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Energía

¿Adiós a las plantas nucleares?
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El sábado pasado unos 20 jóvenes se manifestaron contra la energía nuclear frente al cuartel general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, en Viena, Austria. Los carteles de los extremos rezan en alemán: ¿Energía atómica? ¡Bu!Foto Ap
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Periódico La Jornada
Martes 12 de abril de 2011, p. 28

El desastre en la planta nuclear Fukushima Uno, en el noreste de Japón, vuelve a poner bajo los reflectores el tema de la seguridad de la energía nuclear. Las consecuencias serán de varios grados, desde normas de seguridad más estrictas (que elevarán los costos de construcción y dificultarán la aprobación de reactores) hasta una mayor resistencia de los políticos y del público al uso de esa fuente energética. Aun así, la energía nuclear seguirá siendo una parte significativa de la mezcla energética mundial, como la alternativa más práctica a la creciente dependencia en los combustibles fósiles. China, en particular, se dispone a emprender una inmensa expansión de su industria nuclear en la próxima década. Aunque la magnitud de esos planes no parece realista, en términos agregados el incremento del uso de energía nuclear en ese país compensará en todo o en parte los cierres o suspensiones de plantas en otros lugares.

Antes del desastre en Japón, la energía nuclear parecía enfilarse a un cauteloso renacimiento. El sector representa cerca de 14% de la generación eléctrica mundial. Sus principales ventajas son proporcionar una energía relativamente barata una vez que las plantas están en operación (los costos de arranque son muy altos) y no producir emisiones de carbón. También es atractiva para países muy dependientes de los hidrocarburos importados, y para aquellos en los que la demanda de energía crece muy aprisa y no puede ser satisfecha sólo con combustibles fósiles. Japón y Corea del Sur, ambos usuarios entusiastas de esta energía, caen en la primera categoría. Antes de que el desastre del 11 de marzo inhabilitara los reactores de Fukushima Uno y obligara a cerrar otros, Japón tenía 54 reactores nucleares en condiciones operables, según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), sólo detrás de EU (104) y Francia (58). La energía nuclear representó 27% de toda la energía generada en Japón en 2010. Corea del Sur tiene menos plantas en operación –21–, pero generaron 33% de la electricidad de ese país el año pasado.

La segunda categoría de países en los que esta forma de energía tiene un obvio atractivo está compuesta por economías en desarrollo, como China e India. En ambos países, una combinación de enormes poblaciones, rápido crecimiento económico y gran dependencia del carbón ha llevado a las autoridades a volverse hacia la energía nuclear para mejorar su seguridad energética y combatir la contaminación del aire. El carbón seguirá siendo el combustible dominante en ambos, pero reducir su participación en la generación energética se ha vuelto un elemento clave de sus políticas en la materia. Ambos tienen ambiciosos planes de construir reactores nucleares en las próximas décadas. Hay quienes dicen que China se propone incrementar su capacidad de generación nuclear a 70 gigavatios (GW) hacia 2020, siete veces la actual, y hasta 400 GW hacia 2050. Según datos de la AIEA, tiene 27 reactores en construcción, y es posible que hacia 2020 tenga hasta 75 en operación; actualmente son 13.

India, entre tanto, planea incrementar su capacidad nuclear de 4.6 GW en 2009 a 40 hacia 2030. El capital político que el gobierno del primer ministro Manmohan Singh invirtió en firmar un pacto de cooperación nuclear civil con EU en 2008 subraya la decisión de desarrollar ese sector. India tiene ya 20 reactores en operación, y el acuerdo (que también abre la puerta a un aumento del comercio nuclear con otros países aprobados) incluye incrementar el acceso del país a la tecnología y los materiales esenciales para los planes de expansión.

Secuela global

No está claro aún el significado que tendrán los sucesos de Japón en la industria global. Habrá mayor énfasis en la seguridad, pero sobre todo en el mundo en desarrollo es probable que la necesidad de hacer frente a la creciente demanda de energía se imponga a tales preocupaciones. China se ha apresurado a hacer declaraciones simbólicas sobre la necesidad de adoptar un enfoque más lento y cauteloso para aprobar y construir estaciones nucleares, pero EIU cree que ello no alterará el empuje expansionista de la política de ese país en la materia.

