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Procedentes de todo España, exigen nuevas vías de participación y transformaciones sociales

Indignados vuelven a la Puerta del Sol

Arribaron a Madrid tras larga marcha desde Galicia, Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga y Extremadura

Demandas frente a sedes de los gobiernos autonómicos y municipales, y el palacio de Rodríguez Zapatero

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Los jóvenes indignados llegan a la Puerta del Sol en Madrid tras marchar desde siete regionesFoto Reuters
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 24 de julio de 2011, p. 24

Madrid, 23 de julio. Miles de ciudadanos indignados regresaron a la madrileña Puerta del Sol, el sitio que sigue siendo el símbolo y el epicentro de esta movilización ciudadana que rechaza el modelo económico y político imperante. Los manifestantes, procedentes de todo el país que participaron en la Marcha Popular Indignada, reclamaron nuevas vías de participación y transformaciones sociales, además de una democracia más participativa, transparente y horizontal.

La multitudinaria protesta es el colofón de una larga y dura marcha que salió de siete puntos geográficos del país: Galicia, Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga y Extremadura. El norte y el sur, el este y oeste. Fueron peregrinaciones por la dignidad, laicas y con el único propósito de alzar la voz ante lo que consideran un sistema injusto que promueve desigualdades estructurales y alimenta la voracidad del sistema financiero.

Las siete marchas entraron con pancartas y los más de 500 caminantes con los pies llenos de ampollas, pero con el animo insuflado ante las palabras de ánimo a lo largo del camino y el recibimiento en los barrios de Madrid, donde la llamada revolución de los indignados se ha expandido y arraigado a través de las asambleas populares y las actividades de resistencia.

La revolución de los indignados comenzó el 15 de mayo (de ahí que también se le conozca como el movimiento del 15-M), cuando las plataformas Democracia Real Ya y Juventud sin Futuro convocaron a decenas de miles de personas en todo el país para reclamar a los poderes político y económico que la crisis no la pagamos y para demandar más espacios de participación ciudadana.

Trinchera política sin políticos

El movimiento creció a raíz de la represión policial, que ese mismo día detuvo y desalojó con violencia de la plaza a varias decenas de jóvenes. Entonces comenzó un largo plantón de más de un mes en la emblemática Puerta del Sol, que convirtieron en su casa y en su trinchera política más de 3 mil personas que, al mismo tiempo, se organizaron como una microciudad mediante comisiones.

Dos meses después del inicio del movimiento 15-M se mantiene la esencia de sus postulados: está al margen de partidos políticos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales, su forma de actuación es asamblearia y consensuada, y en ningún caso utiliza la violencia como arma política. Su esencia es la protesta pacífica, pero enérgica, ya sea utilizando plantones en las plazas públicas, concentraciones frente a las sedes de los poderes públicos o las caceroladas frente a bancos o parlamentos.

El movimiento ciudadano se ha dedicado en las últimas semanas, cuando decidió desmontar el campamento en la Puerta del Sol –dejó sólo un punto de información y de presentación de propuestas–, a trabajar en una serie de iniciativas para llevar a cabo algunas transformaciones en el modelo político y económico, entre ellas las reformas de la ley electoral y de la legislación crediticia. De hecho, una de las actividades más importantes del 15-M ha sido evitar los desahucios que ordena un juez en favor de los bancos, de los cuales ya han evitado más de 100.

En su camino a la Puerta del Sol, los indignados han protestado frente al palacio del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pero también ante las sedes de gobiernos autonómicos y municipales especialmente vinculados con la corrupción, como Valencia y Madrid, donde se han conocido los casos más graves de colusión político-empresarial. En las muchas paradas que hicieron a lo largo de la marcha gritaron sus habituales consignas, como Le llaman democracia y no lo es, “No hay pan para tanto chorizo (corrupto)”, Esta crisis no la pagamos o Estas son nuestras armas.

Además de los manifestantes que hicieron el trayecto desde sus ciudades y pueblos a pie, la organización también fletó decenas de autobuses para trasladar hasta la capital de España a varios miles de indignados que pretenden volver a alzar la voz y recordar que el movimiento del 15-M sigue vivo aún y llegó para quedarse.