Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 22 de febrero de 2009 Num: 729

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El día que conocí a papá
E. M. MURCIA

Espejo de contrastes: el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera
INGRID SUCKAER

Otro Bolívar para la nueva república
HAROLD ALVARADO TENORIO

Un museo para corazones solitarios
FERRUCCIO ASTA

Para cambiar al mundo
ADRIANA CORTÉS KOLOFFON entrevista con PATRIZIA CAVALLI

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Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


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Un museo para corazones solitarios

Ferruccio Asta


Fachada del MUAC, ubicado en el Centro Cultural Universitario en la UNAM. Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

La inauguración del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) ha causado poca controversia a pesar del enorme gasto que ha significado su construcción, su equipamiento y dotarlo de una considerable colección de arte. Cabe pensar que tanto el tema como su costo despertarían mayor interés, pero no es así.

¿Porqué tan poca gente habla o escribe sobre este suceso? No en todas las décadas se construye un museo nuevo cuyos muros cuestan, según su constructor, no menos de 250 millones de pesos, y se guardan celosamente los datos de lo gastado en comprar, recientemente, un acervo de no menos de 290 obras todas cotizadas en dólares.

A pregunta expresa de la corresponsal de La Jornada; Merry MacMasters, Graciela de la Torre, directora de Artes Visuales de la UNAM, asegura: “Desde luego tendremos que estar en el concierto internacional de los museos. Las exposiciones con que se abrirá el recinto, más allá de la del acervo, son ‘cero locales' [porque] si algo es implícito en el arte contemporáneo es su globalidad.”

“¿Que entiende usted por contemporáneo?” preguntó MacMasters a la Sra. De la Torre, cabeza de la infiltración de Banamex en el establishment burocrático cultural de la UNAM. A lo que ésta responde: “Bueno, la colección es de 1952 al momento. Para mí un museo contemporáneo es donde el énfasis mayor no está en la exposición, sino que se ha desplazado del objeto hacia la experiencia que provoca en el visitante.”


La noche de la inauguración.
Foto: Carlos Ramos Mamahua/ archivo La Jornada

Quizá la Sra. de la Torre intentó justificar que para ella es más importante el concepto bajo el cual está concebida la exposición (la curaduría) que cada pieza en particular. Si esto es así, la curaduría es un fracaso, más adelante argumentaré el caso. En la misma entrevista, ella continúa diciendo: “En este ‘postmuseo' el edificio, diseñado por Teodoro González de León, está concebido como un territorio dinámico, abierto, flexible, y al visitante como ‘un viajero dentro del espacio museístico.'”

Le dejo la respuesta a Raquel Tibol, quien escribió la semana pasada a La Jornada al respecto:

Un nuevo museo universitario debió considerar todos los períodos que integran los fondos artísticos de la UNAM, muchos de los cuales están en bodegas.

En el interior del megamuseo, las salas y pasillos desmesurados y desproporcionados no sirven para las dimensiones usadas mayoritariamente por los artistas contemporáneos de México, quienes de entrar al MUAC tendrán que practicar un arte de dimensiones acordes, o parecerán timbres de correo, como se ven las dos pinturas de Vicente Rojo. Nunca un museo debe imponer dimensiones, ni a estas alturas usar materiales que requerirán de un constante mantenimiento, como ocurrirá con los muros y techumbres de vidrio que predominan.

Graciela de la Torre, responsable de Artes Visuales de la UNAM, y Gerardo Estrada, jefe de Difusión Cultural de la rectoría del doctor Juan Ramón de la Fuente , impulsores de este malogrado proyecto, le han impuesto a la máxima casa de estudios del país una pesadísima hipoteca.

Previendo este tipo de críticas, Graciela de la Torre ya había dicho:

Desde su proceso de planificación, las primeras reflexiones indicaban que habría que alejarse del museo tradicional, es decir, didáctico, grandilocuente, nacionalista, monolítico, que se siente sabio, de cursos lineales y todopoderoso.

Se quiso hacer otro modelo de museo, crear un nuevo paradigma en cuanto a cómo se dicen las cosas y qué es lo que se hace.

Gilles Lipovetsky, para mí, describe este “nuevo paradigma” en su libro La era del vacío:

El momento postmoderno es mucho más que una moda; explicita el proceso de indiferencia pura en el que todos los gustos, todos los comportamientos pueden cohabitar sin excluirse, todo puede escogerse a placer, lo más operativo como lo más esotérico, lo viejo como lo nuevo, la vida simple-ecologista como la vida hipersofisticada, en un tiempo desvitalizado sin referencia estable, sin coordenada mayor.


Uno de los interiores del MUAC. Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

Así, la exposición colectiva, de una selección de la colección del muac titulada: Recursos incontrolables y otros desplazamientos naturales es eso, mucho más que una moda, pero no es desde luego alejar el arte de la dinámica del mercado; es crear un recinto para albergar las colecciones privadas de grandes capitalistas: las colecciones de Jumex, de Harp-Helú, de Miguel Alemán Velasco. Parece que se trata de revalorar las piezas que poseen colecciones privadas; es tomar una serie de obras de distintos artistas, sacarlas del contexto expositivo en que fueron concebidas y obligarlas a colgar en un concepto forzado, no el concebido por el artista, sino uno artificial, proveniente del enunciamiento, por parte de los curadores bajo pretexto de una premisa cualquiera, desde lo simple ecologista hasta lo hipersofisticado.

