañas peruanas. Su estructura no presenta mayores novedades que su sinceridad y su facilidad narrativa. La lucha se da entre el patrón, Álvaro Amenavar, y el alcalde indígena Rosendo Maquí. Para ser más preciso en sus análisis del alma de sus personajes: los ya mencionados y el Fiero Vázquez, bandido justiciero degollado por las guardias blancas y Benito Castro, líder de la insurrección social ejecutado por los militares, Alegría recurre a las técnicas más novedosas de la narrativa de su época, como, por ejemplo, el monólogos interior. Como en las novelas de Steinbeck (pienso en Viñas de ira donde el personaje es el pueblo considerado como permanente e invencible en el monólogo final de la madre coraje de esa novela descarnada y tocada por una leve esperanza), en la novela de Ciro el personaje es el indígena peruano humillado, ofendido, explotado y perseguido.

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