Opinión
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El Lawrence de Arabia alemán
E

ra el capitán Leo Frobenius y era el Lawrence de Arabia alemán, con la misión de iniciar una insurgencia árabe musulmana contra el mandato británico en Sudán y Egipto. La misión del coronel Lawrence, desde luego, era persuadir a los árabes del Golfo a rebelarse contra el ejército turco del imperio Otomano, aliado de los alemanes. Existen algunas diferencias. Lawrence puede haber sido coronel pero Frobenius no era capitán; su rango era falso, y a diferencia de la de Lawrence, la misión secreta de Frobenius de 1915 fue un fracaso insalvable.

Acompáñenme a conocer más de este Lawrence alemán con la ayuda del brillante académico catalán, Roclo Da Riva. Frobenius fue un arqueólogo (como Lawrence), historiador cultural, viajero y aventurero (también como Lawrence) considerado por algunos un genio y el principal experto en África, mientras que para otros era un charlatán culpable de conducta abyecta (nuevamente, igual que Lawrence).

El personaje que nos ocupa terminó de vuelta en Alemania, acusado por el canciller Bethman-Hollweg de ser un agente político sin tacto y un mentiroso, lo que ocasionó problemas entre alemanes, árabes y turcos en igual medida, porque el individuo no entendió la forma de pensar oriental (a diferencia de Lawrence).

Los vencedores escriben la historia y por eso las aventuras de Frobenius son casi desconocidas. Antes de 1914 ya había explorado Congo, Mali, Burkina Faso, Togo, Marruecos, Argelia (dos veces), Túnez, el norte de Camerún y Sudán. La misión árabe de Frobenius de 1915 era atravesar la Turquía otomana, cruzar Eritrea hasta llegar a Etiopía, donde una legación alemana había quedado varada en Addis Abeba sin radio ni contacto postal con el Reich. Según la versión oficial, Frobenius debía llevar correo a la legación, cuando de hecho iba con el fin de instigar a los etíopes para que invadieran Sudán, a organizar levantamientos contra Gran Bretaña por parte de los partisanos Mahdiya y a desafiar la posición británica en Suez.

Él y su expedición formada por alemanes, turcos y un intérprete, y a la que más tarde se unieron 11 árabes palestinos que por alguna razón misteriosa en la lista de raciones figuran como jardineros. El grupo partió de Jaffa y atravesó Turquía a bordo del tren, en los tramos de vía que habían completado alemanes e iraquíes, y en camello el resto del camino por los montes de Tauro y Cilicia recorriendo terracerías que habían sido hechas por armenios contratados para ese fin por el imperio otomano.

Éstos últimos, desde luego, eran los remanentes de los soldados armenios que el ejército otomano había desarmado como preparación para su aniquilación en el genocidio armenio de 1915.

Ahí en la zona estaban también Aleppo, Hama, Homs, nuestros heroicos espías quienes eran trasladados a toda velocidad por todo el valle libanés de Bekka por angostas vías ferroviarias.

En Damasco, Frobenius adoptó el nombre de Abdul Karim Pasha, y empezó a vestir a la usanza árabe como el resto de los agentes advenedizos. Él y su grupo tomaron la vía ferroviaria de Hejaz (misma que poco después destruiría Lawrence) hacia Al Ula, y viajó en camello por Al Wajh hacia el Mar Rojo. Luego vino la parte difícil pues tenían que cruzar el Mar Rojo por Massawa escondiéndose de las patrullas británicas y francesas.

Espías ya habían avisado a ingleses y británicos que Frobenius venía; el primero en detener su avance fue el buque English Empress of Russia, seguida por el navío francés Desaix, cuyo capitán nunca vio a Frobenius y a sus hombres porque su tripulación estaba vendiéndoles postales en su mismo barco.

Según un despacho posterior del embajador británico en Roma, Frobenius y compañía lograron abordar el navío francés de la siguiente forma: Se ocultaron en un rincón del barco francés usado, aparentemente, para los mismos fines que tiene un tanque sanitario en una nave más civilizada, tras permanecer en dicho escondite tan poco romántico, llegaron a cubierta a través de un agujero cuya utilidad es difícil de describir sin recurrir a un lenguaje soez.

Luego de abordar el Desaix a través de la letrina, los alemanes lograron fotografiar el interior del navío francés, y dicha imagen se encuentra aún en el Instituto Frobenius en Francfort.

A Frobenius de Arabia le tomó 42 días llegar a Eritrea, donde los italianos, alertados por los ingleses, le impidieron el paso hacia Etiopía. Por lo tanto, los alemanes decidieron abordar el crucero alemán de lujo Christian X, una nave nueva cuya cubertería de plata y piano de cola debe haber complacido al seudoaristócrata Frobenius.

Pero mientras él, con alarde de optimismo, trataba de comunicarse en clave con la legación alemana en Addis Abeba vía Berlín desde el Christian X, Sir Edward Grey, (famoso por hablar de las luces sobre toda Europa) daba permiso a los italianos para capturar a los alemanes bajo salvoconducto y llevarlos a Roma vía Suez.

Frobenius acabó en la Ciudad Santa, donde afirmó a la prensa italiana que él era el emperador otomano plenipotenciario, con la esperanza de obtener alguna condecoración italiana, antes de confesar que era un espía. Después se fue para Alemania en tren, un día antes de que Italia declarara la guerra en apoyo a los aliados.

Subsecuentes misiones de espionaje alemanas resultaron igualmente ridículas. En una de ellas, el agente salió hacia Arabia con una compañía de bailarines exóticos. En otra misión, un alemán disfrazado de árabe fue descubierto por un policía en Eritrea quien notó que el agente no tenía callos en los pies, y por lo tanto, lo desenmascararon como un occidental que había usado zapatos toda su vida.

Frobenius intentó regresar a África tras la guerra, pero fue detenido en El Cairo, donde la policía colonial británica le levantó un acta en que se le calificó de ladrón embembaucador, y asentó de manera memorable que se trataba de “uno de esos científicos alemanes que puede ser calificado de ‘huno’, sin levantar controversia”.

Acabó siendo presidente del Instituto Cultural de Morfología en Francfort, y se dice que vendía los artefactos que recolectó durante sus expediciones. Su reputación científica (según el Servicio del Exterior británico) es tan mediocre como la honorabilidad de su conducta.

Frobenius de Arabia sobrevivió tres años a Lawrence de Arabia. Pero hay que tomar en cuenta que el alemán no solía andar en motocicleta.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca