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Toros

El Cejas confirmó su alternativa en Francia y prepara su reaparición el 5 de junio en Las Ventas

En terapia intensiva, Julio Aparicio sobrevive a la cornada en el cuello

Tiene la boca destrozada; se comunica por escrito

Está de buen ánimo: tuvo una suerte asombrosa

Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 24 de mayo de 2010, p. a46

Madrid, 23 de mayo. Al cierre de esta edición, el matador sevillano Julio Aparicio continuaba en el área de terapia intensiva del hospital 12 de Octubre, de esta ciudad, con graves heridas en el cuello y en la boca, a causa de la espantosa cornada que le pegó el viernes un toro jabonero del hierro de Juan Pedro Domecq, en la plaza de Las Ventas. El diestro permanece sedado y conectado a un respirador artificial, pero cuando despierta se comunica con bolígrafo y papel y afirma que está de buen ánimo.

No tendría por qué no estarlo. Al momento de ser cogido, Aparicio corrió con una suerte asombrosa: después de tropezar en la cara del toro y quedar sentado en la arena, el animal lo embistió y le tiró un derrote con el pitón derecho, cuya punta curva, en forma de cimitarra, le entró por el lado izquierdo del cuello y le salió por la boca sin dañarle la yugular ni la carótida, pero tampoco afectó el paladar ni el cerebro. Fue, para decirlo de un modo simple, una cornada ergonómica, a la medida, casi quirúrgica.

Pero en este detalle no se agotó la suerte del matador sino, sobre todo, en el hecho de que al encontrarse enganchado de tan horripilante forma por el cuerno, los dioses de la fortuna evitaron que la bestia lo pisara con las manos cuando volvió a mover el perchero para quitárselo de encima, porque de haberlo aferrado al piso con las pezuñas, mientras lanzaba ese nuevo derrote, habría podido arrancarle la cabeza.

Un toro de lidia puede levantar en vilo media tonelada de peso con la fuerza de los músculos de su cuello. Para reconstruirle el maxilar superior, que sufrió importantes fracturas, y repararle la cornada en la lengua y en la garganta, los médicos que salvaron a Aparicio tuvieron que practicarle una incisión en la tráquea e introducirle un tubo de oxígeno, al que permanece conectado el diestro andaluz, quien vivirá para contar su aterradora y extraordinaria experiencia.

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Julio aricio es trasladado a la enfermería de Las Ventas, luego de haber sido herido en la cara el pasado viernes por un toro de Juan Pedro DomecqFoto Ap

Esta primavera, ni duda cabe, será recordada como la de las cornadas más terribles en mucho tiempo. En abril sobrevino la de José Tomás, en Aguascalientes, que dio la vuelta al mundo, y ahora, en mayo, la de Aparicio, que no ha causado menos polémica y estupor. Otro, que en sus pocos años de matador de toros ha sido herido gravemente varias veces por los bovinos es el mexicano Arturo Macías, El Cejas, quien el pasado viernes, en la plaza de Nimes, confirmó su alternativa en suelo francés.

El jueves, los nimeños habían sacado en hombros a Julio Aparicio tras un faenón, de modo que cuando se enteraron de lo que acababa de ocurrirle en Madrid, prestaron poca atención al mal juego que el encierro de José Vázquez le dio a la terna formada por El Cejas, su padrino francés, Juan Bautista, y el testigo de la ceremonia, Matías Tejela.

De nueva cuenta, El Cejas conmovió a los aficionados por su valor, su quietud, su entrega y su falta de recursos ante un ganado mucho más complejo que el de México. Ante su primer enemigo logró emocionar al tendido y quizá hubiera cortado una oreja si no hubiese fallado con la espada. Al sexto, el peor del encierro, nada pudo hacerle pero lo estoqueó mejor y cosechó, en recompensa, un comprensivo y respetuoso silencio.

Ahora, Macías tiene por delante su reaparición en Las Ventas, el 5 de junio, y después las empresas taurinas del reino de Juan Carlos dirán si se queda por allá, a seguir aprendiendo. Hasta ahora, en sus primeras cuatro corridas europeas ha recibido dos cornadas, cortado una oreja y despachado seis reses.