En otras partes del mundo, es probable que el incidente en la Fukushima Uno sobre las perspectivas de la industria nuclear tenga un impacto mezclado. Japón está en la posición más difícil, no sólo porque el desastre obligó a cerrar las plantas nucleares y térmicas que constituyen una porción importante de la capacidad total de generación, sino también porque las opciones no nucleares del país son limitadas. Resulta irónico que la crisis vuelva más difícil en lo político lograr la aprobación de los nuevos reactores que el país necesitará ahora más que nunca. En particular, requerirá más importaciones de carbón y petróleo hasta que la situación se aclare.

La mayoría de los otros grandes consumidores de energía nuclear –EU, Francia, Rusia y Gran Bretaña (GB)– luchan en distintos grados, y en diferentes formas, con el mismo problema esencial de tener viejos reactores nucleares que es necesario remplazar. La extensión en que las preocupaciones de seguridad se vuelvan un obstáculo al proceso de mejoramiento será variable. Francia ha anunciado una revisión de seguridad, pero está demasiado comprometida con la energía nuclear, que representa 77% de su generación total. Rusia no parece demasiado perturbada por los sucesos en Fukushima: acaba de anunciar un acuerdo por 9 mil mdd para construir una nueva planta en Bielorrusia y sigue siendo destacada partidaria de la energía nuclear: sus planes comprenden construir 14 plantas en los próximos 20 años.

Es probable, sin embargo, que la oposición a la energía nuclear aumente en muchos países, sobre todo en Occidente. Los grupos antinucleares han insistido en el incidente de Fukushima para ilustrar los peligros de esta energía. Alemania, que tiene un fuerte movimiento ambientalista, respondió al desastre en Japón suspendiendo la operación de siete reactores.

El desgaste natural será también un factor clave. Según nuestros pronósticos, Alemania y GB tendrán las mayores reducciones en el número de reactores nucleares de aquí a 2020, debido al desmantelamiento de los viejos reactores. También el gobierno estadunidense de Barack Obama había apoyado la energía nuclear como sustituto limpio de los combustibles fósiles, pero, al igual que en GB, la construcción de plantas nucleares llegó a su punto más alto hace décadas y en esencia no ha habido nuevas construcciones en muchos años, lo cual refleja tanto el prolongado proceso de aprobación como, a últimas fechas, la dificultad de obtener financiamiento para estos proyectos. Sin embargo, con más de 100 reactores, que representaban 30% de la generación nuclear mundial en 2010, EU sigue siendo el participante más grande en la industria.

Desplazamiento del equilibrio

Si la resistencia política y pública a la construcción de nuevas plantas, o a la prórroga de las licencias de operación de plantas existentes, se vuelve más fuerte por los recientes sucesos en Japón, podría acelerarse el desplazamiento del equilibrio en la capacidad nuclear mundial hacia los países en desarrollo que ya había aparecido en nuestros pronósticos. En 2010, según nuestras estimaciones, China e India juntas representaban 3.5% de la generación eléctrica nuclear mundial. Según nuestras previsiones más recientes, esa proporción se elevará a 13.6% en 2020.

En un ámbito más amplio, es probable que el aumento de las preocupaciones por la seguridad nuclear conduzca a revaluaciones de las estructuras regulatorias y a un mayor interés por otras fuentes de energía. Ambas cosas son problemáticas. Las normas de seguridad nuclear más estrictas –aunque necesarias en muchos casos– se añadirían a los altos costos de arranque y a los prolongados periodos requeridos para construir plantas de energía nuclear, lo cual debilitaría la viabilidad económica de esta energía. Las alternativas son un uso mayor del gas natural y de combustibles fósiles no convencionales y renovables. Pero el gas, aunque barato, abundante y más limpio que el carbón o el petróleo, implicaría problemas de emisión de carbono si remplazara a la generación nuclear. El interés por las fuentes renovables se incrementará, pero hay límites a su crecimiento. A menos que el cuadro cambie en forma dramática, cualquier abandono de la energía nuclear crearía tantos problemas como los que resolvería.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya