Opinión
Ver día anteriorLunes 23 de febrero de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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TOROS
¿La fiesta en paz?

Carta a una Señora

A

dmirada Conchita Cintrón: En una costa alejada me enteré de tu partida física, que no espiritual, de este planeta, en realidad despectivo de plano, de nivel de conciencia, de rango anímico, las más de las veces apartado de un elemental sentido humano de las cosas o, si se prefiere, de una percepción clara de la realidad que atañe a la vida.

Fue tan evidente que pertenecías a otro plano que los taurinos de tu tiempo mal supieron aceptar tu personalidad y el desempeño de la profesión que tan bien ejercías, incapaces de comprender y valorar lo extraordinario de enfrentar la bravura de algunas mujeres con la endeble inteligencia de los más de los hombres.

Fuiste tan bello ser humano, tan excepcional exponente de la vida y ejemplo de saber ser y estar, tan excelente torera a caballo y a pie, que a fin de cuentas acabaste amedrentando a bestias y a racionales, a dictaduras y a democracias, a generalísimos y a politicastros, estorbosos en uno y otro continente. Gracias, Conchita, por haber existido.

Acá te dieron oportunidades; allá te cerraron las puertas; en todos lados sedujiste con una presencia y un talento que apenas fue valorado, sobre todo en la España franquista, con adjetivos bien intencionados y administraciones peor ejercidas. Espacio te faltó para tu expresión artística y tu especie fue insuficiente para apreciar tus talentos.

Acabaste aburrida de tanto fantoche metido a taurino y de tanto mediocre instalado en figura. Mejor te enamoraste y luego te despediste de los ruedos tras comprobar que estos eran escenarios limitados para expresiones de interioridad y de grandeza, no por los toros sino por los dizque racionales.

Después, chilena, peruana, mexicana, portuguesa y española, universal que eras, formaste incluso una familia, fuiste ama de casa, escritora, conferenciante erudita, ser humano pensante y bello para el que no había tiempo transcurrido. Intensidad y lucidez fueron tu sino, a la vez que tu estorbo. Hubo idiotas que parafrasearon el apodo de Diosa rubia del toreo por el de odiosa rubia del toreo. En su ingenio mostraron su mediocridad.

Tuviste un concepto muy claro de compromiso humano y taurino, de señora de la vida y de torera a caballo; gradualmente te alejaste de la fiesta que tanto amabas porque no podías admitir una tauromaquia sin bravura, ni un ingenio sin escenario. Ahí quedan tus Memorias y ¿Por qué vuelven los toreros, para ver quién los mejora.