Opinión
Ver día anteriorLunes 11 de mayo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

El gobierno, pasmado ante las restricciones crediticias que impone la banca trasnacional

Carlos Fernández-Vega
Q

ué lástima: de nueva cuenta nos enteramos que la banca moderna que opera en el país, trasnacional hasta los huesos, no sirve a México; se sirve de él, y en abundancia. Las encuestas, análisis, estudios comparativos y conexos que se divulgan de vez en vez no reportan mayor variación de fondo: cada día más utilidades, comisiones y cobros a la clientela; cada día menos respuesta a los requerimientos crediticios del crecimiento nacional. ¿Y el gobierno? Pasmado.

Entre lo más reciente nos informan (La Jornada, Roberto González Amador): “en un momento en que la economía mexicana cayó en recesión, el sistema bancario que opera en el país, dominado por firmas extranjeras, mantiene una oferta de crédito al sector productivo menor al financiamiento que otorgan proveedores o bancos de desarrollo, según el resultado de una encuesta elaborada por el Banco de México. Prácticamente la mitad de los propietarios o responsables de las firmas que fueron consultadas para la muestra afirmó que la banca privada hizo más restrictivas las condiciones para otorgar préstamos. A nivel general, la encuesta reveló que ocho de cada 10 pesos del financiamiento que obtienen las empresas en el país son otorgados por proveedores, filiales o matrices de las propias firmas y la banca de desarrollo. La banca comercial, en tanto, sólo participa con los restantes dos pesos. Los resultados de la encuesta trimestral sobre el financiamiento a las empresas del sector privado muestran que entre enero y marzo pasados las principales fuentes de financiamiento utilizadas fueron: proveedores, con 56.2 por ciento; bancos comerciales, 21.3 por ciento; otras empresas del grupo corporativo, 13.1; oficina matriz, 3.9; bancos extranjeros, 2.6; bancos de desarrollo, 1.7 y ‘otros’, 1.3 por ciento”.

El problema real es que si dicha información se compara con la que el propio Banco de México divulgó un año, cinco o 10 atrás, no se notarán mayores cambios. Ahora, en pleno terremoto económico, la banca que opera en México aducirá razones de crisis para restringir el crédito productivo y aumentar las tasas de interés, pero el hecho real es que desde que reventó la banca reprivatizada en 1994, se le rescató por medio del Fobaproa, se extranjerizó a partir del zedillato y se consolidó tal tendencia con Fox y su cambio, las instituciones trasnacionales que se sirven del país registran niveles de financiamiento productivo similares a los prevalecientes en el década de los 60.

Más allá del cotidiano asalto a sus usuarios, el fardo económico y social que significa la banca extranjera que opera en el país es terrible. Algunas semanas atrás en este espacio comentamos que entre la banca moderna” y eficiente que se presume desde el micrófono oficial, y la banca real que opera en el país existe un dato espeluznante que la ubica en su exacta dimensión: a estas alturas, el financiamiento por ella canalizado al sector privado productivo reporta un nivel similar al observado en 1960, casi medio siglo atrás. En cambio, si su modernidad y eficiencia se miden por el volumen de utilidades, las elevadísimas tasas de interés que impone a su clientela y el creciente cobro de comisiones, entonces sí supera, por mucho, a otros sistemas bancarios en el planeta.

En ese medio siglo, de acuerdo con la estadística de la Cepal, sólo en dos años (1967 y 1991) el crédito bancario al sector privado productivo del país representó el equivalente a 35 por ciento del producto interno bruto; de allí en fuera la tendencia ha sido decreciente. De hecho, con la reprivatización bancaria tal crédito se desplomó de alrededor de 33 por ciento del PIB a menos del actual 18 por ciento (y descontando), ya con la extranjerización del sistema financiero a todo lo que da. “El caso –apunta la Cepal– es que por un largo periodo, con la excepción de la primera mitad de los 90, la banca mexicana se desvinculó de los negocios privados y de las familias como fuente principal de financiamiento”.

El mismo organismo regional nos ilustra (Competencia y regulación de la banca en México y Centroamérica, Eugenio Rivera y Adolfo Rodríguez): el crédito de la banca privada que opera en México está por abajo del otorgado (en ese orden) por las instituciones que funcionan en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Panamá, muy distante del promedio latinoamericano, y abismalmente alejado del promedio mundial. Sin embargo, los bancos instalados en México superan, por mucho, las utilidades generadas por los que funcionan en América Central, que suelen ser propiedad de las mismas matrices.

Y remata: para el caso de la banca trasnacional que opera en México destaca la baja proporción de crédito otorgado al sector privado: apenas ligeramente por encima de 15 por ciento del PIB en 2004 (el Banco de México asegura que ese año fue menor a 10 por ciento, pero de cualquier suerte es ínfima la proporción si se compara con el potencial de crecimiento que tiene el país). El truco es el siguiente: la calidad de la cartera crediticia se ha conseguido en gran medida en desmedro del crédito, pues los bancos concentran sus inversiones en valores. Mientras éstos representan más de 50 por ciento de las inversiones de la banca en México, el crédito al sector privado no ha dejado de caer desde la crisis (la de 1995): el crédito al comercio y a la vivienda ha permanecido estancado desde 2001 y sólo el crédito al consumo ha mostrado un fuerte crecimiento en el último periodo. El bajo nivel que alcanza el crédito al sector privado como proporción del PIB resulta aún más preocupante si se considera que en términos relativos se encuentra por debajo de países tan pobres como Honduras y Nicaragua.

¿Y el gobierno? Sí: pasmado.

Las rebanadas del pastel

Con la confirmación de lo aquí publicado el pasado sábado (“de la libertad de expresión y el no pago para que me peguen”), de La Paz llega el siguiente mensaje, vía correo electrónico: “saludos desde la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Su mención sobre el asunto de La Tijereta es muy valiosa para nosotros que estamos muy escasos de medios independientes. Tan es así, que le comentamos que los diarios Tribuna de Los Cabos y Tribuna de La Paz reproducen su columna del día 9 de mayo (pero) mutilando la parte de Las rebanadas del pastel”. Así es: algunos periódicos tampoco pegan para que el gobernador Narciso Agúndez les deje de pagar (con recursos públicos) y les retire su querencia (ídem). Saludos, plenos de libertad de expresión, a La Paz y a Los Cabos.