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Claves ecológicas de la (contra)reforma energética
L

a renta petrolera y los veneros del diablo

Sin afanes conceptuales o retóricos, trataremos de entender de manera simple el concepto de renta petrolera y cómo esta definición conlleva un lastre político e ideológico muy apreciado y ad hoc para economistas y políticos neoliberales. En pocas palabras, la falacia de la renta petrolera conlleva sacrificar el futuro en aras de un presente supuestamente promisorio, lleno de empleo, de ingresos, de abundancia de gas y gasolinas a bajo precio, etcétera, etcétera, según reza la propaganda oficial. La gran ilusión de dicha renta reside en que la riqueza proveniente de la explotación de hidrocarburos tiene un origen destructivo. Su bonanza, amén de temporal, es bastante engañosa pues se propicia un Estado con una economía petrolizada, improductiva y hasta parasitaria.

Calificar los ingresos por explotación y venta de hidrocarburos como renta petrolera constituye una falacia que encubre los costos o parte impago a la naturaleza. Dicha renta es el resultado de ignorar la pérdida del capital natural por el agotamiento del recurso natural y su no inversión o reposición posterior en fuentes de energía sustituta. El modelo de explotación petrolera y minera en general que se practica en México asume que los bienes y servicios que brinda la naturaleza y el subsuelo son gratuitos, que no tienen valor alguno, hasta que son extraídos y explotados. Los valores de herencia y de existencia para que exista disponibilidad también para las futuras generaciones no son tomados en consideración. Tal enfoque ha propiciado el que cerca de 90 por ciento del ingreso o renta de Pemex se destine al pago de impuestos, así como al gasto corriente de la propia empresa. Ello ha contribuido al derroche improductivo, al ingreso y gasto público fácil, la corrupción y la ineficiencia, postergando durante décadas una necesaria reforma fiscal progresiva, anidando en cambio un sistema tributario ineficiente, evasivo y hasta generoso con el gran capital. Con la reforma aprobada a lo anterior se añadiría una mayor subordinación a capitales y empresas extranjeras, con la consecuente entrega de soberanía, soslayando la preocupación principal de no sobrexplotar el recurso, de cuidarlo y conservarlo en el largo plazo.

Pemex, además de ser una empresa muy rentable, es también de las más contaminantes. Junto con la CFE son responsables de cerca de 40 por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidas por fuentes fijas.

Debemos sembrar petróleo para que éste genere un ingreso económica y ecológicamente sostenible para ésta y las futuras generaciones. Una política energética y ambiental prudente debe buscar entre sus objetivos centrales la equidad intra e intergeneracional, así como la justicia distributiva. Es urgente entender que estamos ante un recurso escaso y agotable. ¡No se trata de crecer más, sino de crecer bien y distribuir mejor!

Ya desde la década de los treinta el periodista venezolano Uslar Pietri advertía, refiriéndose a su país, de la presencia de una economía que sacrifica el futuro por el presente: “(…) se hace angustiosa la noción de la gran parte de la economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza; es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstruir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras, la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro por el presente (…)” Más adelante describía una realidad que no es para nada ajena a la nuestra del siglo XXI, más lo que viene si se aprueba la (contra) reforma energética. Cito: La riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no solamente es limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional. Arturo Uslar Pietri, Sembrar el Petróleo Ahora, año 1, núm. 183, Caracas, Venezuela. Julio 14 de 1936). El autor recomendaba sembrar el petróleo, no devorarlo, para convertir la riqueza producida por el sistema destructivo; industrializar el campo, crear cooperativas e invertir también en crear riqueza agrícola reproductiva y progresiva. Vale decir, su cosecha de ninguna manera debería convertirse en una renta.

Pero antes, en 1921, en La Suave Patria el poeta zacatecano López Velarde, también hacía alusión de manera metafórica de cómo se podía devorar y desbastar el futuro:

“Patria: tu superficie es el maíz,

tus minas el palacio del Rey de Oros,

(…) El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo.”

*Posgrado de Economía de la UNAM