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Defiende el jerarca que el Presidente publique su fe

Calderón nos dijo que es mal católico: obispo Arizmendi
 
Periódico La Jornada
Jueves 17 de noviembre de 2011, p. 22

El obispo de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, aseguró que todos, también los gobernantes, debemos expresar nuestra fe en Cristo no sólo en palabras y ritos.

En tal sentido, celebró las manifestaciones públicas que de su fe ha hecho el presidente Felipe Calderón, quien –sostuvo el jerarca– durante el encuentro que tuvo con los obispos en Los Pinos –hace 10 días– les expuso que se considera un mal católico.

Arizmendi recordó las ocasiones en que el Presidente ha manifestado su fe católica. Con motivo del accidente aéreo en que perdieron la vida el secretario de Gobernación (Francisco Blake Mora) y varios de sus colaboradores, el mandatario ofreció públicamente oraciones por su eterno descanso y sus familias; cuando inauguró la Plaza Mariana dio testimonio de su fe al explicar por qué tantos jóvenes van por caminos negativos, dijo que en parte se debe también a no creer en Dios.

En su mensaje semanal, Arizmendi Esquivel también recordó la ocasión en que Calderón fue a Roma, cuando se declaró beato a Juan Pablo II, y le entregó al papa Benedicto XVI una invitación formal para venir a México, con la intención de que nos ayude en los múltiples problemas que padecemos. Añadió que hace poco, cuando nos invitó a los obispos del país a cenar en la residencia oficial de Los Pinos, nos reiteró que es católico, aunque dijo de sí mismo ser un mal católico.

Arizmendi criticó a quienes han recriminado a Calderón que manifieste su fe, pues dicen que viola el Estado laico y la separación con las iglesias. Destacó que en otros países más democráticos a nadie extraña que un presidente, un gobernador y legisladores de cualquier partido participen abiertamente en celebraciones religiosas.

Apuntó que hacer público el credo que practican los funcionarios es un derecho que las leyes no deben coartar. Consideró que lo que no debe hacer un funcionario es utilizar su cargo o dinero público para promover su credo. Un gobernante no ha de usar su cargo y el erario para hacer proselitismo en favor de su personal creencia, mucho menos utilizar una religión para manipular las conciencias y promover intereses partidistas. Pero ocultar su fe, avergonzarse de ella, reducirla a lo privado, es ignorar lo que el seguimiento de Cristo implica en todas las dimensiones de la vida.

El obispo apuntó que quienes critican estas manifestaciones públicas de fe de los gobernantes pretenden imponer una dictadura laicista.