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Distrital, cine y otros mundos
U

n festival multidisciplinario. En su cuarta edición, el festival de cine Distrital, cine y otros mundos vuelve a ser una caja de resonancia para diversas expresiones artísticas, en particular la musical. La programadora invitada, la cineasta francesa Marie Losier (La balada de Génesis y Lady Jaye, 2011) coloca este año el acento en una apuesta experimental que incluye una perspectiva de género ya insoslayable en el cine contemporáneo. Destacan así tres cintas musicales que trastocan y confieren significados nuevos a la identidad genérica en los ámbitos de la música de rock.

El documental alemán Peaches se conquista a sí misma (Peaches does herself, 2013), intento por descifrar la compleja personalidad de la estrella de rock Merril Beth Nisker, (Peaches), cantante canadiense radicada en Berlín, figura del rock electrónico y la cultura underground, pulveriza en escena con su empleo de un lenguaje explícitamente sexual las convenciones de los roles sexuales. Algo similar consigue la realizadora estadunidense Sini Anderson con La cantante de punk (The punk Singer, 2013), centrándose en la figura de otra estrella, Kathleen Hanna, lideresa del grupo Bikini Kill, creadora del movimiento riot grrrl, un rugido feminista punk que cuestiona la hegemonía masculina a través de la reconquista de los escenarios de rock y la confrontación con las múltiples reacciones misóginas que genera su actuación provocadora. Al clásico biopic roquero lo enriquece el drama que vive la protagonista cuando sus ímpetus declinan debido a una enfermedad degenerativa que va minando sus primeros impulsos, sin alejarla por completo de la escena musical.

Finalmente, la coproducción estadunidense-danesa Volteando (Turning, 2012), de Charles Atlas, insiste en la representación musical transgénero con la crónica de un tour europeo del estupendo cantante, compositor y artista visual británico Antony Hegarty, líder del grupo Antony and the Johnsons, a quien acompaña un grupo de mujeres y transexuales que refieren tras bambalinas sus inicios en la música, su relación con el cantante estrella, y la vibrante afirmación de su heterodoxia genérica en el terreno del espectáculo.

En otro territorio de esos mundos fílmicos propuestos por el festival sobresalen tres exploraciones intimistas. La primera es Mapa, opera prima del español León Simiani, filme travesía, mezcla de ficción y documental, autorretrato de un joven videoasta como itinerante enamorado que procura descubrir en la India, un territorio extraño e inexpugnable, alguna clave secreta para descifrar su desasosiego sentimental. Un rostro femenino adolescente capturado a orillas del Ganges, la soledad de los cuartos de hotel barato, las ciudades tumultuosas a la vez herméticas y ruidosas, celosas de sus misterios, vuelven animal exótico al ávido pepenador de exotismos, y todo conspira para regresar al nómada inquieto a su lugar de origen, a su primera pasión y a su realidad irrenunciable. Una fotografía notable y un oído privilegiado hacen de este itinerario individual una gratificadora experiencia estética.

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Cartel del documental Peaches se conquista a sí misma

Otra cinta española, Los ilusos (2013), de Jonás Trueba, itinerario de índole distinta, experiencia más colectiva que individual, es una búsqueda de una mejor definición amorosa a través de las claves que propone la cinefilia. Los personajes, continuamente divididos entre el deseo y la frustración de completar el gran proyecto fílmico y las dificultades de dar un mínimo de sentido a sus azarosas infatuaciones amorosas, reflejan con sus inquietudes algo de los ímpetus románticos que animaban a los protagonistas y heroínas de la Nueva Ola francesa. Una curiosa exploración de la frontera siempre imprecisa entre las ficciones fílmicas y la ilusión sentimental.

De modo más lúdico aún y con un espíritu libertario cargado de fantasía, la cinta estadunidense Tonel de amor (Barrel of love, 2012), de Oleg Dubson, refiere las desventuras del joven Misha (el propio Dubson) empeñado en negar y diferir en lo posible la ruptura amorosa que le tiene preparada su novia Hanna, evento para el cual lo ha citado en el fotogénico y muy emblemático parque recreativo de Coney Island. Con un toque, tributo posible, del fotógrafo estadunidense Elliott Erwitt, la cámara de Benjamin Kasulke captura las atmósferas de desolación urbana y lirismo melancólico que son el contrapunto ideal para una estratagema de recuperación amorosa, humorística y festiva, en la que participa como figura providencial un menesteroso anciano experto en las artes del reacomodo afectivo. Una de las mejores sorpresas de un festival que cada año refrenda su vigorosa apuesta por un cine independiente. Sedes y horarios: www.distrital.mx

Twitter: @CarlosBonfil1