Opinión
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Melón

Primero, a la Casa de Amores

Luis Ángel Silva Melón
A

Ernesto P. Uruchurtu, regente de hierro, se le considera el destructor de la vida nocturna en la ciudad de México, que en esos momentos estaba a la altura de cualquiera en el mundo. Los cabarets presentaban artistas de fama internacional, por citar sólo dos: Josephine Baker y Ella Fitzgerald, pero vinieron muchos más.

En 1959, a este señor se le ocurrió cambiar los horarios de todos los establecimientos, según él, para proteger los salarios de los trabajadores, pero en detrimento de soneros, músicos y artistas. Ese cambio drástico trajo un descontrol que, por fortuna, no duró mucho en acomodar otra forma y tiempo para divertirse, como fue la aparición de muchas casas de citas, desafinadas, como las definió el periodista Héctor Pérez Verduzco.

Los cabarets de tercera y segunda categoría cerraban a la una de la madrugada y los de primera a las cuatro, pero en los límites del Distrito Federal y el estado de México abrieron lugares donde la rumba era sin límite de tiempo. Así apareció por el oriente lo que bautizaron como el cinturón del vicio, y por el rumbo de Cuatro Caminos aparecieron el Kalinova y varios cabarets más.

Éste, su asere, monina, bonkó, nagüeriero, enkrukoro, bonecue, yamba (todo esto quiere decir amigo) tuvo mucha suerte y pudo capotear la situación al cambiar el tumbao. Lobo y Melón actuábamos en Picos Pardos, y por el cambio de horario nos despidieron, pero un amigo de nombre Memo, del cual no recuerdo el apellido, nos rescató y nos llevó a su lugar de nombre Marruecos, en la calle de Florencia. Así empezamos un peregrinar por varios sitios hasta llegar al 33.

Una noche, Jaime Gómez Vela, futbolista apodado El Jarocho, y nuestro primer representante, nos invitó una botella después del trabajo, y nos llevó a una de estas casas en la calle de Amores; era cinco estrellas. Ya estaba a la venta nuestro primer álbum, y nos dijo que nos aguardaba una sorpresa. Al entrar a esa casa escuchamos Virgen negra, en voz de Daniel Riolobos, parte de un disco que había grabado en Cuba. Nos acomodamos en una sala, y antes de pedir se apareció la madame, quien después de darnos la bienvenida y cubrirnos de elogios, ordenó que al terminar el disco de Daniel pusieran el nuestro.

Poco después llegaron Los Tres Ases con su nueva adquisición, Garparín, para cubrir la ausencia de Marco Antonio Muñiz, quien había dejado el trío. La madame nos llevó a otra sala más íntima, y así empezó la descarga que muchos llaman bohemia, para evitar decirle destrampe. La madame nos nombró invitados de honor y así fue como conocí una casa desafinada, pero de cinco estrellas.

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Avenida Insurgentes, a la altura de la colonia Del Valle, en 1986Foto Fabrizio León

En una de mis visitas coincidimos con Marco Antonio acompañado de Santamaría, representante de Mona Bell. El Lujo de México había grabado ya como solista y empezaba a popularizarse. Esa madrugada lo escuché cantar como no lo he vuelto a oír; tan sólo de acordarme me dan ñáñaras.

Poco a poco fuimos entrando a un grupo de famosos y las descargas se hicieron más frecuentes, lo que me permitió escuchar de primera mano composiciones de Álvaro Carrillo, así como parodias que él hacía de las mismas. Una de ellas, La mentira, de la que recuerdo: “Se te olvida, que te puse a talonear con La Bandida”, y luego, por mi parte, vas y chicles, chocolates, mueganitos, cosas de un señor en toda la extensión de la palabra.

En una de esas reuniones, pero en otra casa, también de cinco estrellas, ésta en la calle de Casas Grandes –espero que no se se me olvide ninguno de los que ahí se encontraban–, brindábamos por el éxito de José Alfredo Jiménez y Álvaro Carrillo (que tenía en la popularidad sus composiciones). Juan Neri; Pepe Jara; Leonel Polanco, primera voz de Los Tres Caballeros; Memo de Anda, gran compositor; así como Mario Molina Montes, El Pato, nuestro segundo representante, y su amorcito, una lindura llamada Paty; Gallina, Lobo y menda.

Habíamos pedido que nos dejaran solos, pero de pronto llamaron a la puerta y al abrir encontramos a la madame de esa casa y a un político a quien presumió: Mira lo que tengo. ¿Cuánto vale este elenco? Y todavía me pagan el consumo. Tomó al político del brazo, cerró la puerta para respetar nuestra petición y seguimos descargando. En esa ocasión le recordé a José Alfredo lo primero que le escuché: su portero es valiente y certero/ su par de defensas son siempre dos leones/ su línea de medios qué trabajadores/ y cómo carburan esos delanteros, parte del himno al Olviedo, de Peque Sánchez. ¡Vale!

Les espero, acompañado de mis Lobos, viernes y sábados a las 22 horas en el restaurante bar Papá Jesú, en Ayuntamiento 161, esquina con Bucareli, Centro. Teléfono 5512-1305.

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