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Dedicó el concierto a la memoria de Salvador El Negro Ojeda y Eugenio Toussaint

Entre amigos, Armando Rosas festejó 29 años de trayectoria independiente

Óscar Chávez, Rafael Mendoza, David Haro, Nina Galindo e Iris Bringas, entre los invitados

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Armando tuvo su noche de vino y rosas con un concierto de aire emotivo, de amistad que trasciende la vidaFoto cortesía Pedro González
 
Periódico La Jornada
Domingo 13 de febrero de 2011, p. 8

Armando Rosas y varios de sus colegas dedicaron su concierto del pasado viernes, en el Teatro de la Ciudad, a la memoria de Salvador El Negro Ojeda y Eugenio Toussaint, recientemente fallecidos, lo cual dio al recital un aire emotivo, de amistad que trasciende la vida.

Rosas festejó con esta tocada sus 29 años de trayectoria artística, con un concierto grande, que no daba desde 2001, cuando me presente en la Sala Ollin Yoliztli, expresó en entrevista after show, en un bar cercano al Teatro de la Ciudad situado en la calle República de Cuba.

A las ocho de la noche se apagaron las luces y la onda rupestre de quienes hacen valer su arte acompañados sólo con su guitarra provocó una gritería.

Entró al escenario el primer invitado especial, Rafael Mendoza, quien cantó Soy mi voz, en cuya introducción dijo que hablaba de quienes hicieron oír su palabra entre el coro, como Ojeda y Toussaint.

Al concierto, Rosas lo tituló 29 años en el mismo tren, para remarcar su postura como músico independiente, sin ataduras mercadológicas que limitan la creatividad. Siguió David Haro, veracruzano que interpretó dos historias de ferrocarriles.

Noche rupestre

Así fue el preámbulo para que llegará Armando y su banda, acompañado en un momento por Alain Derbez. Entre aplausos de quienes reconocen la calidad vocal, arribó Nina Galindo, para emocionar con Habrá tiempo; es la voz por excelencia de los rupestres. Rosas seguía al finalizar cada uno de sus amigos.

La sorpresa de la noche ocurrió cuando Rosas anunció la presencia de Óscar Chávez, elCaifán Mayor, el Estilos que enamora a la niña rica personificada por Julissa. Fue meritoria su participación porque desde días antes padece un resfriado. Cantó Tu boca y un bolero que se llama Ya no puedo morir más, cuya letra que expresa un amor que resiste todo, hasta el dolor que causa la ingratitud, el amor no correspondido. El autor de Por ti se fue entre gritos de quienes querían otra rola, pero era la noche de Armando.

Entró Iris Bringas para entonar Parece ser tan fácil. Le pedían otra, pero también se fue para darle su lugar a la estrella de la noche.

En el bar de nombre Tintico (que significa café) se desarrollaba el after show. Rosas bebía vino. Dijo que enfrente estuvieron muchos de sus amigos. “Esto te mueve el tapete porque no es gente anónima, sino personas que conocen tu trayectoria, tu historia.

Aunque ya no estamos organizados, los rupestres somos una buena banda de amigos que seguimos colaborando y haciendo cosas juntos.

A la misma hora, en el Auditorio Nacional, Luis Miguel iniciaba su rosario de presentaciones. Con Armando el Teatro de la Ciudad estuvo un 80 por ciento lleno. Rosas acotó: “Yo tengo ventaja, porque no soy más guapo... Con la asistencia que tuvimos nos damos por satisfechos. Nos ofrecieron público de stock (para llenar), pero no quisimos. Tampoco anunciamos que iba a estar Óscar Chávez, porque si cae la banda talibán de Óscar no lo dejan ir. Es más, se hubiera dicho que llené por él.”

También en el Tintico, Iris Bringas se desestresaba. Ella fue el motor que organizó el concierto de Rosas. “Me dedico a la composición, a la música, al canto, pero el azar, el destino, la gracia del cielo, me llevaron al Palacio de Bellas Artes, cuando tenía 20 años, a producir.

“Produje la primera parte de la tetratología de Wagner y de colaborar en varias óperas. Fui asistente de producción y Eleonora Velázquez, que es una institución en materia de producción en México, me dijo que nunca iba a salir de eso, pero le contesté que lo que quería era cantar. Tuvo razón, pero ahora, con Armando Rosas decidí participar para que saliera su concierto.

“Reuní un grupo de amigos de la ópera, como Óscar Tapia y Gerardo Arévalo, los cuales se encaregaron de la videoproyección. Así salió 29 años en el mismo tren. Dimos a lo rupestre un ambiente escénico. Esto significó para mí el retorno a las grandes producciones, pero no de cuando dependía de una institución, sino desde la manera independiente, con una buena gestión-”

Con Iris, Armando tuvo su noche de vino y rosas.