Opinión
Ver día anteriorViernes 8 de enero de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Vivir en el éter

El amnésico profesional

Generaciones sacrificadas sin recuperación económica

Carlos Fernández-Vega
E

ntre su patético discurso a la nación con motivo del Año Nuevo y su enternecedora felicidad por la baja inflación en 2009, el inquilino de Los Pinos da muestras fehacientes de que lo suyo es vivir en el éter. La economía se hundió en proporciones históricas, aunque él asegura que 2010 será el año de la recuperación; la tasa oficial de desempleo crece y crece, pero presume que se han creado miles de empleos en los últimos meses, ergo, vamos en el camino correcto; los precios se incrementaron (versión Banco de México) 3.57 por ciento en 12 meses y lo celebra (quizá la más baja, o la segunda más baja que se tenga registro en el país desde que se registra la inflación), aunque le repugna mencionar que en sólo seis días los precios de 45 alimentos básicos subieron 45 por ciento (La Jornada) y que el poder adquisitivo de la mayoría de los mexicanos está pulverizado; la pobreza galopa a todo lo que da, pero se ufana de que sí es posible mantener la estabilidad macroeconómica y la responsabilidad fiscal en el país, por mucho que las finanzas públicas se mantengan en la lona.

Amnésico profesional, para 2010 el inquilino de Los Pinos ofrece a los mexicanos no sólo lo mismo por él prometido en sus dorados tiempos de campaña electoral (cuando el peligro para México era otro, según su versión), sino lo descaradamente incumplido en su primera mitad vacacional en la residencia oficial, es decir, generar empleos, combatir la pobreza extrema y fortalecer la seguridad pública. Ésas son sus tres prioridades cuyo balance, a la fecha, arroja cerca de 3 millones de desempleados, alrededor de 6 millones adicionales de pobres (sólo en 2007-2008) y más de 17 mil muertos, respectivamente.

¡Oh!, la placidez del éter, la comodidad que garantiza tres años de aislamiento en Los Pinos. Preparaos, mexicanos apóstatas, que ya lo dijo el amnésico profesional: 2010 será el año de la recuperación. Y el fundamento científico es sencillo: será así, “porque se celebra el año de la patria por el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana… porque somos un pueblo orgulloso de nuestra historia y de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de nuestro arte, de nuestros colores, de nuestra diversidad, de nuestras canciones y sabores”. Échense ese trompo a la uña.

Desde 2008, cuando era más que obvio el impacto y alcance de la crisis económica, el inquilino de Los Pinos y sus corifeos se le fueron al cuello a los catastrofistas que advertían sobre la necesidad de actuar de inmediato para atemperar las consecuencias de la nueva sacudida. Como era lógico, la economía se desplomó, el costo social ha sido impresionante y los catastrofistas siempre tuvieron la razón. Hoy el país paga carísimo el precio de permanecer en el éter. Pero el chiste es insistir, y el renovado discurso calderonista ahora se enfoca en contra de los mismos malos mexicanos, pero con otro nombre, y en su patético discurso a la nación hizo un llamado “a no permitir que visiones pesimistas paralicen a México… hacer a un lado las dudas y los temores si quieren escribir páginas de gloria”, o lo que es lo mismo, no me apesten el cuento ni contradigan la idílica novela de país que aporta el éter.

En algo tiene razón: ninguna de las dificultades o desgracias vividas en 2009, un año muy duro, puede atribuirse a una falta de energía o de carácter de los mexicanos. Por el contrario, en medio de la tormenta los mexicanos han demostrado energía, coraje, creatividad y capacidad para tomar decisiones en momentos que requieren de valor. Cierto, los mexicanos sí; el inquilino de Los Pinos y su muy buen equipo económico, tal vez el mejor, no, de ninguna manera.

Y para redondear su brillante intervención ante las pantallas, Felipe Calderón recurrió al viejo truco utilizado desde tiempos de Miguel de la Madrid para justificar la ineptitud gubernamental y el deterioro social de los mexicanos. Así, dijo que las decisiones difíciles tomadas y los grandes sacrificios que realizan los mexicanos, permitirán alejarnos de muy serios peligros financieros, así como tener una rápida recuperación económica. En fin, más productivo hubiera sido ahorrarse su siempre atractiva y atinada aparición en cadena nacional.

Por cierto, es notorio que los creativos redactores de discursos del inquilino de Los Pinos se nutren de la inspirada fuente retórica de ex mandatarios tricolores (etapa neoliberal, desde luego) en sus mensajes a la nación, en los que el término sacrificio de los mexicanos aparece recurrentemente. Van algunos ejemplos que nutren al éter calderonista:

Miguel de la Madrid: “sabe muy bien mi gobierno que la mejoría de los aspectos más generales de la economía todavía no se reflejan apreciablemente en la vida cotidiana de los individuos y las familias, y que las duras medidas que se han tomado han impuesto amargos sacrificios a la sociedad… El sacrificio de estos años de austeridad no ha sido en balde. Hoy tenemos una perspectiva distinta: las bases políticas y económicas han sido renovadas… Las condiciones económicas internacionales y del país nos impusieron grandes sacrificios. Sin embargo, se han atendido las necesidades básicas de la población y sentamos las bases para recuperar un desarrollo viable y sostenido…. Nuestra prioridad, definida desde el primer día de mi régimen, ha sido el hombre… Agradezco con emoción a mis compatriotas su perseverancia, su lucha, su sacrificio, su dignidad, su valor. El pueblo de México ha sido en todo momento mi ejemplo a seguir”.

Carlos Salinas de Gortari: al cabo de una década de sacrificio e incertidumbre, contamos ya con una opción real para dirigir el cambio y beneficiarnos de las oportunidades que ofrece; tenemos nuestro propio camino para forjar un país más próspero, más libre y más justo no sólo para nosotros, los que ahora y aquí batallamos, sino también para construir la herencia de esfuerzo y solidaridad que legaremos a las generaciones futuras.

Ernesto Zedillo: “sin estas medidas (económicas), la devaluación, el desempleo y la inflación habrían sido más graves y habrían demandado de todos un sacrificio aún mayor… De acuerdo con mi compromiso de hablar siempre con la verdad, por dura que sea, señalé que iniciábamos una etapa de auténtica emergencia económica, cuya superación demandaría de todos la más entera y firme determinación, así como apreciables sacrificios”.

Las rebanadas del pastel

Todos hablaron de sacrificios y, en consecuencia, de recuperación económica. Resultado concreto: en casi 30 años a duras penas 2 por ciento de crecimiento anual promedio (uno por ciento en la década panista). Entonces, sacrificaos, mexicanos herejes, que algún día recibiréis los frutos de poner la otra mejilla.