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Los candidatos derrotados denuncian prácticas fraudulentas

Alzambek Atambayev gana la presidencia de Kirguistán con 63.24 por ciento de votos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 1º de noviembre de 2011, p. 29

Moscú, 31 de octubre. La Comisión Central Electoral (CEC) de Kirguistán declaró este lunes el triunfo del candidato oficialista Alzambek Atambayev en las elecciones presidenciales que tuvieron lugar el domingo anterior en esa república ex soviética de Asia central.

Escrutado el 99.96 por ciento de los votos, Atambayev obtuvo 63.24 por ciento, seguido de Adajan Madumarov con 14.76 por ciento, y Kamchybek Tashiyev con 14.33, de modo que –dice el CEC– no habrá necesidad de celebrar una segunda vuelta.

Quienes en los últimos años han seguido de cerca la situación política en Kirguistán –un país que tardará décadas en reponerse del cisma que, en abril pasado, provocó el derramamiento de sangre entre kirguises del norte y uzbekos del sur–, consideran imposible que un aspirante pudiera obtener, sin hacer trampa, más de 50 por ciento de los votos.

Sin embargo, el CEC afirma que Atambayev lo consiguió con más de 13 puntos, mientras Rusia y Occidente –a través de la Unión Europea– avalaron su victoria y, de hecho, cerraron los ojos a las numerosas irregularidades por conveniencia geopolítica.

El ex primer ministro Atambayev, entre los 16 aspirantes a la presidencia kirguisa, es el único candidato que, sin tener que negociar de nuevo, garantiza mantener el status quo de las bases militares de Kant y Manas que mantienen rusos y occidentales.

Como si el fraude les diera más legitimidad, en las repúblicas de la antigua Unión Soviética los candidatos oficialistas no sólo quieren vencer –la mayoría podrían ganar en segunda ronda de votación, sin duda–, sino hacerlo en primera vuelta y con mayoría absoluta. Atambayev no es la excepción.

Los candidatos derrotados en Kirguistán –la oposición toda– no van a reconocer estos resultados que, a su juicio, se deben a aberrantes prácticas como los votos repetidos, el padrón alterado, el transporte masivo de votantes a las casillas, el escrutinio inexacto y muchas otras que los observadores internacionales prefirieron no ver.

Cientos de miles de ciudadanos no encontraron sus nombres en el padrón y no pudieron votar. Hasta ahora no habíamos conocido un desorden y un despropósito semejantes, denunció Madumarov, el segundo más votado.

Por la noche, en la ciudad sureña de Osh –donde no pudieron votar cerca de 40 por ciento de los electores que, según denuncian, desaparecieron del padrón–, se empezaron a reunir en la plaza principal los seguidores de Tashiyev, el tercer aspirante con más votos, para exigir la anulación de los resultados.

Habrá que ver si estas protestas adquieren carácter masivo y derivan en un nuevo baño de sangre interétnico o, si por el contrario, se pacta una suerte de reparto de cuotas de poder entre el presidente electo y los líderes perdedores.

El contexto parece favorable para negociar, ya que –según se decidió en referendo en 2010– Kirguistán formalmente se convierte en la primera república centroasiática con un sistema parlamentario.