En esta selección de la colección del muac (y de Jumex, etcétera) se recicla, en parte, la exposición que sí curo Debroise junto con Cuauhtémoc Medina y otros, La era de la discrepancia, pero, como toda segunda parte, ésta es menor, sobre todo por el abismo conceptual que deja la muerte de Olivier Debroise. Desde luego carece de una narrativa profunda, y la capacidad de establecer un dialogo lúdico con el espectador, en esta exposición, está ausente.

La cédula de entrada afirma que esta exposición está dividida en tres secciones, y explora en su primera sección las constantes referencias a la naturaleza que hay en la práctica artística” . Ese enunciado es muy vago y cabe mucho de todo y de nada (aunque J. L. Cuevas se queja de que debido a las dimensiones de la obra que él donó al MUAC, ésta no cupo).

Veamos un poco de lo que sí cupo con referencia a la naturaleza en la curaduría que Guillermo Santamarina heredó de Debroise.


Aspecto de la biblioteca en el MUAC

La obra que abre Recursos incontrolables y otros desplazamientos naturales es Cascada, de Marta Palau. Esta bella pieza sí luce y no está disminuida por el peso de la monumentalidad arquitectónica, como lo están el resto de las obras en esa exposición. Cascada, por sus dimensiones y fuerza, crece frente al resto de las obras con las que comparte sala, y esto sólo se debe a una museografía mal resuelta y a una curaduría autocomplaciente y quizá comprometida con intereses económicos y político-sociales.

Los cuadros de Vicente Rojo se pierden en la inmensidad; a pesar de que su referencia a la naturaleza reside únicamente en el titulo de la pieza: México bajo la lluvia. No es que sean malos cuadros, al contrario; pero, ¿qué hacen ahí, en ese conjunto? ¿Alagar la vanidad de la curaduría, consolidar el amiguismo del que está plagada toda la muestra, o simplemente es la evidencia de la distracción o la oscuridad de intenciones de los responsables de seleccionar lo expuesto? Con respecto a estas pinturas, la Tibol dice: “ Pues aquí se entienden como ejemplos que testimonian la existencia de la pintura .” Patético, pero muy cierto.

Otra de las obras que la curaduría logra descontextualizar, por completo, es La transparencia de Dios. Se mutiló la pieza de Elso, se destruyó el concepto del artista en aras de construir un discurso curatorial como la estrella del MUAC.

Para dar cabal cuenta del tamaño de la mutilación, cito el texto de Raquel Weiss que aparece en el catálogo de Elso:

La obra consta de un conjunto de piezas, e incluye entre sus elementos El rostro de Dios, La mano creadora y Corazón de América. Estas obras tenían que estar colocadas en tal forma que el espectador se enfrentara inmediatamente a la máscara después de entrar en la sala; una vez en ella puede mirar a través de la abertura de los ojos para descubrir el corazón gigante y la mano extendida. Elso, al usar una pieza como medio de buscar y encontrar las otras dos, logró la coherencia interna del conjunto, y estableció una nueva relación con el espectador.


Fachada del MUAC, ubicado en el Centro Cultural Universitario en la UNAM.
Fotos: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

Es justamente eso lo que le falta a Recursos incontrolables y otros desplazamientos naturales: coherencia interna y buscar establecer alguna relación más profunda con el espectador; y no solamente darle servicios de “curadora corazón” a los solitarios; como pide Santamarina, cuando le contesta en una entrevista a Cuauhtmoc Medina: “Tenemos la tarea de atraer un público plural, muy plural, y vasto; concretamente, a públicos que tienen distintos intereses en torno a sus nociones de ‘museo de arte contemporáneo', como aquellas personas, para nada discriminadas, [faltaba más en alguien tan políticamente correcto y con metas conceptuales tan profundas, las cursivas son mías] que buscan un refugio de la soledad y una posibilidad cierta de encuentro social.”

Estarán esas soledades acompañadas de confusión cuando: “En el cruce de los pasillos/calles toda decisión es la correcta. Aquí no habrá visitas guiadas, sino herramientas que provocan experiencias significativas que construye el propio visitante”, afirma Graciela de la Torre.


Aspecto del piso del restaurante
del MUAC

El propósito críptico está bien logrado. No se entiende nada ni se sabe cuándo comienzan, ni de qué tratan las temáticas que intenta abarcar Recursos incontrolables y desplazamientos naturales: sólo en la cédula de sala está implícito el deseo de dividir en tres esta exposición. Todo es una revoltura, tanto en la primera parte: Las constantes referencias a la naturaleza que hay en la práctica artística ; como en la segunda: Lo artificial del objeto artístico, el artista que altera lo natural, y en la tercera malograda sección de La memoria y el paso del tiempo . Me imagino que se podría ubicar su lugar tras sesudas disertaciones por escrito, pero en sala, y parece que es a propósito, la confusión es total.

El MUAC es un espacio espléndido, infinitas las posibilidades que ofrece, la colección unam es vasta, sólo falta exhibirla con el compromiso que pide Javier Barros Sierra y que está justamente inscrito en el políptico que se distribuye a la entrada del MUAC, y que reza: “Creo en una universidad que eduque a los jóvenes a ser libres, autónomos, que los constituya como sujetos éticos, capaces de dirigir todo un orden cultural y moral en el que los conocimientos adquiridos tengan pertinencia y sentido.” La exposición Recursos incontrolables y otros desplazamientos naturales no tiene pertinencia y carece de sentido.