Sociedad y Justicia
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Niños acogidos por homosexuales arrastran graves complejos, afirma El Semanario

Adopciones por gays, equiparables a legalizar el narco: arquidiócesis

Cuestiona: ¿Para qué están las leyes? ¿Para tutelar el orden o para ponerse al servicio de lo que sucede en la calle?

Asegura que se usa a menores como instrumento de presión ideológica

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Según la Iglesia tapatía, no es que los homosexuales sean malos por naturaleza. Se necesita lo femenino y lo masculino delante del niño. La imagen, en el Hemiciclo a Juárez en la capital del paísFoto Francisco Olvera
Mauricio Ferrer
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 31 de enero de 2010, p. 32

Guadalajara, Jal. 30 de enero. El editorial de la más reciente edición de El Semanario, órgano de difusión de la arquidiócesis de Guadalajara, señala que legalizar la adopción de niños por parejas homosexuales equivale a hacer legales los homicidios o el narcotráfico.

Titulado “Niños juguete (Toy children)”, el texto de la Iglesia católica afirma: “Es verdad que algunos pequeños están creciendo bajo el techo de parejas homosexuales. Y, con base en que el hecho está teniendo lugar entre nosotros, algunos argumentan que la legislación debe ofrecer un marco legal a lo que está ocurriendo.

En tal sentido, entonces deberíamos legalizar todos los asesinatos, el narcotráfico o cualquier otra actividad que ya se hizo común para muchos, argumenta la publicación dominical de la Iglesia católica de Jalisco, que preside el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez.

Continúa: ¿Para qué están las leyes? ¿Para tutelar el orden o para ponerse al servicio de lo que sucede en la calle? El caso es que este principio suele ser mantenido según conveniencia, ya que a nadie se le ocurre decir que la ley deba despenalizar el robo, por ejemplo, basándose en el hecho incuestionable de la existencia de carteristas y asaltantes.

En el texto, la arquidiócesis asegura que los menores arrastran graves complejos al ser adoptados por parejas homosexuales, en contraste con aquellos que tienen padre y madre.

No es que los homosexuales, por naturaleza, sean malos o menos buenos que los heterosexuales, o más malos que otros. No. Sólo aplica el sentido común: se necesita lo femenino y lo masculino delante del niño, afirma.

La Iglesia tapatía dice en el documento que al dictarse cualquier legislación relacionada con los menores debe protegerse prioritariamente a los mismos como mero objetivo, ya que no se trata de “juguetes o artículos de uso.

Al margen de falacias, lo que debemos denunciar es que se utiliza a los menores como instrumento de presión ideológica. No se puede aceptar que los más inocentes se conviertan en herramienta reivindicativa en pro de emancipaciones que no pueden fungir bajo la tutela femenina y masculina bien definida, finaliza el editorial.