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En Cánones subversivos el escritor enfrenta con madurez a los autores que lo marcaron

Gonzalo Celorio escribe con pasión crítica sobre la literatura que ama

No me entusiasma leer ahora a Hesse, seguramente me decepcionaría, afirma

Arturo Jiménez
 
Periódico La Jornada
Lunes 4 de mayo de 2009, p. a14

Gonzalo Celorio escribe ensayos sobre la literatura que ama, pero aclara: No se pierde el amor con la crítica, pues el amor, cuando no es crítico, es complaciente.

De esa premisa viene su más reciente compilación, Cánones subversivos: ensayos de literatura hispanoamericana (Tusquets), en el que escribe de las lecturas con relación a su vida, y de autores como Novo, Villaurrutia, Carpentier, Cortázar, Fuentes y García Márquez.

Hay un acto de amor crítico, de pasión crítica, diría Octavio Paz, en estos ensayos. Y es un libro que me tiene satisfecho porque finalmente ya pude manifestarme de manera madura frente a estos escritores que fueron tan determinantes en mi formación intelectual. Me siento un poco liberado de ellos, exactamente de la misma manera que me siento liberado cuando termino de escribir una novela.

–En el libro se plantea que es una biografía intelectual, ¿no será también una especie de homenaje al lector humilde y sorprendido que todo lector podría ser ante la buena literatura?

–Me parece una buena apreciación, porque no creo que sea tanto un libro de escritura como un libro de lectura. Y eso por la descripción de mis libros, de mi biblioteca, de los libros de mi infancia y del hábito y el privilegio de la lectura. Y después, cuando toco a los escritores de los que hablo, me doy cuenta de que también me refiero mucho a sus lecturas. En el caso de Cortázar, pues lo tomo como lector, más que como escritor.

–También menciona en el libro las cinco lecturas que le cambiaron la existencia: La vida es sueño, de Calderón de la Barca; Demian, de Hesse; La metamorfosis, de Kafka; Rayuela, de Cortázar, y Cien años de soledad, de García Márquez.

Tras mencionar un ciclo de mesas redondas en la Casa Refugio Citlaltépetl, en el que varios escritores mencionaron sus cinco libros, Gonzalo Celorio (1948) dice: Hice este ejercicio de sinceridad, no sin advertir que las obras están presentadas en un orden de aparición en la época adolescente, y que la conmoción que me causó su lectura no necesariamente conserva la vigencia de la apreciación. No me entusiasma leer ahora a Hesse, seguramente me decepcionaría. Hay libros que se pueden leer en una época determinada de la vida, y si no se leen en ese momento, después ya no tienen la significación que podrían haber tenido.

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Pedro Calderón de la Barca, Herman Hesse, Franz Kafka, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, cinco autores determinantes en la formación intelectual de Gonzalo CelorioFoto Cristina Rodríguez

El efecto envejecedor de la modernidad

–Si se piensa en textos clásicos como La vida es sueño, ¿por qué hoy suele descalificárseles tan sólo por ser de épocas muy pasadas, como si la sociedad actual comenzara a gestar una falla cultural o civilizatoria al desacreditar lo pasado y ensalzar lo presente o moderno, tan sólo por el hecho de serlo?

–Creo que nuestro sistema educativo no alienta la lectura, porque tipifica como escolar y obligatorio algo que debería de ser absolutamente placentero.

“No estimula el gozo, la sensualidad, la libertad, la imaginación que la lectura genera. Es una pena porque, si un libro es clásico, es porque sigue vigente. Hay que leer a Italo Calvino y su libro sobre los clásicos, qué manera de hacerlos contemporáneos. Y puede ser más contemporáneo Calderón de la Barca que Roberto Bolaño.

“Finalmente, un escritor clásico trasciende el tiempo porque toca problemas que son universales. Y muchas veces un escritor contemporáneo tiene una vigencia muy acotada, porque a lo mejor no va a trascender las décadas y menos los siglos. Muchas veces la modernidad envejece más rápidamente que la antigüedad. Borges decía: no entiendo el ascetismo inútil de no leer La divina comedia.”

Celorio reflexiona sobre el género de Cánones subversivos: Creo que el ensayo, como lo definió Montaigne desde que lo inventó en el siglo XVII, es un género en el que el escritor ensaya sobre sí mismo. Eso significa que el objeto y el sujeto de estudio comparten la misma identidad. Es un género que me encanta; es una pena que sea un género muy cultivado en México, pero poco leído.