Opinión
Ver día anteriorJueves 18 de abril de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los trabajadores ante el desarrollo
Napoleón Gómez Urrutia
D

urante la presente semana se está celebrando en Vancouver, Canadá, la Conferencia Nacional de Política, organizada por el Sindicato de Trabajadores de la Industria Siderúrgica (USW por sus siglas en inglés), la cual se inició el día 16 y terminará el día 18 de abril del año en curso. Han sido 52 ocasiones en que esta trascendente reunión se realiza para analizar y discutir temas de gran importancia como las alianzas estratégicas globales, el comercio y la economía, los retos del poder corporativo, la revisión a fondo de lo que hemos aprendido del pasado y qué es lo que sigue en el futuro por parte del grupo de la nueva generación de sindicalistas y políticos.

Fuimos invitados a participar con nuestras intervenciones oficiales un nutrido grupo de líderes como Leo W. Gerard, presidente internacional de los USW; Ken Neumann y Steve Hunt, director nacional en Canadá y del distrito 3 de los mismos USW, respectivamente y anfitriones de este encuentro; también Jyrki Raina, secretario general del sindicato más grande del mundo entero, IndustriALL Global Union, con más de 50 millones de miembros; Thomas Mulcair, líder del Partido Nuevo Demócrata y líder de la oposición en Canadá; yo como presidente y secretario general de los trabajadores mineros, metalúrgicos y siderúrgicos de México, y otros dirigentes políticos y sindicales de Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Sudáfrica, Perú y en general de los cinco continentes.

Los mensajes y las opiniones escuchados nos llevan a reflexionar profundamente sobre el futuro de la sociedad, de la clase trabajadora, de la desigualdad y la injusticia, de los riesgos implícitos en la paz social, como son la ambición y la avaricia desmedidas, la falta de conciencia sobre el impacto para las nuevas generaciones, la ignorancia, la irresponsabilidad y la explotación insaciable. Desde luego que los temas específicos sobre el empleo, la seguridad, el medio ambiente, la salud y las condiciones de trabajo no podían haber estado fuera de las discusiones apasionadas, que fueron presentadas con una gran inteligencia, las cuales no dejan lugar a dudas sobre cómo estar mejor preparados para enfrentar los retos del capitalismo salvaje, mejorar la armonía y la tranquilidad laboral, junto con una nueva y más fresca imagen del movimiento sindical mundial.

Hoy concluirá esta conferencia. Ha sido un verdadero éxito para los cerca de mil delegados, que habrá que ampliar y difundir porque de estos foros deben salir las mejores estrategias para reducir la marginación y el atraso y avanzar más de prisa en la construcción de un mundo mejor donde exista más respeto, justicia e igualdad, que generen mayor estabilidad, paz y progreso para todos y no sólo para unos cuantos.

En México tendremos que revisar y asimilar las conclusiones que nos permitan cambiar el rumbo de la política con una mayor profundidad y eficacia, y así trascender hacia una nueva etapa de desarrollo, sobre la base de que nuestro país forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), junto con Canadá y Estados Unidos. A todos nosotros, trabajadores, gobiernos, empresarios y sociedad en general, nos corresponde tomar nota de las conclusiones de esta reunión, que se inscriben en las demandas de igualdad y equidad, ya que ninguno de los tres países, aunque en muy distintos niveles de desarrollo, puede pensar que tiene resueltas las profundas desigualdades sociales existentes en el interior de nuestras naciones. Por eso hemos planteado que el Tratado de Libre Comercio al cual estamos adscritos se transforme en un verdadero plan para la cooperación y el desarrollo entre los tres países.

Sólo de esta manera será posible lograr que la cooperación internacional que en sí misma implica el TLCAN, que hoy es incompleta, se transforme en una sólida herramienta del desarrollo económico y social de las tres naciones. No se puede ni debe ignorar que tanto Estados Unidos como Canadá enfrentan agudos desafíos sociales, a pesar de una comunicación parcializada y sesgada de que entre ellos no hay miseria ni pobreza, ya que sí la hay. En el caso particular de México es importante desenvolver esta nueva visión de la asociación internacional de esfuerzos, donde con apego al respeto a las soberanías de cada nación se canalicen los recursos y los esfuerzos que hoy sólo se concentran en la actividad comercial, pero no tocan los resortes del verdadero avance económico, que son la igualdad de oportunidades, el respeto a los derechos e intereses de todos los sectores de cada uno de los países involucrados.

Un primer paso en ese sentido debe establecerse en el terreno de la cooperación laboral entre las tres naciones, donde prácticamente ha sido letra muerta el acuerdo que sobre el tema está establecido por los gobiernos signatarios. Los trabajadores de Canadá, Estados Unidos y México por medio de los mineros, hemos aportado una gran suma de ideas en la dirección de convertir el acuerdo de colaboración laboral en un genuino compromiso para el desarrollo social que atienda, ciertamente, los intereses de los empleadores, pero que se aboque de manera paralela y sustancial a resolver los problemas del empleo bien remunerado, el tratamiento justo de los litigios laborales y el respeto a la libertad y la autonomía de las organizaciones sindicales, que elimine la precarización del trabajo y las formas de explotación inhumana propias del capitalismo salvaje que se practican en todas nuestras naciones, más acentuadas en la nuestra que en las otras dos.

El nuevo gobierno de México tiene ante sí la oportunidad de entrar a esta nueva visión del esfuerzo internacional para el desarrollo. Los dos anteriores gobiernos del Partido Acción Nacional estuvieron ciegos y sordos a las demandas de un genuino desarrollo económico y social de México, y totalmente de espaldas hacia las posibilidades que abre la cooperación internacional para el desarrollo.

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