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Carmen Aristegui difunde otra parte de la entrevista

La captura de La Quina, represalia de Salinas porque se habían enfrentado
Rosa Elvira Vargas
 
Periódico La Jornada
Viernes 15 de mayo de 2009, p. 12

Cuando el Ejército detuvo a Joaquín Hernández Galicia, La Quina, el 10 de enero de 1989, por posesión de armas, el líder petrolero pagaba no sólo por ese ilícito. El nuevo gobierno también le cobraba haber apoyado la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas y auspiciado la publicación de un pasquín donde se aseguraba que, siendo niños, Carlos Salinas de Gortari y su hermano Raúl asesinaron a una sirvienta.

Más revelaciones del ex presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) que involucran a su sucesor, Salinas de Gortari, difundió ayer la periodista Carmen Aristegui en su espacio del 102.5 de MVS. Sobre este episodio, conocido como El quinazo, el entrevistado afirmó de entrada: fue inevitable.

Casi 15 minutos ocupó en hablar de este tema. De la Madrid admitió que pese a su esfuerzo por acabar con la corrupción sindical, a veces tuvo que mirar hacia otro lado en corruptelas tales como la venta de plazas, los contratos, cosas con las que fui acabando gradualmente, pero acepto que eso fue gradualmente.

Para tolerar esas prácticas corporativas, asumió también, se debe tener un cuero duro y el cinismo necesario para gobernar.

–¿Mucho, poco, regular, para gobernar a México?

–Sí, mucho.

Afirmó que los grandes sindicatos y los gobiernos priístas eran mutuamente benévolos, en una actitud que podría calificarse de complicidad porque se perdonaban los errores recíprocos.

A la distancia, De la Madrid respondió a la reflexión que sobre ese fenómeno le pidió su interlocutora: hay que acabar con esa corrupción.

Sin embargo, no consideró como parte de esas prácticas a otro poderoso personaje de esa época, Carlos Hank González, autor de la frase un político pobre es un pobre político.

Hank era un aliado del sistema, aseveró De la Madrid. Nunca amenazó con violencia a los gobiernos priístas, como sí, dijo, hizo Hernández Galicia.

–¿Usted temía a la amenaza de La Quina? ¿Temía a los petroleros?

–Sí.

–¿De qué?

–De que me crearan un conflicto laboral que me obligara a usar al Ejército.

Aseguró: “yo sabía que La Quina importaba armas y que las tenía preparadas para algún enfrentamiento con el gobierno”.

–¿Dónde las tenía?

–En distintas plazas petroleras.

–¿Pero muchas armas?

–Sí, había muchas.

Admitió que no ordenó al Ejército intervenir, y se dijo convencido de que las armas mostradas por el gobierno de Salinas cuando fue aprehendido Hernández Galicia pertenecían a éste, pero no estuvo seguro de si fue sembrado el cadáver que se encontró tras el operativo, como tanto se especuló.

Insistió en que no pudo inmovilizar a La Quina porque no quise arriesgarme a tener un enfrentamiento violento con él. Entonces fui preparando el camino y le advertí a Salinas.

–¿Ya siendo presidente o siendo candidato?

–Siendo candidato.

Apuntó enseguida: “además, no fue necesario que lo hiciera yo, porque a Salinas le llegaban informes de que La Quina se oponía a su candidatura”.

–¿Es cierto que La Quina apoyó a Cuauhtémoc (Cárdenas) en su campaña?

–Yo creo que sí.

–¿Con dinero?

–Sí.

–¿Es cierto que La Quina mandó hacer un pasquín donde se contaba la historia de Salinas, que mató a su sirvienta, junto con su hermano, cuando eran niños; y que dicen los que cuentan esa historia que fue lo que realmente enfermó a Salinas respecto a La Quina?

–Sí, sí.

De la Madrid expuso: “Salinas me platicó que había descubierto que La Quina había fabricado y distribuido ese folletín, y que él por su parte había tomado providencias para recoger la publicación, el folletín. O sea, ya estaba el pleito.

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