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Ser llamado traidor por Cheney, un honor: Snowden en chat con lectores de The Guardian

Espionaje pasa factura a Obama; a la baja, su índice de aprobación

La mitad de estadunidenses no cree que el presidente sea honesto y confiable, según sondeo

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En una calle de Hong Kong, cartel en solidaridad con Edward Snowden, quien filtró información clasificada de las agencias de inteligencia estadunidensesFoto Xinhua
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El ex vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, en una entrevista para Fox News el fin de semanaFoto Ap
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 18 de junio de 2013, p. 21

Nueva York, 17 de junio.

La controversia sobre los masivos programas secretos de espionaje revelados la semana pasada empiezan a tener un costo político para la Casa Blanca, a pesar de una intensa campaña para aclarar las dimensiones y defender el equilibrio logrado entre derechos a la privacidad y la seguridad nacional.

Aunque las encuestas ofrecen un abanico de opinión dividido sobre los programas secretos de vigilancia de comunicaciones telefónicas y cibernéticas de millones de ciudadanos y extranjeros, las revelaciones, con otras controversias recientes, han minado el apoyo y la confianza en el presidente, sobre todo en uno de sus sectores más fieles y activos, los jóvenes. En sólo un mes, según encuesta de CNN, el índice de aprobación de Barack Obama bajó 8 puntos, para ubicarse en 45 por ciento. Pero entre los menores de 30 años se desplomó 17 puntos en el mismo periodo. Por primera vez en su presidencia, la mitad de los estadunidenses no cree que Obama sea honesto y confiable.

El gobierno de Obama impulsó una intensa campaña de defensa de los programas de vigilancia en los últimos días. Altos funcionarios de la Casa Blanca y del aparato de inteligencia han asegurado que estos programas han sido claves para evitar o detener decenas de complots y atentados terroristas, y han permitido que las gigantescas empresas de Internet y de telefonía divulguen el número de veces (miles para comunicaciones cibernéticas; 300 para teléfonos) que se les solicitó el acceso a la información de sus usuarios, todo esto con la intención de revertir la impresión de que el gobierno está escuchando y revisando las comunicaciones de millones.

A la vez, la cúpula legislativa de ambos partidos y otras figuras políticas siguen considerando traición la filtración de Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional. Tal vez el más irónico fue el ex vicepresidente Dick Cheney, quizá la figura que más mintió en el gobierno de George W. Bush, quien no sólo calificó de traidor al informante, sino insistió en que estos programas –iniciativas de vigilancia masiva que se impulsaron cuando él estaba en el gobierno– no violan la privacidad de los ciudadanos y que la gente simplemente tiene que confiar en el gobierno. Más aún, sugirió que Snowden podría ser un espía chino.

Sin embargo, la Casa Blanca y la cúpula legislativa no han logrado apaciguar a los críticos, y las dudas crecen cada día más. En tanto, se prometen nuevas revelaciones del material secreto filtrado por Snowden a The Guardian y el Washington Post.

Este lunes Snowden respondió personalmente a las dudas y acusaciones en un chat con lectores de The Guardian, donde reiteró que los programas sí tienen la capacidad de obtener todo el contenido de, por ejemplo, correos electrónicos, y que los supuestos filtros y límites al acceso de información privada son ambiguos y manipulables. Dijo que había previsto las acusaciones en su contra, ya que funcionarios estadunidenses dicen eso cada vez que hay una discusión pública que pudiera limitar su autoridad. Por lo tanto, subrayó, la posibilidad de un juicio imparcial en Estados Unidos para él ha sido anulada, puesto que ya lo condenaron las más altas esferas del gobierno.

A la vez, refutó tajante las acusaciones de que colabora con las autoridades chinas, con las cuales, asegura, no ha tenido ningún contacto, y señaló que eso tiene la intención de distraer del tema de la mala conducta del gobierno de Estados Unidos.

Snowden reiteró que su decisión de filtrar esta documentación fue impulsada por el constante desfile de mentiras oficiales, y acusó en particular a James Clapper, director de Inteligencia Nacional, de mentir abiertamente a la sociedad sin repercusiones; también citó su desilusión con Obama cuando éste no reformó prácticas de vigilancia masiva y cerró la puerta a investigar violaciones a la ley, profundizó y amplió varios programas abusivos, como la agresiva persecución de funcionarios que filtraron información para revelar abusos y posibles violaciones de las leyes, entre ellos Bradley Manning, quien enfrenta un consejo de guerra (ver sitio de Wikileaks en La Jornada).

Snowden advirtió que personas de conciencia no serán intimidadas para revelar más información de este tipo en el futuro. Lo que puedo decir por ahora es que el gobierno de Estados Unidos no podrá encubrir esto, aun cuando me encarcele o me asesine. La verdad viene y no se puede detener.

En cuanto Cheney, que lo acusa de traidor, Snowden recordó que éste fue el hombre que impulsó un programa secreto de intervención de comunicaciones sin autorización judicial, mientras engañó para lanzar una guerra que ha costado más de 4 mil 400 vidas estadunidenses, más de 32 mil heridos y más de 100 mil iraquíes muertos. Ser llamado traidor por Dick Cheney es el más alto honor que le puedes dar a un estadunidense, afirmó. (Ver chat).

Pero parte de la desilusión que ahora expresan algunos sectores de la sociedad tiene que ver precisamente con la continuidad de varias políticas de la época de Bush y Cheney, sobre todo en seguridad nacional, las justificación de programas secretos y las condenas de traición y ayudar al enemigo que se aplican a cualquiera que se atreva a filtrar información clasificada. Recientemente Michael Hayden, director de la NSA en el gobierno de Bush, comentó que había una continuidad increíble entre los dos presidentes.

La semana pasada, Maureen Dowd, influyente columnista del New York Times, recordó que en 2007 el entonces candidato presidencial, Obama, afirmó que no encabezaría un gobierno “Bush-Cheney lite”, y escribe que el presidente no tiene de qué preocuparse. “Con prisioneros en huelga de hambre a los que se les niega un proceso legal en Guantánamo, con la CIA no siempre enterada de quién está matando con drones, con un forma exageradamente agresiva de enfrentar filtraciones, y con el creciente negocio secreto de espionaje doméstico del gobierno, (todo esto) no tiene nada de lite”.

Para un analista que intenta explicar la reducción del índice de aprobación de los jóvenes hacia Obama, la razón es sencilla: los jóvenes no pueden confiar en un gobierno que los espía.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks