Opinión
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Extraña decisión del tribunal de La Haya
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xiste una sombra de duda en el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya. Hay muchas preguntas sobre la razón por la cual los jueces, al menos en público, han exigido que se juzgue en Europa a Saif el-Islam Kadafi, hijo del difunto Muammar, pero han aceptado que el despiadado jefe de seguridad del dictador, Abdalá Senussi, sea procesado en la caótica Libia, acosada por las milicias.

¿Será porque la corte no quería molestar a las anárquicas autoridades libias insistiendo en que se juzgara a ambos hombres en La Haya? ¿O habrá un propósito más siniestro: evitar que Senussi revele detalles en La Haya acerca de su íntima relación con los servicios de seguridad occidentales cuando manejaba las relaciones entre Kadafi, la CIA y el MI6?

Ben Emmerson, quien es el abogado de Senussi en Gran Bretaña –y, por casualidad, el relator especial de la ONU en contraterrorismo y derechos humanos–, ha descrito como perturbadora e inexplicable la decisión del tribunal, emitida este mes, de no juzgar a Senussi en La Haya, puesto que existe abrumadora evidencia de que el sistema libio de justicia está en colapso total y es incapaz de realizar procesos justos.

Si bien no hizo presunciones acerca de las razones de esta decisión en la audiencia preliminar, Emerson declaró a The Independent que cuando los abogados de Senussi demandaron saber si operativos del MI6 lo habían interrogado durante su estancia en Mauritania –antes de su ilegal rendición a Libia–, el secretario del exterior William Hague rehusó responder. Senussi fue deportado a Libia, según varios parlamentarios libios, luego que los mauritanos recibieron un soborno de 200 millones de dólares, cuando ese Estado debió entregarlo al tribunal de La Haya. Y en todo el tiempo que Senussi ha estado cautivo en Trípoli, Emmerson y los otros abogados del acusado no han recibido permiso de verlo.

La hija de Senussi, Anoud, de 20 años, ha descrito a The Independent cómo vio a su padre en prisión en Libia, con huellas de golpes en los ojos y la nariz, muy débil y con menos de 35 kilos de peso. Luego de llegar a Libia, a finales de 2012, Anoud fue encarcelada bajo cargos de usar un pasaporte falso, pero, luego de ser liberada, fue secuestrada en camino al aeropuerto, por su propia seguridad, por hombres armados. La soltaron ilesa una semana después, y dijo no estar segura de quiénes fueron sus captores, aunque hubo versiones de que se trató de policías libios que la arrebataron a otros agentes de seguridad.

Cuando vi a mi padre, no me permitieron estar sola con él ni pude hablarle fuera del alcance de los guardias, comentó. Lo amenazaron con lastimarlo si hablaba del trato recibido. No habrá cárcel segura para mi padre en Libia con el gobierno actual, el cual es impotente para hacer cualquier cosa. Anoud vive actualmente en El Cairo.

Nadie duda que Senussi es un hombre que guarda muchos secretos, ni de su fama de haber sido uno de los verdugos más fieros y leales de Muammar Kadafi. Se busca procesarlo por crímenes de lesa humanidad, y no hay duda de que la tortura de exiliados libios –quienes se rindieron a Libia con ayuda del MI6 y otros agentes de seguridad occidentales, luego del pacto en el desierto de Tony Blair con Kadafi– quedó a su cargo. Senussi era, de hecho, el receptor de las rendiciones y de la información relativa a exiliados libios que Occidente entregaba a Kadafi.

Activistas de derechos humanos consideran a Senussi el encargado de la caja negra de la relación secreta entre el MI6, la CIA y el régimen de seguridad de Kadafi. Y mientras más tiempo permanezca preso e incomunicado en Libia, sin poder reunirse con sus abogados internacionales ni hablar con libertad ni siquiera a su hija, así como susceptible de ser sometido a un juicio fraudulento en Libia –suponiendo que en verdad se lleve a cabo–, los secretos del MI6 y de la CIA probablemente sigan seguros. Un proceso abierto en La Haya podría revelar por completo la escandalosa relación entre los esbirros de Kadafi y las agencias de inteligencia británicas y estadunidenses.

Ben Emmerson está escandalizado por el predicamento de Senussi: Todos los investigadores internacionales han encontrado evidencia de tortura sistemática, secuestros e incluso asesinatos dentro de las cárceles libias, y el propio primer ministro libio fue rehén de milicias armadas, declaró el abogado en El Cairo luego de reunirse con Anoud, a principios de este mes. Hasta el ministro libio del exterior señaló, acerca de ese incidente, que en ausencia de un sistema de justicia funcional, fuerte y humano en Libia, estas cosas pueden ocurrir en cualquier momento. El primer ministro confesó que Libia no es un Estado fallido: el Estado de Libia aún no existe.

Emmerson advirtió que una fotografía de Senussi tomada en su más reciente comparecencia ante el tribunal libio, el 3 de octubre –ocho días antes de que el TPI rehusó procesarlo en La Haya– mostró que ha perdido peso en forma significativa y el rostro parecía amoratado.

Había estado detenido 14 meses en Libia sin acceso a un abogado, pese a sus repetidas peticiones en ese sentido.

Bajo cualquier norma, es una violación perturbadora y absolutamente inaceptable del debido proceso, afirmó Emmerson. Nosotros, el equipo de defensa de la CPI, hemos sido impedidos por las autoridades libias de tener cualquier contacto con Senussi. Es asombroso que Libia simplemente se haya negado a permitirnos, como sus defensores que somos, consultar con nuestro cliente de alguna manera.

La CPI ha decretado que Libia no está en aptitud de juzgar a Saif Kadafi, dijo Emmerson. Se debe aplicar la misma norma a Senussi, quien está acusado en el mismo juicio que Said Kadafi en Libia.

Grupos de derechos humanos sospechan que el TPI, ansioso de mantener su prestigio luego de las críticas de estados africanos de que se concentra sólo en acusados de África, teme también que si apela al Consejo de Seguridad de la ONU –del cual Estados Unidos es miembro con derecho a voto- para que el juicio de Senussi se lleve a cabo en La Haya, la petición sea denegada.

Emmerson y sus colegas han presentado una apelación en La Haya para impedir que continúe el procedimiento en Libia.

Muchos en Libia creen que Senussi fue responsable de la masacre de más de mil prisioneros en la prisión de Abú Salim, en 1996, y ha sido condenado en ausencia en Francia por su presunto papel en el ataque con bomba a un avión comercial francés, en el cual perecieron 170 personas.

Senussi se casó con la hermana de la esposa de Kadafi. Durante la insurrección de 2011, en la que el propio Kadafi murió a manos de los rebeldes, Senussi fue acusado por la muerte de opositores al régimen en Bengasi.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya